La construcción del diálogo político El Gobierno tendrá que tener precaución para no dar o hacer dar pasos en falso, debido a que el acuerdo logrado así como el diálogo iniciado penden de un hilo muy delgado cuya seguridad no está garantizada. Esta oportunidad no debe ser desperdiciada.
En las últimas horas el partido de gobierno, las fuerzas políticas de oposición y las agrupaciones ciudadanas con representación parlamentaria y constituyente han logrado un avance en la construcción del diálogo político que tanto el país estaba aguardando.
En ese contexto, se lograron por lo menos dos avances sustanciales: la firma de un preacuerdo de concertación nacional que aunque no tiene la rúbrica del principal partido de oposición, la agrupación Podemos, reúne al resto de tiendas políticas del país, incluido el Movimiento al Socialismo (MAS). Y, lo segundo, es que aunque Podemos tiene observaciones al documento logrado entre el MAS y los partidos denominados chicos, esta instancia de oposición no se excluyó del diálogo político, lográndose así, finalmente, reunir a todas las fuerzas políticas del país en torno a una mesa que permite arrancar hacia la primera cumbre política que se realiza en lo que lleva de gestión el presidente Evo Morales Ayma.
A no dudar que en medio de un contexto adverso de posiciones irrenunciables y desencuentros nacionales, éste representa un avance, más cuando se creía que la solución a la crisis política boliviana no tenía salidas democráticas.
El documento logrado por el MAS y respaldado por al menos seis partidos con representación minoritaria en la Constituyente acuerda impulsar la continuidad de la Asamblea y el cumplimiento de su mandato, la construcción de un "gran acuerdo nacional" y la conformación de la Comisión de Concertación en el seno de la Constituyente. Pero más allá de los objetivos del preacuerdo político conseguido por el MAS, se entiende que el documento pretende ser una especie de base de discusión para el inicio del diálogo político. Podemos, cuya firma está ausente en este primer documento de acuerdo, tiene reparos y observaciones que son comprensibles, debido a que están exigiendo que el MAS respete las reglas del juego democrático, que no son otras que el respeto al marco legal-jurídico del país y a las mayorías y minorías políticas.
Empero, vale resaltar que al margen de las divergencias que existen y que persistirán entre las tiendas políticas, el valor de la cumbre política es la capacidad de hacer prevalecer la vía correcta para la búsqueda de consensos nacionales, como es el diálogo y el acuerdo. Si a la conclusión de este diálogo, que se espera prospere, se concretan resultados positivos, Bolivia habrá ganado y el receso obligado de un mes del trabajo en plenaria de la Asamblea Constituyente habrá valido la pena.
En este transcurrir, se tienen que levantar las piedras del camino y el Gobierno hace bien en mostrar su rostro concertador y su capacidad de apertura al diálogo directo, pero además transversal, porque se entiende que la estrategia oficialista es que al margen de la cumbre política, el Ejecutivo hará lo suyo en las reuniones con los representantes cívicos de La Paz y Sucre para intentar obtener un principio de acuerdo sobre el entuerto del traslado de poderes. Pero el Gobierno tendrá que tener precaución para no dar o hacer dar pasos en falso, debido a que el acuerdo que se ha logrado así como el diálogo que se ha iniciado penden de un hilo muy delgado cuya seguridad no está garantizada. Esta oportunidad no debe ser desperdiciada.