El eje troncal produce tres libros por día Tres libros por día salieron, en promedio, de las imprentas bolivianas el año pasado. Se produce porque se lee, afirman los editores que sobre todo se concentran en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.
Pequeña, modesta pero osada. Tal el perfil de la industria editorial en Bolivia, según la palabra de algunos de quienes dan batalla generando empleos —pocos, coinciden en aclarar—, pero ante todo posibilitando que las ideas circulen y se compartan a nivel nacional. ¿Nacional? Se hacen los esfuerzos, aunque el llamado eje central del país tiene el peso mayor como sede de muchas de las empresas editoras y como destinatario principal de la distribución de los libros.
Ernesto Martínez, presidente de la Cámara Boliviana del Libro que hace 12 años organiza la feria internacional en La Paz, identifica los dos ejes fuertes de la actividad editorial hoy en día: la sede de gobierno y Santa Cruz, a los que se suma Cochabamba. “En el resto del país hay bastantes ediciones independientes que, sin embargo, se hacen difíciles de rescatar” para darles una difusión nacional.
José Antonio Quiroga, cabeza de Plural Editores, sello radicado en La Paz, afirma que la industria es efectivamente “modesta en tamaño e impacto económico”, pero “ni aquí ni en ninguna parte del mundo” es una empresa rentable. Lectores no hay tantos como sería deseable, pero tampoco estamos lejos del promedio de países latinoamericanos, afirma. Lo que confirma Martínez al afirmar que “hace tiempo que hemos dejado de decir que se lee poco; se lee mucho, de lo contrario no se explicaría la oferta que, según el registro en el ISBN, se traduce en mil títulos el año pasado, es decir un promedio de tres por día”.
El tamaño se puede medir por la cantidad de editoriales y su producción. En el primer caso, no pasan de la decena de empresas, dice Quiroga que desearía que sean más, con el añadido de que hay gran desproporción entre ellas: “Plural edita entre 80 y 90 títulos al año y la siguiente empresa debe estar por la docena; hay editoriales que sacan dos libros anualmente”.
Plural tiene dos áreas de trabajo: literatura (novela, poesía, cuento y algo de teatro), y, la más grande, ciencias sociales y humanas (sociología, ciencia política, derecho, antropología, historia, economía). En general, la literatura logra tirajes de 500 ejemplares, especialmente en poesía, aunque llega a 1.000 en la novela, cifra esta última que es común en ciencias sociales.
Otra empresa muy activa es La Hoguera de Santa Cruz, con 18 años de experiencia. Su director de producción, Édgar Lora, cita “la calidad de la obra, la inversión en recursos humanos y equipos técnicos, el riesgo empresarial, el profesionalismo de gente especializada en el ramo, la planificación y proyección de las ediciones” para afirmar que “sí se puede decir que estamos viviendo una naciente y osada industria editorial boliviana”.
El grupo posee seis sellos; dos de textos escolares (La Hoguera y La Siembra) y cuatro de obras generales (La Hoguera en investigación, La Mancha en literatura para adultos, Puraletra en literatura para adolescentes y jóvenes, y Abrapalabra para niños).
“En obras literarias —informa Lora— hemos llegado a publicar hasta 1.000 ejemplares en una edición”, si bien “la mayoría de las veces se edita sólo 500, aunque luego muchos libros son reimpresos y alcanzan hasta tres ediciones”.
Igual cantidad de libros caracteriza a los lanzamientos de Gente Común, firma paceña con cuatro años en el mercado. Uno de sus propietarios, Marcelo Ramírez (el otro es Ariel Mustafá), explica que su especialidad son los textos de ficción (90%) y que se animan con el ensayo sólo en caso de coediciones. “Somos una empresa muy chica, de sólo tres personas”, que ya va por el título 50. “Menos de 500 ejemplares no es rentable y 1.000 es una excepción. Lo que sí, tuvimos la suerte de haber reeditado algunos libros”.
