Un teatro como el Gran Mariscal de Sucre se constituye en el escenario más apropiado para la ópera bufa que allí se desarrolla mientras los cotidianos tumultos gobiernan las regiones y el país con el despotismo de la turba.
El MAS, los municipios, la mayoría de los grupos de interés corporativos, desde las universidades privadas y públicas, hasta los campesinos, pasando por la policía, los indígenas genuinos y los disfrazados, ya han conminado a los miembros de la asamblea ´originaria, plenipotenciaria y refundacional´ a seguir sus instrucciones. Si hasta ahora los presidiarios no le han dictado su voluntad a los constituyentes sólo es por su incapacidad de desplazarse, pero no sería de extrañarse que ello ocurra.
Paseando por todo el país inútilmente, despilfarrando los recursos públicos, acudiendo a tretas burdas como disfrazar las minorías en mayorías, intentando confundir mayoría absoluta con dos tercios, los constituyentes, con escasas y heroicas excepciones, no han tenido ni siquiera la dignidad de denunciar la absurda situación en la que se encuentran, sometidos a las presiones más descontroladas, habilitados para parcelar al país en 36 seudo naciones en base a criterios raciales, y proponer reelecciones indefinidas, pero prohibidos de siquiera hablar de lo que los oclócratas como García Linera no quieren que hablen.
Nadie contrapone argumentos, sólo se compite en tropelías y presiones. Lo que correspondería si es que les queda aún algún respeto por la nación y compasión por su futuro, es admitir el fracaso de esta parodia y presentar sus dimisiones.
Los verdaderos intereses del país han pasado al quinto plano en una disipación de demagogia que, apelando a las emociones y a los instintos, configura un retroceso de la democracia y las libertades. Desde Polibio y Aristóteles hasta Rousseau pasando por Mackintosh muchos pensadores advirtieron del grave peligro para la democracia que es la degeneración en oclocracia cuando ´la voluntad general cede ante las voluntades particulares, por ejemplo, por artimañas de asociaciones parciales´.
La situación que vivimos parece un caso de texto para ilustrar este peculiar sistema político, presumiblemente el más lamentable, el nivel último de degeneración de la autoridad. Si la oligarquía es el gobierno de unos pocos, la oclocracia es la dictadura del tropel, el reino de la horda. Ninguna de las dos es el gobierno del pueblo.
*Luis Eduardo Siles es diplomado del Instituto de Estudios Políticos de Burdeos. Ex diputado nacional por el MNR.
Wolf y la historia de un plagio
¿Por qué se plagia? Para pasar por quien no se es. En algunos casos, este acto de transformación tiene motivaciones pecuniarias
El meollo
Durante todo el proceso constituyente fui un convencido de que al final del día se iban a imponer los propósitos de reconstitución del pacto social a las naturales intemperancias y antagonismos con que iniciamos el camino.