La contundencia del Cabildo paceño Ayer, La Paz marcó historia, como siempre. Esa historia de movilización social, con la diferencia que esta vez hubo fuertes dosis de civismo regional que no podría ser interpretado como regionalismo. Que la demanda es política, por supuesto.
Bajo la consigna de "la sede no se mueve" y el objetivo de dar un mensaje de unidad al país, las organizaciones paceñas se habían propuesto el reto de lograr una convocatoria masiva a un cabildo de consulta ciudadana. Así fue y batiendo datos históricos nacionales, La Paz concentró a una impresionante masa de personas que probablemente sea, a partir de la fecha, la demostración cívica más grande que haya existido en Bolivia.
Un hecho histórico, una demanda regional y una manifestación democrática de magnitudes no antes reflejada en la retina de los bolivianos se juntaron en el Cabildo paceño en el que el pueblo, representado por miles de organizaciones civiles, instituciones, empresas, y demás, se pronunció en defensa del mantenimiento de la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo en la ciudad de La Paz, tema polémico y, además, complejo que ha sido puesto a consideración del debate de la Asamblea Constituyente a propuesta de varias entidades civiles de Chuquisaca que reclaman la capitalidad plena para Sucre.
El suceso acontecido en la conjunción de las ciudades de El Alto y La Paz, ayer, fue en verdad un hito. Más allá de las cifras o de las cantidades que suman, restan o multiplican, la movilización fue contundente y es irrebatible. Cuando a esta región se le achacaba su incapacidad de movilizarse por asuntos exclusivamente de incumbencia propia, hoy, tras años de inercia regional, aparece como la figura del león que despierta.
Unos creen que al paceño le han tocado el más sensible de los temas: su vigencia como sede política del país y, en consecuencia, guardián del poder. Otros, en cambio, apuntan a que era necesario tocar aquella hebra para sacudir del letargo a una región. Las opiniones son dispersas, pero muchos coincidirán que después de varios lustros, La Paz se unió bajo un solo objetivo.
Si éste es político o no, viable o no, es otro asunto. Si valió la pena o no, se verá en adelante. Si correspondía ingresar en estas arenas, es otra cosa. El análisis vendrá en más, cuando se compruebe, seguramente, si los objetivos del Cabildo, ratificar la sede de gobierno y defender la unidad del país, se imponen o por el contrario producen el efecto opuesto… ampliar las brechas, regionalizar la política, profundizar las diferencias, ahondar las divisiones.
Ayer, La Paz marcó historia, como siempre. Esa historia de movilización social, con la diferencia que esta vez hubo fuertes dosis de civismo regional que no podría ser interpretado como regionalismo. Que la demanda es política, por supuesto. Y de eso también tuvo el Cabildo paceño, sólo bastó escuchar y ver las afinidades políticas de los oradores. Pero al margen del inevitable carácter político, es de resaltar el logro de La Paz.
Qué viene en adelante, cómo se plantea el panorama nacional a partir de lo vivido en La Paz, sólo los hechos sucesivos dirán. Anticipar cómo vendrán éstos es entrar en terrenos inciertos y especulativos.
Lo que sí queda, sin duda, es la contundencia de la movilización, la resolución ciudadana con la aprobación de una Proclama que pone plazos a la Asamblea Constituyente y las evidentes reacciones —legítimas todas, por cierto— de quienes se sienten aludidos con esta manifestación.