Los apuros de YPFB El Gobierno valora lo que llamó la nacionalización de los hidrocarburos como su mejor obra. Si es así, correspondería que YPFB dé un giro en su administración de manera más que urgente, porque la inexperiencia tiene precio.
Guillermo Aruquipa, presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), tiene demasiados problemas para administrar la empresa estatal, como él mismo reconoce cuando informa sobre casi todos los asuntos que están a su cargo y bajo su presidencia.
Ahora está enfrentado a la dificultad de vender el petróleo reconstituido de las refinerías, con plazos fatales que imponen el propio ritmo de trabajo emergente: los tanques están llenos y es preciso vaciarlos para no frenar la producción.
Argumentar que Petrobras no comunicó sobre algún detalle referido al ritmo de producción es casi infantil, cuando se ha aceptado la responsabilidad de manejar una empresa de la magnitud de YPFB. Se supone que los técnicos a cargo de las refinerías, después de que fueron compradas a la brasileña, algo sabían sobre estos detalles, sobre todo si aceptaron ocupar los cargos que ocupan en la actualidad.
La recuperación de las refinerías fue un hecho aplaudido por todos los bolivianos. Pero se hubiera querido que la operación sea hecha también con algún criterio técnico y que se hayan tomado todas las previsiones para evitar que la transferencia dé la impresión de que la empresa adquirida era demasiado complicada para quienes la administran.
La suiza Glencore ha estado dándole una mano al Gobierno nacional, tanto en la compra de la producción de la fundición de Vinto, que manejaba hasta antes de la nacionalización, como en la compra del petróleo constituido que sale de las refinerías. Al parecer, la Glencore ha perdido interés en seguir operando por lo menos con YPFB, y ahora la empresa estatal está en las figurillas actuales.
La administración de YPFB también ha tomado la decisión de interrumpir la exportación de gas natural a Cuiabá. Se suponía, por todos los anuncios hechos hasta ahora por las autoridades del sector, que con los nuevos precios fijados por el Gobierno esa exportación iba a generar ingresos adicionales de 100 millones de dólares para Bolivia. Pero la exportación se ha reducido a casi cero y con ella caen también esos ingresos extraordinarios.
YPFB está consintiendo que Transredes construya ductos insuficientes, tanto al altiplano como a Tarija. Se trata de un gasto insulso, pues cuando se hayan inaugurado esas obras se comprobará que era necesario hacerlas de dimensiones mayores. El país tendrá, entonces, que hacer otra inversión en lugar de haber hecho el gasto presente.
La empresa Transredes ha anunciado, por segunda vez en dos meses, que no tiene posibilidad para financiar la construcción del ducto para aumentar la exportación de gas a la Argentina, porque la documentación de la nueva conformación accionaria de la empresa no está completa.
¿Qué pasa con los administradores de YPFB que no pueden advertir estos problemas? ¿No sería mejor que admitan que no pueden hacerlo y den paso a una renovación de personal?
El Ejecutivo valora lo que llamó la nacionalización de los hidrocarburos como su mejor obra, por la cual el país recuperó el control de esa riqueza. Si es así, correspondería que YPFB dé un giro en su administración de manera más que urgente, porque la inexperiencia tiene precio y es muy alto.