El hierro del Mutún reactiva la inversión en la frontera PROGRESO • Miles de familias comienzan a llegar a Puerto Suárez y Puerto Quijarro. Los precios de los lotes de terreno se disparan.
Apenas se ha firmado el contrato para la explotación del Mutún y todavía falta la homologación del Congreso de la República, pero el polo de desarrollo en el sudeste boliviano ya despierta el interés de inversionistas, comerciantes y público en general que visualizan una gran oportunidad en la frontera con Brasil.
De acuerdo a los datos del contrato firmado el 18 de julio entre la Empresa Siderúrgica Boliviana en representación del Estado y la compañía india Jindal Steel & Power Limited, la concesión del 50% del yacimiento de hierro del Mutún es por 40 años y prevé una inversión total de 2.100 millones de dólares.
En cuanto a los empleos, se prevé la generación entre cinco y diez mil, directos e indirectos, por lo que el pronóstico mínimo apunta a un movimiento promedio de tres mil familias sólo en los primeros tres años cuando se ejecute la fase de montaje.
El cerro del Mutún está ubicado en la provincia Germán Busch del departamento de Santa Cruz, justo en la intersección de la frontera con el Brasil, y son tres los municipios que lo conforman: Puerto Suárez, Puerto Quijarro y El Carmen Rivero Tórrez.
Según las autoridades edilicias del lugar, desde que se firmó el contrato con la Jindal, cerca de cinco mil familias han llegado a la frontera con el objetivo de establecer una actividad comercial, dadas las expectativas que genera el mayor proyecto económico de los últimos tiempos.
Sólo por citar un ejemplo del cambio y las expectativas en la provincia, los lotes de terreno que hasta hace dos meses no pasaban de los dos dólares el metro cuadrado, ahora llegan hasta los 12 dólares por metro cuadrado dependiendo de la cercanía a los campamentos que se instalarán cuando el Congreso dé luz verde a la inversión.
Según confiesan los alcaldes Romualdo Hurtado, de Puerto Suárez, y Aldo Clavijo, de Puerto Quijarro, la "invasión de gente, especialmente del occidente del país, ya los asusta por cuanto las precarias condiciones de salud, educación, servicios e infraestructura básica, no dará abasto para atenderlos. El Nuevo Día