mía presentía una entrevista divertida. Y así fue. Diferentes voces, acentos, cantos y la chispa de Jenny Serrano invitaron a las carcajadas. Sin embargo, pregunta a pregunta, la conversación tocó la fibra de la artista que llegó, con una sorprendente facilidad, hasta las lágrimas, permitiendo conocerla más allá de los rubores y pelucas que animan a sus graciosas encarnaciones...
Floricienta y Shakira, un niño lustrabotas, una coqueta chola, la feminista intendente, la atrevida anciana quedaron en el escenario y en la sala mía conversaba con la madre, la esposa, la productora, la humorista y la Jenny que quería ser monja...
¿De veras querías ser monja? Sí, pero luego me “suspendí los hábitos”, cambié de hábitos (ríe). Ese es el sentir que tengo, me gusta hacer sentir bien a las personas, aunque nunca pensé hacer sentir bien a las personas con el arte de hacer reír.
Otra de tus facetas, ya apuntando a la escena, fue el canto lírico profesional... Me inscribí a canto lírico y canté como cuatro óperas, Rigoleto, Carmen, Verbenas, La verbena de la paloma, Marina; fue con el profesor chileno Marcelo Saxton, y con tenores como Dante Maradie en Cochabamba. Pero me acuerdo que el profesor me decía: “Tú no vas”. Me faltaba pecho, después lo he ido desarrollando, aunque no tanto, para eso necesito silicona (bromea).
¿Tras el canto vino el teatro? Resulta que me dieron una beca cuando tenía 15 años, fue en el lugar donde estudié canto, pero no llegué a estudiar porque directamente me tomaron como actriz en una obra, y de ahí ya no paré. Esa fue la semilla de lo que hoy para mí es mi profesión.
¿Qué año subes a las tablas para hacer humor? Debió ser entre 1987 y 1989.
¿Qué te dio el humor que no te dio el canto lírico? Yo creo que las cosas ya están escritas desde que venimos al mundo. Tu camino está predestinado desde que vienes a cumplir tu misión en la tierra. Resulta que cuando cumplí 16 años quería hacer televisión y fui a un canal de Cochabamba a proponer un programa... me miraron como que “ni cuerpo tiene esta chiquita, ¡por favor!” La idea que se tenía antiguamente de una mujer de televisión era de unas medidas 90-60-90 y alta, y yo no cumplía con los requisitos. Les mostré mi programa piloto, era chistosísimo, pero no lo aceptaron porque en esa época yo no era conocida, sólo tenía el deseo de hacer algo. Ahora, con los años que tengo, me piden que haga televisión, ¡cómo ha cambiado la vida! Hoy buscan capacidad, talento y no sólo caras o cuerpos bonitos; creo que en ese aspecto hemos evolucionado y aunque me costó, pienso que si esa época me hubiera dedicado a la televisión no hubiera hecho espectáculo. He llegado a la conclusión de que en la vida, el momento en que no se te da algo que anhelas vehementemente es porque no es su tiempo ni el camino a seguir.
Pero, actualmente tienes un proyecto para televisión... Ahora tengo 24 capítulos filmados, es una serie que voy a sacar en televisión, se llama WC (water cloth), porque todo se desarrolla en un baño, pero es chistosa, totalmente humorística.
¿Hiciste el guión? Todo. El guión, los artistas, la productora es Champagne. Además, se hizo un set adecuado para televisión, tratando de mostrar de que nosotros podemos producir otro tipo de cosas, porque nunca se hizo una producción televisiva humorística.
Jenny Serrano se caracteriza por el doble sentido, ¿en el día a día, esa mente es así o sólo en el escenario o para los guiones y parlamentos? La mayoría de los humoristas, y lo digo porque conozco a muchos, suben al escenario y se transforman, pero luego son serios y toscos. Yo salgo del entorno, porque donde estoy hago reír, y no es por obligación, sino porque me nace hacerlo, me alimenta el espíritu, así soy feliz. Me gusta ver sonriendo a la gente, a veces cuando me subo a un taxi reímos tanto con el chofer que no me quiere cobrar. Algunas veces mi esposo me dice: “Por favor, cállate”, no podemos ni comer tranquilos, hasta me hace sentar de espaldas en una esquina para que no me miren, pero yo le agradezco a Dios en el alma el haberme permitido vivir en el corazón de las personas. No hay nada más hermoso que sentir que te quieran, esta profesión es como una llave que te abre las puertas. ¡Y tengo la llave!
