Todos saben que el tema capitalidad no estaba en discusión en ninguna de las agendas ni de los movimientos sociales del 17 de octubre de 2003 ni de los movimientos autonómicos del 22 de junio de 2004 propugnado por Santa Cruz. Y en términos políticos en el 2005 ganó electoralmente la propuesta de la agenda de octubre que apostaba por la nacionalización de los recursos naturales y la Asamblea Constituyente.
Por eso el pueblo esperaba que en la Asamblea Constituyente se discuta y se dé solución a problemas estructurales e históricos del país. Los indígenas que viven en áreas urbanas y rurales le dieron el voto a Evo Morales, ya que ideológicamente significaba depositar la esperanza de esa búsqueda por siglos: la igualdad de oportunidades y dar fin a todo tipo de exclusiones basadas en criterios étnicos. Pero también porque su concepción del mundo (conocimientos, saberes y tecnología) sea equiparada con la concepción que vino de Europa u Occidente. Pensaban que verdaderamente desde la Asamblea podía darse un giro descolonial, no sospecharon que se incrustaría la izquierda tradicional para apropiarse del proyecto y echar por la borda la política de descolonización.
Los indígenas creyeron que en la nueva Constitución se iban a reconocer sus formas de producción comunitaria donde el Estado no sólo privilegie la forma de producción privada o capitalista, sino también tengan el mismo tratamiento con las empresas comunales constituidas o por constituirse, tanto en las ciudades como en el área rural. En ese sentido, tenían sueños depositados de que alguna vez las sociedades indígenas participarían en la definición de los recursos naturales. Por otro lado, pensaron que por primera vez la nueva Carta Magna reconocería a sus representantes a nivel nacional, departamental y municipal elegidos tradicionalmente conforme a sus prácticas y no necesariamente mediante los partidos políticos.
Soñaron también que su idioma, religión y todo el sistema cultural serían ahora puestos como prácticas a nivel nacional y oficial y no sólo válido para sí mismas o sólo para el indígena, sino que sean para indígenas y no indígenas y para que así realmente se construya un Estado plurinacional.
Para no discutir estos temas de profunda transformación, ciertos grupos de poder pusieron la discusión de la capitalidad, a sabiendas que es un asunto muy delicado y que históricamente se han construido imaginarios e identidades regionales, e intereses económicos y políticos. El objetivo de los que han planteado este tema no es el de hacer justicia para Sucre, sino desviar el debate para que los constituyentes discutan los temas económicos políticos y sociales que sólo benefician a un puñado de personas. Estas personas nunca han pensado en el país y mucho menos en su población, sino que al indígena sólo lo valoran como una fuerza de trabajo servil y mucho mejor si son, inclusive, fieles y leales admiradores de ellos.
Por eso, enfrentarse entre dos departamentos no tendría ningún sentido, es lo mismo que ocurrió en la guerra federal de 1899, donde disputaban las dos oligarquías criollas y frente al levantamiento de los indígenas a la cabeza de Willka lo único que hicieron es unirse para sofocarlos y seguir sometiéndolos a la servidumbre.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
Los cabildos
Desde hace un tiempo que se ha instaurado “de facto” una instancia de deliberación bajo el denominativo de cabildo. Ahí tenemos el cabildo del millón, el cabildo del millón y medio, el cabildo autonómico, el cabildo de la capitalidad plena
¿Y si fuera verdad?
¿Qué pasaría si fuera verdad que la subida de los precios de ciertos alimentos en el mundo fuera la consecuencia de una nueva tendencia energética que parece irreversible por los próximos 30 a 50 años