Uno de los temas críticos que con seguridad no logrará consensos en la Asamblea Constituyente es la reelección presidencial. El tema surgió en el discurso gubernamental en el proceso de elección de constituyentes y debate de reformas al Estado hace poco más de un año, con el justificativo de que el Gobierno actual requería permanencia y continuidad para consolidar su proyecto de cambios en el país. En principio este tema no mereció un acuerdo unánime en el MAS, varios candidatos ahora constituyentes e incluso el Vicepresidente de la República expresaron su desacuerdo por distintas razones, no obstante dicha propuesta fue apoyada por algunos movimientos sociales como la CSUTCB.
Está claro que el tema de la reelección no emerge de la necesidad de mejorar la participación, profundizar la democracia, hacerla más inclusiva o cualificar la gestión pública de manera que se justifique su inclusión en el texto constitucional; sino más bien está vinculada a la decisión coyuntural del Movimiento al Socialismo de consolidar el actual proyecto político. Si bien, la reelección adopta diversas modalidades, en este caso está pensada de manera inmediata e indefinida para el Presidente de la República.
La historia política de América Latina, cuyos regímenes en general son presidencialistas, tiene en común la recurrencia de fenómenos como el caudillismo o el populismo, por lo cual durante mucho tiempo se ha tendido a establecer barreras o límites constitucionales para evitar el uso arbitrario del poder y la tendencia al prorroguismo. La prohibición de la reelección en la región ha estado estrechamente ligada a la lucha contra las dictaduras, por ello las constituciones democráticas han realizado un denodado esfuerzo por limitar el poder personal de los líderes. Sin embargo, la tendencia en las últimas dos décadas, y particularmente en los últimos años, ha sido retornar a la reelección en los textos constitucionales. Es el caso de República Dominicana el 2002, en Perú el 2000, en Costa Rica el 2003, Argentina, Brasil y Perú en el año 1993 habían adoptado la reelección inmediata, aunque en Perú, en la última reforma se adoptó la reelección después de un periodo. Cabe sin embargo puntualizar que todas las reformas en favor de la reelección tienen nombres y apellidos ligados a liderazgos concretos: Carlos Menem, Fernando Henrique Cardoso, Alberto Fujimori, Hugo Chávez, Álvaro Uribe, entre otros. El sistema más utilizado es la reelección discontinua, después de un periodo de mandato, le sigue la elección consecutiva, y por último cuatro casos en que se establece la no reelección.
Si bien la reelección permite la continuidad de la gestión, resulta pertinente en sistemas institucionalizados con una clara separación de poderes, instancias judiciales, legislativas y de fiscalización autónomas y eficientes. Lo cierto es que con la reelección se produce un retorno al personalismo en la política, crítico para el funcionamiento de la democracia, en la medida en que se basa en la concepción de que los únicos garantes de la continuidad de los procesos iniciados con sus primeros mandatos son los propios presidentes, en una visión mesiánica de la realidad y vinculados a una cultura política caudillista que influye negativamente en los esfuerzos por construir y fortalecer la institucionalidad democrática.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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