La presentación de la versión renovada del estatuto autonómico de Santa Cruz en el último cabildo, no es más que una nueva expresión de la exacerbación discursiva en que nos encontramos inmersos en las últimas semanas. Una reacción a la propuesta discursiva del Estado plurinacional social comunitario presentada por el MAS y las organizaciones del pacto de unidad que, traducida en la estructura de la Constitución, se convierte en una amenaza para quienes encuentran en esta declaración un riesgo para la unidad nacional, la vigencia del Estado de Derecho y la democracia representativa en el país, pero particularmente, una amenaza para la decisión de convertirse en regiones autonómicas después del referéndum vinculante. No otra cosa puede significar la propuesta cruceña de intentar controlar el poder regional, regular la migración interna, evocar la construcción de una ciudadanía “cruceña”, y un conjunto de atribuciones que le otorgan un poder prácticamente absoluto a las regiones sobre sus recursos.
Así, los constituyentes y los actores externos que circulan en torno a sus deliberaciones y decisiones, construyen un escenario de pulseta política que, desnaturalizando el verdadero sentido y trasfondo del debate sobre la reforma estatal, estimulan una polarización ideológica que termina amedrentando al otro y provocando su reacción inmediata, ayudados sin duda por algunos intelectuales o políticos que encuentran en esta disputa la razón de ser de la lucha de clases, de la colonialidad del poder y otras justificaciones posibles, o bien, el miedo al cambio, el resguardo de las fronteras claramente delimitadas en que el “otro” no es bienvenido.
Los discursos van y vienen agudizando las contradicciones y antagonismos que se asemejan una vez más, al conocido “chiken game” o juego de la gallina en que los protagonistas de la película Rebelde Sin Causa (James Dean y otros) corren a toda velocidad en sus vehículos hacia un acantilado demostrando que cada uno de ellos tenía más valor que el contrincante, arrojándose del coche lo más tarde posible y lo más cerca del precipicio. En esta lógica, el perdedor —el gallina— pierde el juego. La idea, de alguna manera, es forzar al otro a cooperar mostrándole que uno no está dispuesto a hacerlo, así mediante amenazas creíbles, vence el que tiene reputación de ser el más duro.
El foro entre el Gobierno y los empresarios cayó también en la misma lógica, en que se intenta, por todos los medios, argumentar la confrontación ya existente; entre quienes acusan al Gobierno de tener impulsos totalitarios y violatorios del Estado de Derecho y de ser fundamentalistas y quienes responden que estos sectores bebieron del beneficio estatal y que por ello ahora se sienten vulnerados en sus privilegios. En fin, la guerra cruzada apenas comienza, se produce por ahora en el campo político discursivo o haciendo demostraciones de fuerza ya sea en las calles, con el apoyo de encuestas o cualquier artilugio útil en estas circunstancias, esperemos que el uso de recursos tenga limitaciones.
Si pudiésemos darnos cuenta a tiempo de que el país lo que necesita es tender puentes, y encontrar acuerdos mínimos como única forma de lograr una Constitución que represente las expectativas de inclusión de todos los bolivianos y bolivianas.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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