Jornada pacífica en Santa Cruz Las FFAA son quizá la única institución del Estado que consagra la unidad de la diversidad boliviana, pero a título de aquello no deberían embargar su condición de ser la garantía de la democracia plena.
El país ha sido testigo de un suceso singular en Santa Cruz de la Sierra, donde tuvo lugar por primera vez la parada militar nacional en honor a los 182 años de vida institucional de las Fuerzas Armadas de la Nación (FFAA). Y lejos de los temores que había infundado la determinación de incorporar a este característico acto castrense a los representantes de los 36 pueblos indígenas que habitan el territorio nacional, los acontecimientos se desarrollaron con serenidad y en un ambiente de convencionalismos.
Y ante una decisión política de las esferas gubernamentales, las autoridades de Santa Cruz, como su pueblo mismo, tomaron la opción inteligente de abrir los brazos, cobijar y ser hospitalarios con los miles de indígenas y campesinos que arribaron hasta la capital cruceña para participar del evento. Evitando, así, el temido choque. Los indígenas, por su parte, cumplieron a pie juntillas las instrucciones militares de cobijarse en un solo albergue, flamear sólo la bandera nacional y evitar ser sujetos o víctimas de cualquier confrontación. Habiéndose cumplido los respetos mutuos, nada de lamentar sucedió entre los protagonistas.
Un suceso distinto, de puro accidente, fueron las siete personas heridas producto de la avalancha que protagonizaron quienes intentaron burlar los cordones de seguridad del perímetro que rodea al aeropuerto El Trompillo, escenario de la parada.
Es innegable que el acto militar se vio enriquecido con la presencia de los indígenas, en su mayoría ataviados con sus mejores trajes típicos, pero no se acaba de comprender cuál fue el objetivo que se persiguió. O es que desde ahora se debe entender a las masas indígenas como parte activa de las FFAA o, simplemente, se deberá cambiar la denominación de parada "militar" por otra.
El acto fue una evidente demostración de la diversidad étnica de la nación y del proceso de integración e inclusión del que son objeto los indígenas en el proyecto que impulsa la actual administración, pero también de las bases sociales con las que cuenta el partido político en función de Gobierno, a las que se adhieren con sumisión las Fuerzas Armadas, constituyendo, al fin de cuentas, una especie de alianza sin excusa.
El presidente de la República, Evo Morales, que protagonizó la jura a la bandera de militares, no ahorró palabras de elogio para las FFAA, agradeciéndoles su participación activa en la ejecución de varias políticas de gobierno. Desde la nacionalización de los hidrocarburos con la toma de los pozos en el Chaco, la recuperación de la Empresa Metalúrgica de Vinto en Oruro y de las refinerías petroleras, hasta el hecho de haberse constituido en coadyuvantes esenciales de políticas como la entrega del Bono Juancito Pinto o el desarrollo del programa de alfabetización.
Por otra parte, el Gobierno ha posibilitado, con el fin de potenciar y modernizar las estructuras castrenses, el desarrollo de un amplio convenio de cooperación con el Gobierno de Venezuela que va desde la capacitación y el intercambio de experiencias hasta la dotación de recursos económicos, a contraparte de proyectos de las unidades militares, para su mejoramiento.
Las FFAA son quizá la única institución del Estado que consagra la unidad de la diversidad boliviana, pero a título de aquello no deberían embargar su condición de ser la garantía de la democracia plena, convirtiéndose en simples instrumentos del poder político o de un proceso de inclusión cultural en camino, que es parte de una política ideológica.