El sociólogo Carlos Laruta advierte de la necesidad de equilibrar los derechos de las asociaciones y los individuos. El riesgo es ignorar el deseo y sentir de los grupos mayoritarios o de las personas individuales.
Erika Apaza, periodista
El nuevo milenio ha marcado para Bolivia el ingreso de los grupos ciudadanos en el debate político y la búsqueda de nuevas rutas de negociación. Los representantes quedaron rezagados y las masas pasaron a exponer sus puntos de vista, aunque no han contribuido en el diseño de estos nuevos caminos. Por otro lado, una masa silenciosa intenta continuar con su vida normal y su convivencia con los más enérgicos no ha sido necesariamente satisfactoria. El especialista Carlos Laruta da algunas pistas sobre esta temática.
¿Podría explicar las semejanzas y diferencias entre derechos colectivos y derechos individuales que se ejercitan en los países latinoamericanos? Por su naturaleza, los derechos colectivos e individuales conviven en todos los países. Los derechos colectivos son los derechos grupales que benefician a las asociaciones humanas, mientras los individuales son los que le asisten al individuo por ser individuo; son los derechos más importantes que tiene un ser humano. La presencia dominante de grupos indígenas hace que en América Latina ambos grupos entren en tensión; el interés que moviliza a algunos se contrapone contra otro que es más general —el derecho individual. Es este el punto en el que se produce el desequilibrio que hoy está afectando la armonía de los grupos y genera constantes conflictos.
¿Dónde se establecen los límites de los espacios de uno y otro grupo, y cómo se debe preservar que cada cual mantenga el respeto por el otro? En estos 20 años de democracia hemos avanzado mucho, se han afianzado los derechos individuales como la libre expresión, participación, generación de propuestas y reclamar, entre otros. El reto pendiente es lograr el equilibrio entre lo individual y lo colectivo. El problema se ha centrado en que algunos grupos en el país piensan en sí mismos y aspiran o en el extremo imponen su visión al resto, generando así intolerancia, autoritarismo e insatisfacción.
El Defensor del Pueblo reconoció que una tarea pendiente es que la sociedad reconozca sus deberes del mismo modo que ha aceptado sus derechos. ¿La ciudadanía mal entendida puede ser el conflicto real? Por supuesto. En los últimos años se ha enfatizado mucho en los derechos, y no está mal, pero deben ir casados indispensablemente con los deberes, porque la vida es una corresponsabilidad. Este desequilibrio ha provocado un déficit de ciudadanía que nos lleva a ser más egoístas y pensar sólo en lo que nos interesa, olvidando los derechos de los otros.
Los grupos étnicos considerados mayoritarios y marginales en el país, en los últimos años han tomado la escena nacional de la mano del presidente Evo Morales. ¿Cómo ha cambiado la realidad nacional? El vicepresidente Álvaro García dice siempre que ésta es la primera vez que los indígenas llegan al poder, una observación política que no es cierta. Desde la revolución del 52 se inició una curva que progresivamente incorpora a los indígenas en el escenario político, y se afianza con el gobierno de Gualberto Villarroel. Sobre todo con la Ley de Participación Popular de 1994. Se fomentó de modo exponencial la participación organizada de los pueblos indígenas, tanto en los comités de vigilancia, así como en la dirección de los municipios y concejalías. Un estudio de Xavier Albó da cuenta de la presencia de 65% de autoridades con origen indígena, algo que el discurso oficialista hoy pretende negar. Lo cierto es que es la primera vez que tenemos un Presidente con una marcada raíz indígena.
Hace dos meses el mismo presidente Morales, en una entrevista pública a una radio, decía no reconocerse como indígena y se declaraba más bien boliviano. El presidente Evo Morales es un mañoso, porque durante mucho tiempo se apropió del discurso indigenista. Recordemos desde su discurso de posesión como Presidente de la República y no lo desmiente oportunamente. En el asunto de la identidad hay que tener las cosas claras, entendiendo que la identidad indígena nos habla de una pluralidad de identidades. Existen muchos pueblos indígenas; incluso dentro de cada pueblo hay grados de etnicidad.
¿Podríamos decir que el proceso de globalización influye en estos grados de etnicidad? Sí. El grado de etnicidad de los miembros del pueblo es diferencial, ¿Quién es más indígena Félix Patzi o Evo Morales? El primero habla aymara, el presidente Morales apenas lo balbucea; es indígena efectivamente pero en un grado relativo diferente. Su nivel disminuye en la medida que es más abierto a la cultura cosmopolita o universal. El hecho de autoidentificarse es importante pero relativo; lo que identifica realmente es la combinación de elementos de la cultura presentes en la persona, y esto no es bueno ni malo, es simplemente fruto de la historia.
¿Podría hacer alguna sugerencia para mejorar el relacionamiento de colectivos e individuales? En el nivel constitucional deberíamos ser claros en lo que entendemos por democracia, resaltando los principios de respeto, disenso, tolerancia, incorporación de la opinión consensuada. Podríamos ayudar a que la sociedad oriente mejor sus acciones. Eso en lo general. En lo concreto, a través de una campaña estimularía el enriquecimiento de los reglamentos de las organizaciones y los valores democráticos.
Algunos grupos en el país piensan en sí mismos y aspiran o en el extremo imponen su visión al resto, generando así intolerancia, autoritarismo e insatisfacción.
Se perfil Carlos Laruta, sociólogo alteño, ex funcionario de Naciones Unidas; actualmente se desempeña como Director Regional de CIPCA La Paz.