Bolivia: ¿nuevo patrón de acumulación? Así titulaba un documento que en la década del setenta escribió Carlos Toranzo. Sin duda, un clásico de la literatura económica que alimentaba el debate económico y político entre los exiliados que vivían en México durante los años de la dictadura de Banzer.
Toranzo, con metodología marxista y mucha creatividad, demostraba que a pesar de los ingentes ingresos que recibió Bolivia por exportación de materias primas —petróleo y estaño— y mayor deuda externa; el patrón de acumulación, modelo o estilo de desarrollo nacional, no cambió.
Años más tarde, a pesar de la propaganda oficialista e incluso después de la caída del dictador boliviano, la historia le dio la razón a Toranzo; Bolivia no cambió, hoy sigue siendo primario exportadora.
En esos días de profunda reflexión sobre lo que sucedía en América Latina, un gran economista chileno, me refiero a José Carlos Valenzuela, siendo de izquierda y contra viento y marea, demostraba, también con metodología marxista y mucha lucidez, que Pinochet estaba creando las bases de una nueva economía.
Años mas tarde, a pesar de la propaganda izquierdista e incluso después de la caída del dictador chileno, la historia le dio la razón a Valenzuela; Chile cambió, hoy es una economía industrializada y exportadora.
Así es el marxismo, ayuda a comprender las leyes básicas de cada economía, permite captar el sentido de la historia económica de un país.
Así es la economía, más allá del color, raza, nacionalidad en fin, más allá de los discursos, cambia sólo si quienes gobiernan deciden cambiar y hacen las políticas públicas adecuadas. Pinochet hizo las cosas mucho mejor que Banzer.
En Bolivia hay un club de gobernantes, que a falta de otro nombre, los llamaremos el “club de los primario exportadores”. Sus más destacados representantes son Ovando, Banzer, Siles y Sánchez de Lozada; no importa el color, raza o religión, son primario exportadores.
Hoy, Bolivia está ante una situación parecida a la década del sesenta. Ingresan grandes cantidades de dinero por los altos precios de las exportaciones de materias primas —minerales, soya y gas—; remesas que nuestros compatriotas envían del exterior; parte de los excedentes del narcotráfico; aportes directos y otros oficiales que envía Hugo Chávez, en fin, mucho dinero está en manos, principalmente, de nuestros gobernantes.
Ahora Evo está en la vitrina, está en la disyuntiva de ser o no ser; cambiar o no cambiar; ser mejor que Banzer o ser más de lo mismo; ingresar al “club de los primario exportadores” o ser el partero de una nueva historia económica nacional, con mucha industria en el campo y las ciudades, poca pobreza y mucho bienestar para todos los bolivianos, poco odio y mucha unidad.
El Presidente indígena puede ser el gestor de una nueva economía boliviana, ni más ni menos. Dinero hay, sólo necesita liberarse de las cadenas; sí, liberarse de los prejuicios del pasado y de las ideas muertas.
*Hernán Paredes M. es economista; concejal municipal por Unidad Nacional en La Paz.
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