Las pretensiones de los choferes Esta vez no hay río revuelto para pretender pescar beneficios. Los choferes son un sector privado que no paga impuestos en la medida de sus ingresos y no emite facturas, a excepción del transporte interdepartamental. Más ventajas no pueden tener...
Cada cierto tiempo, el gremio de los choferes se empeña en obtener ventajas más allá de toda racionalidad, amparado en el importante servicio que presta en el transporte urbano y en el de larga distancia. El pretexto que utiliza es el de cualquier pequeña variación de precios que se produzca en algunos productos.
Los choferes pierden de vista que en los últimos años están siendo beneficiados con la subvención estatal a los hidrocarburos de manera muy significativa, con lo que están al margen de los altos precios del petróleo, que en la actualidad incluso bordean los 80 dólares por barril en el mercado internacional.
Un subsidio de tal alcance permite que el transporte en el país sea privilegiado y que, por tanto, debería satisfacer a los choferes, porque les permite favorecerse con buenas ganancias, desde el momento en que no les falta pasajeros ni carga.
En una oportunidad anterior, igual que ahora, exigieron que se les autorice aplicar tarifas más altas por sus servicios, pero, al poco tiempo, por iniciativa propia, tuvieron que bajarlas e incluso ponerlas en remate, para no perder pasajeros.
A pesar de esa experiencia, que es muy ilustrativa de la forma en que reacciona el público cuando suben las tarifas del transporte, ahora este sector quiere aprovechar la confusión de algunas autoridades que han empezado en tratar de ceder ante las exigencias que les plantean los choferes.
La pretensión para subir los pasajes resulta ser toda una demasía, arguyendo que se ha elevado el costo de vida en el país. A cambio de no aplicar su medida, están exigiendo la subvención en los lubricantes, en las llantas y hasta en los repuestos, con lo que, en definitiva, están incurriendo en falta de toda ponderación y seriedad.
En este orden, la Superintendencia de Transportes ha sido muy clara y firme, al negarse a modificar una norma esencial, debido a que en tanto no se produzca la elevación en la paridad cambiaria nada justifica el estudiar un eventual ajuste de tarifas. Esto es que suba el costo del dólar, que es la moneda con la que se importan repuestos, llantas y otros componentes de los vehículos.
La realidad actual en el país, en cambio, es totalmente a la inversa. El dólar se está abaratando, para usar palabras sencillas. Por tanto, no se justifica que suba el costo del transporte en general. Más bien, lo que debería ocurrir es que baje. Empero, como nadie está pidiendo esto, los beneficiarios de lo que está sucediendo con la moneda son los choferes.
Sin incurrir en un despropósito, se puede decir con toda certeza y veracidad que los choferes integran un sector privilegiado de la actividad laboral en el país. La amenaza que han lanzado a la Superintendencia de Transportes, en sentido de que van a recurrir al Tribunal Constitucional para que dirima sobre la vigencia de una resolución administrativa que emitió el 2005, resulta ser absurda, pues la situación que confrontan al presente es mucho más favorable de la que tenían hace dos años.
Esta vez no hay río revuelto para pretender pescar beneficios. Se trata de un sector privado que no paga impuestos en la medida de sus ingresos y no emite facturas, a excepción del transporte interdepartamental. Más ventajas no puede tener. Este sector, en ese sentido, es un privilegiado en el país.