El presidente Evo Morales acaba de decir una frase que muchos bolivianos queríamos decir pero no nos atrevíamos: ¿Qué se cree Estados Unidos para estar distribuyendo certificaciones y descertificaciones sobre la lucha contra el narcotráfico?
Y ya que estamos: ¿Por qué no certifican sus narices? ¿Ah?
Porque, si de certificar se trata, quizá haya que instaurar una nueva y más universal: la certificación de la producción industrial que respeta el medio ambiente mundial, o no. Un comité internacional, conformado por gobernantes atrevidos, podría obligar a poner un sello en cada etiqueta de los productos fabricados en los países ricos, en que se diga el porcentaje de envenenamiento del medio ambiente o de destrucción de la capa de ozono en que la fábrica ha participado. Podría llamarse el certificado invernadero. Sería una etiqueta igual a la de los cigarrillos; diría que consumir el tal producto causa tantos miles de muertes, tantas inundaciones, tantas sequías y tanta hambruna. “Este producto hace daño a la salud del mundo”, podría decir.
Claro que a nosotros, los bolivianos, no nos llegan muchos productos de Estados Unidos. Aparte de la ropa usada, la potencia no nos vende muchas cosas más. Quizá los zapatos usados. Porque los intangibles que la potencia exporta, como el software para las computadoras, nosotros los adquirimos mediante otros medios. Eso sí, los virus les afectan igual, como si hubieran sido comprados a Bill Gates en persona.
Quizá haya que decirles a los norteamericanos que con la coca nosotros destruimos solamente las tierras bolivianas, las selvas bolivianas, los ríos bolivianos, los lagos bolivianos (uno de ellos compartido con los peruanos), pero que no afectamos el medio ambiente universal. Ellos, en cambio, con las emanaciones de sus fábricas están afectando a todo el mundo, además de haber enloquecido a los meteorólogos.
Nuestra producción de coca, es cierto, tiene un alcance universal, pero que no es obligatorio. La droga que se produce con nuestra coca llega sólo a las narices de quienes la quieren consumir. Es opcional. En cambio, el aire envenenado por ellos llega a todas las narices, sin distinción.
El único envenenamiento ambiental que sobrepasa nuestras fronteras se da con los ríos de desechos químicos de las fábricas de cocaína que salen de El Alto y están contaminando el lago Titicaca. En serio: se ha encontrado residuos de ácido sulfúrico en las aguas del lago sagrado.
Estamos hablando, por lo tanto, de potencia envenenadora a potencia envenenadora. De igual a igual. Quizá ellos sean más potencia que nosotros en algunas cosas, pero en aquello de envenenar estamos casi tas con tas.
Por lo tanto, podríamos comenzar con la primera certificación. Habría que devolver gentilezas. Será difícil igualar el sofisticado grado de sutileza contenido en la crítica de la certificación estadounidense sobre la coca. Y decirles que se les pide “vehementemente” mejorar el tratamiento del clima universal.
Y en cuanto a Hugo Chávez, que fue descertificado por tercer año consecutivo por Estados Unidos, yo sólo le pediría que deje de saturar y contaminar no el medio ambiente, sino el ambiente de los medios latinoamericanos. Es decir, que se calle.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Globalización Vs. Cantonalismo
Cualquier persona tiene conciencia de que el mundo globalizado —inevitablemente globalizado— no está resolviendo los males de la marginación, pobreza, ignorancia de terrorismo, impredecible y carnicero.
¿Somos o no un país minero?
Ésta es la interrogante que nos tendríamos que plantear todos los bolivianos, porque lo que está aconteciendo últimamente nos pone en pie de duda si en realidad queremos desarrollar nuestra industria minera o no.
La revolución pendiente
Tiempos de cambio. Tiempos de oportunidades. Tiempos bienvenidos. Se habla de revolución con mucha facilidad. En el discurso oficial y oficioso, toda acción de política pública es clasificada como revolucionaria, desde el bono Juancito Pinto
Derechos indígenas en NNUU y en la Constituyente
Hace 10 días la Asamblea General aprobó su Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas: 143 países a favor, 11 abstenciones y apenas cuatro países en contra. Ni sólo mayoría absoluta ni sólo dos tercios.
Dickens en escena
Yo sé muy bien cuánto debió gozar Dickens en aquellas sesiones en que se transmutaba en esos personajes salidos de su imaginación ...