Solidaridad con Perú En circunstancias como la presente, donde la fatalidad cae de improviso, hay que ser absolutamente solidarios, con más motivos que otras naciones con mayores recursos. La solidaridad no está sólo en lo económico, sino en el sentimiento leal.
La costa del Pacífico Sur de Sudamérica —Perú y Chile principalmente— son víctimas permanentes de sismos, es decir, de temblores y terremotos —además de maremotos— que imprevistamente, con regular frecuencia, se presentan en la costa, provocando, a veces pánico, pero muchas veces daños de consideración.
Esto es lo que ha sucedido el miércoles por la noche en la hermana República del Perú, donde un movimiento telúrico produjo un terrible temor en Lima, cuando la gente tuvo que abandonar sus viviendas y salir a la calle para evitar los estragos que causan los derrumbes de las construcciones. Los datos, según AFP, señalan que el epicentro del terremoto se produjo en el mar "a 169 kilómetros al suroeste de Lima con una profundidad de 47 kilómetros".
Pero si bien es cierto que en la capital peruana el sismo se sintió con violencia y que hubo muertos y heridos, peor se sintió el temblor en Chinchas y Pisco, y con más fuerza en Ica, a 300 kilómetros al sur de Lima, que ha quedado en tinieblas y en el más grande desorden. Sumando las víctimas mortales en la capital y en las ciudades del sur peruano se contabilizan algo más de 300 muertos y más de 1.500 heridos.
Justamente, en un momento en que Perú vive un auge económico e industrial muy sólido, cuando sus exportaciones han crecido de forma inesperada y cuando el país está pactando acuerdos de intercambio comercial con Estados Unidos y otras naciones prósperas, ha venido esta catástrofe, que, si bien no será decisiva en el desarrollo peruano, se presenta inoportunamente, provocando perjuicios a la gente común y a quienes se esfuerzan por producir.
Hace poco, el escritor Mario Vargas Llosa anotaba, en su artículo habitual en La Razón, sobre la notable transformación de Ica —justamente uno de los poblados más afectados por el sismo—, que había llegado a la modernidad en la agro-exportación. Mencionaba el literato, refiriéndose a Ica, que, sin el agua necesaria, había progresado de manera impresionante en los regadíos, pozos construidos, y los buenos resultados en cítricos, uvas, espárragos, alcachofas, paltas y páprika, donde Perú habría pasado a ser el primer productor mundial. Decía, además, que Ica, era, probablemente, el único departamento de Perú que goza de pleno empleo, lo que en esta parte del continente es un verdadero logro.
Pero, lo cierto es que Perú está creciendo en torno a un 7 por ciento anual, con una inflación controlada, e inmerso en un proceso democrático innegable, que puede hacer del vecino un país que se encamine por las vías de un verdadero desarrollo sostenible, más allá de ofrecimientos incumplidos.
Bolivia es solidaria con el Perú en esta hora tan difícil, y, por lo que se conoce, el Gobierno Nacional está empeñado en ayudar con lo poco que tiene, buscando lo que sea de utilidad, para aliviar, en algo, el desamparo y el hambre en que han quedado los hermanos peruanos.
En circunstancias como la presente, donde la fatalidad cae de improviso, hay que ser absolutamente solidarios, con más motivos que otras naciones con mayores recursos. La solidaridad, finalmente, no está sólo en las posibilidades económicas, sino en el sentimiento leal.