Contra esa previsión de GC respecto al ensayo, el presidente de la CBL afirma que lo que más se produce en Bolivia es este género de libros, “político, sociológico, antropológico”, si bien “en el último tiempo se observa un boom literario con mucho cuento, novela y hasta poesía”. Premios y ferias han tenido que ver en el repunte, sostiene.
Por supuesto, estas empresas tienen en el autor boliviano la fuente de su misión. Ramírez dice que Gente Común nació de la pasión como lector y de la experiencia de ver textos de buena calidad y la poca facilidad para acceder a las editoriales. “Al mismo tiempo vimos avidez en lectores dispuestos a leer libros pirata”. Así que tomaron la decisión de emprender la aventura “con el reto de precios accesibles”.
Martínez apunta al respecto que el libro boliviano no es caro. El promedio para literatura es de Bs 30 y 40, y para ensayo de Bs 50 y 60.
La dificultad que percibe esta firma que presentará 10 títulos en la feria es “salir del eje troncal de manera sostenida; algunos títulos trascendieron a Sucre y Tarija, pero al resto del país sólo ocasionalmente y por algún contacto personal. Hacen falta librerías que aseguren una distribución de manera regular”.
En medio de este diagnóstico más o menos coincidente surgen sorpresas, como la de Latina Editores de Oruro que se especializa en los libros técnicos escritos por autores nacionales, sin dejar de lado la literatura, y que tiene más de 300 títulos en su catálogo. “En el último tiempo lanzamos entre tres a cuatro nuevos por mes”, afirma Tania Canelas, parte de una empresa familiar que envía sus productos “a todo el país a través de vendedores viajeros” y que se ocupa de reeditar textos “permanentemente, pues las universidades los requieren y no queremos que el estudiante tenga que recurrir a las fotocopias”. Unos 20 empleados, entre fijos y eventuales, trabajan en esta firma que lanzará dos novedades en materia de derecho y de contabilidad.
Otro caso es el de Azul Editores que un grupo de amigos universitarios se animó a crear en La Paz con la intención de publicar textos de sociología, comunicación social y derecho. Su sede frente a la Universidad Mayor de San Andrés se fortalece. Una librería virtual será lanzada estos días y en dos meses la librería física desde donde se espera animar aún más la publicación pensada en los estudiantes.
José Antonio Quiroga hace notar que junto a las empresas del rubro hay ONG o instituciones que publican bastante. La Fundación Programa de Investigación Estratégica en Bolivia, Cedla, Cipca son algunos ejemplos.
La Universidad Católica Boliviana es otro caso. Casi todas sus carreras tienen publicaciones. Pero es una excepción, pues “el universitario es otro campo de la industria editorial no muy bien colocado en nuestro país —apunta el editor de Plural—, lo que expresa el estado de la universidad pública y de la educación superior en general”.
Y cómo se elige qué publicar o no. La Hoguera tiene un directorio, un comité y un reglamento editorial. Los originales son leídos de acuerdo al área y el género. “Las personas que conforman el comité son personalidades en el mundo de las letras y tienen una gran visión de futuro y una perspectiva muy amplia para considerar las obras que se nos presentan de manera que siempre están en estado de alerta para descubrir, promocionar y difundir nuevos talentos, nuevas generaciones”, expresa Lora.
Gente Común apela a los amigos para revisar los originales. Sus recomendaciones son evaluadas, se revisa la posibilidad comercial y “así se asume la aventura”.
En Plural se sigue la premisa de la bibliodiversidad y la calidad, de descubrir a tiempo y promover una obra sin la presión del best seller de millones de ejemplares. “Es la opción que nos permite sostenernos con modestia, pero con el orgullo de contribuir al conocimiento y a la difusión de autores bolivianos. Lo contrario, la tendencia internacional de fusión de editoriales con expectativas meramente comerciales, no hace sino provocar distorsiones dramáticas”.