La pasividad de los forestales Existe la constatación de que si bien los bosques y su riqueza son considerados recursos renovables, cualquier momento pueden pasar a ser no renovables por la explotación irracional, por el uso intensivo, por la depredación y por la pasividad del Estado.
Las circunstancias han querido que el país esté recibiendo un premio internacional por el buen manejo de sus bosques justamente cuando se producía la invasión de la reserva de El Choré, en el departamento de Santa Cruz.
Uno de los bosques más valiosos del país, conservado durante décadas por su riqueza natural, ha sido invadido por colonos que solamente desean explotar y arrasar con la riqueza maderera de la zona. Un daño irreparable a una reserva.
El premio que recibió el país, otorgado por el Gobierno de Estados Unidos a través de su embajada en Bolivia, fue precisamente por el cuidado que reciben los bosques durante casi 11 años de la vigencia del régimen forestal en el territorio.
Hasta el momento, se cuenta aún con áreas donde la zona boscosa de Bolivia goza de planes de conservación, manejo y uso sostenible de los suelos. La explotación que se realiza, según el régimen, está regulada por planes de manejo forestal.
La política forestal sigue operando con criterios rígidos fundamentalmente en cuanto a preservar la biodiversidad existente en ellos, pero a la vez explotar y aprovechar sosteniblemente su riqueza en bien de la comunidad, empero en los últimos meses el manejo de los bosques se está viendo amenazado.
Es decir, los temores que sienten los expertos en temas forestales y los actores del régimen forestal pueden hacerse realidad. Especialmente aquellos referidos a las decisiones estatales erradas por desconocimiento del sector.
En los últimos meses y bajo el amparo de algunos anuncios del propio Gobierno, líderes originarios, campesinos y colonos han tomado en sus manos la autorización, con presión y violencia de por medio, para la explotación de la madera en diferentes zonas del territorio (caso Madidi, El Choré, Guarayos, Pando, Chaco, etc.).
A eso se suma lo que está ocurriendo en El Choré, que quizá no sea algo que precisamente tenga sola y exclusivamente que ver con los colonos, sino con un relajamiento de la autoridad nacional que debía mantener el cumplimiento de la norma sin restricciones.
Las autoridades del lugar dicen que los invasores de la reserva de El Choré son los típicos depredadores que con el pretexto de controlar la tierra lo único que quieren es acabar con la riqueza maderera de la zona.
Sería bueno que los actores del sector forestal que parecen inmóviles y pasivos ante lo que está sucediendo, se manifiesten. Es impresionante cómo todos los sectores de la economía salen al frente para defender sus rubros ante atropellos que suceden contra ellos. Empero, el sector forestal y sus actores —madereros, ASL, ONG especializadas, programas financiados por la cooperación, etc.— parecen no inquietarse con nada, ni siquiera con la posibilidad de que se nacionalicen los bosques para entregarlos a quienes no saben de su manejo. Sólo basta con enumerar la serie de denuncias presentadas.
Existe la constatación de que si bien los bosques y su riqueza son considerados recursos naturales renovables, cualquier momento pueden pasar a ser no renovables por la explotación irracional, por el uso intensivo, por la depredación, por la ampliación de la frontera agrícola y, además, por la pasividad del Estado, del Gobierno y de los actores, llámense privados, comunitarios u organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro.