Desgarrador rescate en el río Cajones El dolor y la desesperación de los familiares de Domingo, Dieter, Raúl y Peter fue terrible. El rescate duró al menos cuatro horas y fue muy complicado porque los cuerpos estaban en el río, al fondo de un precipicio de 120 metros.
El río Cajones (a media hora en vehículo de Caranavi) había escondido hasta ayer los cadáveres de Domingo, Dieter, Raúl y Peter. El grupo Bersa realizó un rescate complicado, mientras que el dolor y la desesperación de los familiares rompieron la calma que habitualmente reina en el lugar.
La madre de Dieter Luna parecía tranquila. Su mirada no se apartaba del lugar del accidente, pero a la vez sus ojos la llevaban hacia algún lugar, en el que seguramente se preguntaba muchas cosas. Su mirada cambió cuando se enteró que ya subían a su hijo. Comenzó a temblar, tenía sus manos todo el tiempo en sus mejillas, sus labios palpitaban totalmente secos. El olor a putrefacción no lo soportaba nadie, sin embargo, para ella eso no fue excusa para que se acerque a su hijo —quien yacía en el suelo— y le grite entre sollozos por su nombre: ´¡Dieter!´, como si quisiera despertarlo. Fue inútil.
Según las hipótesis de la Policía, el hecho pasó en cuestión de segundos. Un descuido al manejar, parece ser la causa fundamental del embarrancamiento que sufrieron los cuatro empleados de la ONG Uña Tatawi en el puente Los Cajones, media hora antes de llegar a Caranavi, quienes hasta el miércoles tenían 13 días de desaparecidos. Algunos familiares afirmaban en el lugar del accidente que el motorizado traía mala suerte. Ese motorizado se había volcado en dos ocasiones y había atropellado a un niño en una oportunidad.
Para colmo, la Policía informó que al menos dos de ellos, por la expresión de sus rostros y por las posiciones en que los encontraron, podían haber llegado al fondo con vida, pero habrían muerto ahogados sin poder salir.
La oficina donde trabajaban los cuatro se dedicaba a producir y comercializar plantas aromáticas. Así que Caranavi, Nor Yungas, era una zona rutinaria para el trabajo.
Enrique y Santos, comunarios de Caranavi, el miércoles descendían con sus neumáticos por el río Coroico haciendo deporte. A lo lejos percibieron algo parecido a una roca. Empero, mientras se acercaban más, divisaron un vehículo que estaba volcado. Al llegar, el olor era desagradable y confirmaron que dentro del automóvil había cadáveres. Fueron de inmediato a Caranavi y se comunicaron con radio Panamericana y la red Unitel para contar el hallazgo.
Más tarde, ´a las 13.00 un ayudante de camión se bajó para hacer sus necesidades arriba de donde estaba el vehículo y lo vio. En Caranavi, dio parte a la Policía´, contó el jefe de la División Trata y Tráfico de Personas de la FELCC, mayor Adolfo Cárdenas.
Los familiares más cercanos de las víctimas, muy consternados y con la incertidumbre plasmada en lágrimas y gritos, esperaban que Bersa suba a sus seres queridos.
A las 8.30 comenzó el trabajo de rescate, que duró cuatro horas. Alrededor de 15 efectivos, entre Bersa, SAR y FELCC, se organizaron para la labor.
Ya en el río, el equipo especializado tuvo que cortar con sierra el techo de la camioneta para sacar los cuerpos. Ese fue el momento más dificultoso del trabajo, porque tuvieron que manejarlos con cuidado para recogerlos íntegros y colocarlos en la camilla.
Los cuatro cadáveres, en estado de descomposición, ascendieron a la vía uno tras otro con ayuda de familiares y lugareños. Parte de su vestimenta la tenían rota y sus rostros eran irreconocibles. El drama que vivieron los familiares en ese momento fue desconsolador, en medio de la carretera y del bosque sólo se escuchaba llantos y gemidos de pesadumbre.
De pronto, una voz masculina alentó a todos a rezar por el descanso eterno de Domingo, Dieter, Peter y Raúl… ´Padre nuestro que estás en el cielo…´
Los cadáveres fueron conducidos a la morgue del Hospital de Clínicas, para la autopsia de ley, que confirmaría si bebieron.
