Los desfiles, sobre todo esos con escuadra y con filas bien formadas, son el ejercicio público de la estupidez, ¿se da usted cuenta amigo lector?, perder el tiempo ensayando para caminar al mismo ritmo que el resto, entrenar para levantar la pata lo más alto posible y al mismo tiempo que los compañeros de fila. Pues bien, cualquier desfile es sospechoso, y es que como lo escribió en una de sus fisuras, Roberto Barbery, cito de memoria, “los pueblos empiezan a pensar cuando dejan de desfilar”.
Las paradas militares fueron y son una demostración de fuerza, y en épocas modernas tuvieron dos períodos de apogeo, antes de la primera Guerra Mundial, cuando las potencias europeas desarrollaron esa desastrosa política de la paz armada, y luego con Hitler.
Las paradas militares fueron una suerte de amedrentamiento elegante para los potenciales enemigos y precisamente porque hacia enemigos externos no podemos hacer demostración de fuerza alguna, y en realidad no tenemos enemigos potenciales, es que las paradas bolivianas son más que patéticas.
Que el Gobierno haya decidido hacer la parada militar, incluida su milicia, o lo que se quiera llamar al tropel de campesinos con y sin Ponchos Rojos, precisamente en la ciudad donde se siente menos amado, es una señal que no puede dejar ninguna duda. Para don Evo Morales el enemigo principal está dentro de nuestras fronteras, y es preciso hacer una demostración de fuerza.
Si bien se puede entender el razonamiento del Gobierno, también se tendrá que entender el profundo resentimiento que pueden sentir los cruceños al respecto, sobre todo porque hay referentes históricos que pueden ser asociados con este tipo de comportamiento, y que causaron en su momento una terrible herida en el oriente del país, una herida que fue muy difícil de curar.
Si el Gobierno quisiera un acercamiento con Santa Cruz, lo último que debería hacer es precisamente lo que está planeando para el 7 de agosto, pero obviamente no le interesan ni acercamientos ni consensos, lo que está en marcha es un plan para crispar más la situación. Y los cambas pueden terminar pisando el palito, porque se los terminará tildando de intolerantes y racistas.
Eso sí, existe una posibilidad para que Santa Cruz le haga reventar la piñata a Evo a destiempo, si consideramos que esta es la primera vez que la tradicional parada militar del 7 de agosto se llevará a cabo en Santa Cruz, ¿qué tal desempolvar a los soldados caídos en la guerrilla de Ñancahuazú y rendirles el homenaje que por lo demás se merecen? A fin de cuentas, la aventura guevarista tuvo lugar en el departamento de Santa Cruz, y fue el Ejército boliviano el que la hizo papilla.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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