¿A qué humorista admiras? A Chaplín. Muchos dicen que lo más difícil es hacer reír, pero para mí es fácil, porque hablo. Pero haber haz reír sin hablar... él lo hizo, creo que es realmente un genio.
¿Cómo combinas el humor en el escenario con la coquetería propia de toda mujer? Para una humorista es complicado, pues no es lo mismo ser actriz de comedia que de televisión. Ahí siempre estás glamorosa y buena moza, a veces hago de vieja y me tengo que arrugar... ¡desde abajo me q\'iso! (ríe). Una vez hice de bruja y hasta mi nariz se encorvó, es como si mi cara estuviera amoldada para cualquier personaje. Por eso, para mí estar en el escenario no es estar bonita o sexy, la prioridad es hacer reír, por eso es que no hay muchas mujeres comediantes, ¡pero mejor, menos competencia!
¿Qué personaje te hace vibrar, te da más libertad? ¡El que me pone más suelta es la vieja, porque todo se suelta! (ríe) En realidad todos, porque para cada show se presenta un personaje, uno fue la chola, el próximo será la subteniente de policía, la mujer sufrida; a mí me encanta la que lava, plancha, cocina, hace las compras con su ojo morado. O el chiquito, un personaje con el que empecé. Era de lustrabotas nunca más lo hice, porque lloraba al final del show y hacía llorar a todos cuando cantaba “si tú tienes fe, mañana hallarás a todos tus problemas solución”. Yo me ponía a llorar (lágrimas) y todo el público lloraba, pero era para dar un mensaje.
¿Cuál es el mejor premio? He recibido tantos galardones, en toda Bolivia. Fuimos invitados a festivales internacionales como el de Bermejo, de Yacuiba. Ganamos en el Festifron, estuvimos en el festival de Lapacho, que es estilo Viña del Mar, porque te regalan en vez de gaviotas, ¡en vez de pájaros!, lapachos, (árboles). Y nos dieron dos. En Brasil, estuve con artistas internacionales y me dieron la Venus como mejor comediante latinoamericana, ahí imité a Shakira. En Estados Unidos recibí un galardón, pero el mejor premio es la risa de la gente.
¿Haces shows para niños, para adultos y los familiares? Siempre hago un show para niños gratis, “y viste que llegó la Floricienta a Santa Cruz y (la entrada) costaba 100 dólares y los niños en Cochabamba querían ir y no podían, entonces yo dije: ‘voy a ser la Floricienta’”. Y como canto igualito pensaban que era ella. También estoy comenzando a hacer espectáculos para adultos, obviamente con mucho respeto al público, empezar no es nada sencillo.
¿Cuál fue tu percepción sobre la aceptación del público respecto al show para adultos que presentaste en La Paz? De principio como que les cuesta y después ya entran y mueren de risa, sobre todo cuando se “calanchan” los chicos.
¿Tienes alguna preparación antes de subir al escenario? No soy de las que va a peluquerías, soy más simple que una moneda de 10 centavos. Trato de estar natural, nunca me pongo nerviosa, pero sí intento concentrarme para que las cosas salgan bien y no olvidar un libreto. Le pido a Dios que me ayude, porque el estar en el escenario significa transmitir emociones.
¿Y cómo eres en casa, de mamá, de esposa? Soy una mamá que hace reír. No sé cocinar, no me avergüenzo, pero me esfuerzo, aunque sé hacer arroz con queso. Tengo 16 años de casada con Raúl Eduardo Zeraín, él es un hombre muy guapo y serio, por eso la relación tiene equilibrio. Tenemos dos hijas, Nataly Jenifer de 14 es la cantante, y la de nueve es Estefani Francesca que es comediante. Creo que todo está en los genes, por eso alguna de ellas va a ser artista, aunque prefiero que ellas sigan sus impulsos. mía
Le pido a Dios que me ayude, porque el estar en el escenario significa transmitir emociones...
El perfil
Jenny Serrano Flores es boliviana. Estudió Ingeniería Eléctrica y Canto Lírico. Está casada con Raúl Eduardo Zeraín. Tienen dos hijas, Nataly Jennifer y Estefani Francesca. Serrano, junto al elenco de Champagne producciones, ganó varios premios en Bolivia y en el exterior. Está dedicada a la comedia y a la producción de café concerts.
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