Los rescatistas cumplieron
Tanto el grupo Bersa como el SAR, que se dedican al rescate y salvamento de personas, son dignos de admirar. El equipo con el que cuentan es deficiente, los artículos de salvamento son contados; sin embargo, el ímpetu y las ganas de ayudar sacan adelante sus objetivos.
En el rescate de ayer utilizaron todos los artículos a su alcance y obtuvieron la ayuda de varias personas para el ascenso de los cuerpos. Tal vez, si no hubiera habido nadie, el rescate no se habría realizado.
Según las palabras del capitán de Bomberos, Hernán Romero, el equipo con el que cuenta el grupo especial Bersa es muy limitado y su situación está muy por debajo de otros grupos en otros países. Romero contó que en varias oportunidades pidió ayuda al Gobierno Municipal para que les dote de buen equipo, pero no obtuvo buenos resultados. ´Se trabaja con lo poco que tenemos y si pedimos algo más no es por el equipo, sino para la gente y para los ciudadanos que sufren accidentes´, dijo.
Las historias de los cuatro
Era el gerente y líder de Uña Tatawi Domingo de Guzmán Huanca Calizaya (47) era el fundador y gerente de la Organización No Gubernamental Uña Tatawi, que operaba en la calle Cañada Strongest de La Paz, empresa que produce y comercializa plantas aromáticas. Tenía muchos proyectos en mente con la ONG como el producir más y llegar a exportar los productos. Sin embargo, la muerte lo sorprendió y dejó en orfandad a dos hijos, una mujer de 19 años y un niño de apenas 7. Según comentó su cuñado, que presenció el rescate, era un hombre sano y se dedicaba íntegramente al trabajo y a su familia, una persona innovadora y era el líder de la empresa, la cual tenía muy buen futuro a nivel nacional e internacional, de acuerdo a la proyección que tenían sus funcionarios.
Peter era el más mimado de su casa Mike, el hermano de Peter Illanes Escóbar (24), relató ayer que su hermano era el más mimado de su familia. De seis hijos, él era quien se esforzaba más por estudiar y salir adelante. En enero del próximo año se hubiera titulado de la carrera de Ingeniería. Según contó Mike, Peter era muy carismático y de buen corazón, estudió mucho y tenía pensados varios proyectos para sacar a su familia adelante, ya que es humilde. Una vez le dijo a su hermano ´con esto (el proyecto) vamos a surgir, vas a ver´. Se ganaba fácilmente el cariño de la gente, por eso que recibió toda la confianza. En el último contacto, indicó que iba a comer con los de su trabajo y regresaría pronto. Nunca volvió.
Raúl era un muchacho querendón El hermano mayor de Raúl Rubén Rodríguez Quisbert (26) se encontraba en el lugar del accidente, muy nervioso. Cuando la periodista preguntó si era familiar de alguien, él respondió: ´Mi hermano Raúl está ahí abajo´, sus ojos se le inundaron de lágrimas y no supo qué decir. Al continuar la conversación el hermano de Raúl sólo lo describió como un muchacho sano y muy querendón. Se supo también que trabajaba día a día en la ONG para ayudar a su familia en los gastos económicos. Él era técnico y ayudaba frecuentemente en la empresa en trabajos que necesitaban su destreza y habilidad. Su hermano pidió disculpas por no comentar más acerca de Raúl, pues se encontraba muy nervioso, se resistía a creer que realmente uno de sus seres queridos estaba muerto.
Dieter viajaba mucho a Caranavi Dieter Guillermo Luna (29) era el sobrino del gerente de Uña Tatawi, Domingo Huanca, quien por su capacidad e inteligencia lo convocó a trabajar en la empresa con el fin de sobresalir y generar rentabilidad. Su padre, quien habló con La Razón, comentó que su hijo era quien viajaba continuamente a Caranavi, 20 días trabajaba allá y sólo 10 llegaba a La Paz para realizar informes y rendir cuentas. El gerente le tenía mucha confianza porque realizaba un buen trabajo. Al igual que los demás, tenía muchos proyectos en mente, todos para salir adelante, quería seguir estudiando. Le gustaba viajar mucho. Vivía con sus padres a quienes les tenía un enorme cariño y les cooperaba económicamente. Sus hermanos lo respetaban porque era un ejemplo.