La cremación de las mascotas, el detalle de moda Hace cuatro meses que la funeraria Valdivia reduce a cenizas al amigo leal. El servicio demanda $us 250.
“Entre mi hija Alejandra y su perro Dogui había una relación de cariño increíble”, cuenta Carolina Meier con voz compungida. “Un sábado, Alejandra tuvo que ir al colegio extraordinariamente, así que se despidió de su mascota y ésta la siguió a la calle sin que mi hija se diera cuenta. Un auto lo atropelló en la puerta de mi casa sin que nosotros lo supiéramos”.
Un vecino quiso ahorrar el dolor a la familia, así que no permitió que ésta viera al perro. Él se ocupó de limpiar la calle y de llevar el cuerpo del animalito “no sé dónde; mi desesperación por el sufrimiento de mi hija era tal que sólo pensaba en evitarle más pena”. Claro que la adolescente, una vez en casa, buscó a su perro y al saber del accidente no quiso entender que no había ni el cuerpo. “Quiero a mi perro, lloraba, voy a enterrarlo, no puede estar solo, dónde lo llevaron”. Esto pasó en septiembre del 2005 y aún ahora Alejandra reclama a su mamá por una actitud que considera imperdonable.
Historias como ésta debe haber miles. Tatiana Burgoa, una mujer de 36 años, vio cómo su mamá envió a un botabasura con el cuerpo inerte de su amada mascota. “Yo tenía siete años y no olvido cómo trataron a mi perro. Me da rabia y tristeza cada vez que pienso en eso”.
Adolfo Valdivia (hijo), director general de la funeraria Valdivia, dice que comprende muy bien ese dolor. “Tengo tres perros y son parte de mi familia”. Queriéndolos tanto, “el problema en La Paz es que no hay un lugar donde sepultar a las mascotas. Uno opta por acudir a un barrio no muy poblado para cavar y dejar allí a ese ser tan querido”. En el mejor de los casos, “se le entierra en la propia casa y, en el peor, se le tira a un río”.
Por eso, el proyecto de esta empresa que lleva 45 años en el mundo de lo funerario, es abrir un cementerio de mascotas. “En un corto plazo daremos noticias, tenemos este proyecto en estudio”.
Lo que sí hay desde hace cuatro meses es el servicio de cremación de mascotas. Un enorme letrero con la fotografía de un gatito promocionó la novedad en la Feria de La Paz (Fipaz). En el stand de la funeraria se exhibió el tipo de urna de madera que debe contener las cenizas de aquel animal que se habrá hecho querer tanto como para justificar el gasto de 250 dólares, que es el precio de la reducción a cenizas (en el caso de los humanos, el costo que incluye otros detalles es de 800 y 1.000 dólares).
Valdivia dice que en el corto tiempo que tiene la oferta en el mercado local, ya se han presentado demandas de familias “de clase media para arriba”. En general se trata de cremar “perros, pero hay alguno que otro gato”. En caso de que se presenten canarios, loros, conejos y otro tipo de mascotas, “no hay problema, se hace el servicio”.
El experto en este campo, que ostenta el título de embalsamador titulado en el San Francisco College of Mortuary Science (EEUU), cuenta que ha visto, en torno a las mascotas, escenas muy tristes, “gente que llora como si hubiese perdido a un hijo”.
El procedimiento es simple. “Nos indican dónde está la mascotita y la vamos a recoger (si bien hay familiares que nos traen ya el cuerpo). Nosotros la llevamos hasta el horno crematorio que está en El Alto, lo que suele hacerse por la tarde, y al día siguiente tenemos la urna especial con las cenizas”.
El modelo es único y, si lo piden “los familiares”, como los llama constantemente el experto, se coloca el nombre del animal.
Los dueños del fallecido colocan la caja en algún lugar del domicilio, “es pequeñita, no pesa sino medio kilito”.
Hay que decir que no todos los dueños de amadas mascotas están dispuestos a cremarlas. Beatriz Arduz, dueña de un coqueto york shire terrier, que en Bolivia llega a costar la friolera de 800 dólares, dice adorar al can; “pero no es para tanto, si se muere no voy a tener sus cenizas en la casa para prenderles una vela”.
Juan y Rodrigo Leyes, adolescentes que han adoptado a un conejo de castilla salvado de las fauces de unos perros callejeros, miman al roedor y afirman que sí quisieran tenerlo para siempre en su casa. Su abuela no está de acuerdo, “están locos estos chicos”, comenta y sonríe.
La idea que parece no haber funcionado en Bolivia es la del cementerio virtual. A fines del 2005, un administrador de empresas habilitó el sitio www.miserquerido.com, con planes a corto plazo para abrir un espacio paralelo para el “leal amigo”. Ni humanos y menos mascotas alimentaron ese sitio que ahora está abandonado. Al parecer, los paceños no aceptan ideas virtuales para algo concreto como la muerte.