Tres falencias del sistema político impiden pacto constitucional La debilidad propositiva de los partidos, la actitud intolerante de varios movimientos y la carencia de un liderazgo con visión nacional han agravado las insuficiencias de conducción de la Asamblea Constituyente.
PAUSA NECESARIA • El debate constitucional ha postergado sus actividades para evitar confrontaciones.
Temas críticos de carácter nacional, como la actual crisis democrática, los motivos que la han desencadenado y sus posibles repercusiones, fueron discutidos por especialistas de distintos ámbitos, en una reunión que se llevó a cabo la semana anterior, aprovechando la presencia del analista español Joan Prats. Al mismo tiempo, se trataron cuestiones relacionadas con el contexto y las perspectivas de la democracia en Bolivia, las dificultades de alcanzar consensos por la fragmentación social, y los desafíos de la gobernabilidad cuando las fuerzas centrífugas y las actitudes confrontacionales se imponen por encima del funcionamiento de las instituciones.
Frente a la pregunta de, ¿por qué no ha sido posible consolidar un pacto constitucional, a pesar de la intención compartida por la mayoría de la población para que la Asamblea Constituyente promueva resultados través de consensos, no de imposiciones? Joan Prats mencionó tres razones que podrían explicar el bajo rendimiento de los asambleístas.
En primer lugar, “es difícil llegar a pactos duraderos sin un sistema de partidos políticos capaz de agregar y disciplinar el caleidoscopio de intereses corporativos, fracturaciones étnicas, territoriales y de clase, que atraviesan el abigarramiento multisocietal boliviano”. Esta ausencia de actores, encargados de aglutinar las demandas de los diferentes sectores, explicaría por qué no ha sido posible trabajar un proceso preconstituyente, capaz de reducir las incertidumbres y delimitar los temas a deliberar en la Asamblea Constituyente.
En segundo lugar, se encuentra la actitud intolerante y maniqueísta de los actores políticos, actitud que bien puede percibirse en las declaraciones y discursos polarizados que manejan no solamente los dirigentes, sino también los medios de comunicación, y se han visto reflejados en las mismas prácticas políticas. En efecto, esta actitud ha promovido “un clima confrontacional que no ofrece muchas oportunidades para la concertación”. Son muchos los ejemplos que corroboran esta tesis, cabe mencionar tan sólo algunos: la larga lucha por los dos tercios y la interpretación de la ley de convocatoria; el Reglamento de la Asamblea Constituyente; la inexistencia de mínimos de reconocimiento entre mayoría y minorías; la propaganda agresiva en los medios de comunicación; la demanda de cierre en la Asamblea Constituyente por vencimiento del plazo, la polarización territorial extrema y la lucha por el traslado de los poderes Ejecutivo y Legislativo.
En tercer lugar, Prats se refiere a la confrontación que se viene dando, cada vez con mayor fuerza, entre los sectores más radicales del ámbito político: “por un lado, tenemos las pretensiones de hegemonía de algunos sectores del MAS, que en ocasiones dan la impresión de querer convertir la Asamblea Constituyente en un instrumento de su proyecto de poder. Pero, por otro lado, tenemos el atrincheramiento en las prefecturas y los movimientos cívicos de importantes sectores inmovilistas, interesados en el fracaso de la Asamblea, y con ella de una supuesta interrupción del proyecto de poder y de cambios del MAS, para conservar algunos de los derechos de los grupos más conservadores y menos democráticos, que se encuentran a la derecha del espectro político”.
José Antonio Quiroga comparte estas percepciones cuando afirma que la falta de liderazgo representa una de las principales debilidades de la Asamblea, carencia que no solamente se puede percibir claramente en el partido oficialista, sino también en la oposición, pues ninguno de los dos sectores se ha presentado dentro del debate constituyente asumiendo una visión nacional, capaz de incluir y considerar “el interés de todos los sectores, y de representar la diversidad de la composición cultural del país, de tal manera que, aunque seamos distintos, nos sintamos reconocidos en un orden superior común”.
Al no tener una visión general, los actores más que buscar
consensos se han preocupado por “exacerbar todas las contradicciones, por mostrar que éstas son irreconciliables, y que, por tanto, la imposición de unos sobre otros queda como única opción”, nada más alejado de la realidad.
En este sentido, la interferencia de varios sectores, y particularmente del Poder Ejecutivo, dentro de la labor de la Asamblea, se ha constituido como una de las mayores debilidades dentro del proceso democrático que deben llevar a cabo los asambleístas. Para Quiroga, la intención de establecer un sistema de votación excluyente, que le permita a la mayoría adoptar decisiones, sin necesidad de consensuar con el resto de las posiciones, fue un grave error que le quitó legitimidad a la Asamblea Constituyente.
Para explicar estos problemas, otro de los asistentes consideró importante recordar que en Bolivia siempre han existido tensiones regionales y pugnas hegemónicas, con el agravante de que el país carece de una fuerza integradora que proporcione la sinergia necesaria entre las fuerzas motrices instaladas en cada una de las regiones. La ausencia de una capacidad económica de articulación manifiesta la importancia trascendental de contar con liderazgos intelectuales, morales y políticos, capaces de articular una visión de país que pondere el interés general por encima de los intereses particulares o locales.
Cabe preguntarse si a pesar de estas diferencias, que muchas veces parecen insalvables, es posible aspirar a una nueva Constitución Política del Estado que se construya desde el consenso. Para Joan Prats, la respuesta es afirmativa, sobre todo “si pensamos que una constitución no es la expresión de un proyecto político para el país, sino un texto bajo el cual puedan vivir pacíficamente el pluralismo de proyectos políticos para el país, que significa un sistema democrático”. Es decir, que desde esta perspectiva, es importante comprender que no hace falta compartir la misma concepción de país, para poder convivir dentro de un orden constitucional democrático, porque “por definición las visiones de país en cualquier democracia son muy diferentes”.
Entonces, en estos momentos los bolivianos necesitamos llegar a un consenso, que nos permita aprovechar la bonanza económica relativa que estamos atravesando, para poder enfrentar el principal y mayor problema del país: “generar empleo para las nuevas generaciones de bolivianos y bolivianas, y eso requiere pues de una reconversión productiva apoyada, precisamente, en la buena coyuntura de las exportaciones bolivianas, y los soportes productivos que pueden generar las autonomías municipales y departamentales”.
“Es difícil llegar a pactos duraderos sin un sistema de partidos políticos que contemple las diferentes visiones”.
“Ninguna de las partes se ha presentado al debate con una visión nacional, capaz de considerar el interés de todos los sectores”.