Las hienas no atacan nunca de manera individual, lo hacen en manada. No invitan ni aceptan combate abierto, llano, de frente. Persiguen a sus presas con enorme paciencia y ganan las batallas por cansancio. Las más de las veces esperan agazapadas que otra fiera realice el trabajo duro y se conforman con las sobras. La carroña es su especialidad. Las hienas son resistentes y sacrificadas, definitivamente crueles y voraces a la hora de rematar. Se ceban con los más débiles y no pierden la oportunidad. Al final… ríen.
Bolivia está agobiada, exhausta, a punto de colapsar. Mucho tiempo que vive acosada por las ´hienas´ y sus resistencias ya no dan más. La crisis de Estado que padecemos ha devenido, luego de un prolongado proceso de anomia social, en diáspora. El contrato social está hecho pedazos y las instituciones y representaciones no contienen ni canalizan la conflictividad. Un día es la autonomía, el otro las tierras, el siguiente la capitalidad… mañana serán de nuevo los hidrocarburos, luego el pan y así…todos los problemas insolubles, cada evento un nuevo pretexto para el enfrentamiento, para la destrucción.
La ceguera de las élites, que no son capaces de estar a la altura del pueblo llano, nos ha llevado a este callejón sin salida. La gente obligó a realizar una Asamblea Constituyente, es decir, un espacio de deliberación pacífico y democrático en el cual puedan debatirse y resolver consensos mínimos para continuar viviendo en sociedad. Las ciudadanas y ciudadanos impusieron un escenario óptimo para la refundación del pacto social, pero los dirigentes hicieron y hacen todo lo posible para echar por la borda ese esfuerzo terminal. La Asamblea Constituyente, diseñada para lograr ´la madre de todos los acuerdos´, está a punto de ser convertida en el catalizador de ´la madre de todas las batallas´.
Y encima hay quiénes atribuyen a la Asamblea Constituyente la causa de los problemas que afrontamos. ´Yo siempre dije que la Asamblea iba a ser un desastre´, ´Hay que cerrar la Asamblea´, ´La Asamblea ha provocado mayor división entre bolivianos´, repiten articulistas y políticos oportunistas. Confunden el tratamiento con la enfermedad. Son como el enfermo de cáncer que atribuye a la quimioterapia sus males. Creen que si no existiera el aparato de diálisis, el riñón no tendría problemas.
La verdad es que, en el fondo, asumen de manera demencial una solución por el desastre… son los primeros cansados. Creen que ha llegado la hora de la definición y que esta no podrá darse si no es por medio de la violencia.
Las ´hienas´, mientras tanto, babean de gusto al prever el banquete que están a punto de darse. Algunas no pueden disimular y se hacen evidentes ante todos. Los demás, los que amamos entrañablemente a nuestra patria, los que no nos resignamos a la guerra, los que sabemos que al enfrentarnos perderemos todos, tenemos la obligación de no cansarnos, de no desmayar, de insistir por la salida pacífica y de concertación, de apostar por la Asamblea. No queremos ser la cena de las ´hienas´.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
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