Uno de los argumentos más usados por un sector de Chuquisaca que aboga por el “retorno” de la sede de gobierno a Sucre es que así se lograría un mayor equilibrio en Bolivia interponiendo el sur entre los poderes de occidente y oriente. Una idea bastante loca, dado que, en primer lugar, el debilitamiento de La Paz desequilibraría al país y, segundo, pero no por ello menos importante, la élite política de la Capital está rendida en cuerpo y alma al poder del oriente que le cobija, le apoya y, mucho me temo, hasta le financia. Para muestra un botón: los prefectos de la media luna han apoyado el pedido de traslado.
De manera que, vía debilitamiento de La Paz y fortalecimiento del polo del este, lo que se lograría es inclinar la balanza y ya sabemos quiénes pesarán más.
El otro mito es que “hay que regresar la sede a Sucre”. La verdad histórica es que en el siglo XIX mucho más tiempo estuvo la sede de gobierno en La Paz que en Sucre y la muestra es que aquí se construyó el primer Palacio de Gobierno a mediados de la centuria en que nació la Patria.
La verdad, no existen argumentos para trasladar la sede que no sean los económicos, y así debería decírselo. Chuquisaca no exporta casi nada si se quita el gas que se extrae de su Chaco, y a partir de que Santa Cruz construyó sus propias universidades, tampoco recibe una gran cantidad de estudiantes como ocurrió en buena parte del siglo pasado. Y como los chuquisaqueños no ven mayores perspectivas, quieren que los nueve millones de bolivianos desembolsemos 10 mil millones de dolaracos para que ellos puedan tener mejores perspectivas económicas.
Pero claro, Bolivia no puede darse el lujo de construir una sola ciudad en desmedro del resto del país. Lo saben muy bien los chuquisaqueños que están más que dispuestos a transar en que el Ejecutivo se quede en La Paz y el Legislativo vaya allá, pero sobre todo lo saben los de la media luna que utilizan el tema de la sede como una carta de negociación. Una especie de Joker para el momento de la presión, para el momento en que se trate el tema de las autonomías, etc.
Como acertadamente señala el analista César Rojas, después del tsunami electoral de la victoria de Evo, la pelea fue por los departamentos del centro. La media luna apostó a ser cinco en vez de cuatro. Fracasado su intento en Cochabamba (que costó la vida a tres bolivianos), se usó el sentimiento de postergación de la señorial Sucre para intentar arrebatar el departamento al MAS.
En los próximos días presenciaremos movilizaciones de un lado y de otro. Habrá cabildos y marchas. Pero al final del día todo quedará igual que en el siglo XX. Recuerde usted todo lo que se habló en torno a los símbolos patrios. Finalmente habrá una sola bandera nacional y todos tendrán derecho a tener otras banderas, como la hermosa wiphala, pero de menor rango que la rojo, amarillo y verde. Como debe ser.
Sin embargo, de todo esto puede salir algo muy importante para las regiones: la unidad de los hermanos chuquisaqueños puede servir para que busquen otras vías de desarrollo y los paceños dejarán de ser un león dormido y, además de pensar en toda Bolivia (como históricamente lo han hecho), pensarán también en este departamento tan generoso y tan necesitado de que digamos “La Paz, yo creo en ti”.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
Paja en modo subjuntivo
Como diría Daddy Yankee, el reggaetonero, “lo que pasó, pasó”; strictu sensu, un pleonasmo, lo que no quita que lo ocurrido ya forma parte de la historia aunque ésta podría haber sido distinta de no haber sucedido las cosas tal como sucedieron.
Por la presión o la fuerza
No son pocas las críticas en torno al proyecto de estatuto autonomista del Comité Cívico cruceño. Una “ciudadanía departamental” o una “regulación de la migración” al interior de un mismo país forman parte de una extravagancia por decir lo menos
Un picaflor en jaula de sofismas
Me acordé de la triste inutilidad de una canoa en el Pilcomayo, que antes transportaba gentes de un lado a otro del río, ya que próximo se erguía, imponente, el puente que la petrolera hispano-argentina Repsol YPF había construido en el camino al campo Margarita
La pura prórroga de la Constituyente no basta
La actitud analítica más equilibrada que se pueda concebir, llegaría probablemente a la misma conclusión que guía en estos momentos la conducta de los diferentes actores sociales y políticos de oposición.