Si los empresarios ganaderos parecen estar viviendo un momento de éxitos y ganancias, hay que observar que detrás de ellos hay una larga historia de dificultades sin nombre. El hato ganadero boliviano es el producto de un gran esfuerzo de empresarios nacionales.
Primero fueron las inundaciones que mataron el ganado, luego la decisión gubernamental de ayudar solamente a los ganaderos pequeños, como si los grandes hubieran sido ignorados por las aguas. Y ahora llega el anuncio de que los municipios harán una especie de certificación del hato de cada hacienda, a lo que se suma la sequía en el Chaco.
No se conoce hasta ahora qué hará el Gobierno con el dato sobre la cantidad de cabezas de ganado que tiene cada hacendado, pero al sector ganadero le parece algo intimidante. Teme que esta especie de censo ganadero sea la señal de que se avecina otra estratagema para perjudicarlos.
La actividad de los ganaderos bolivianos no ha sido fácil nunca. Toda la actividad ganadera en el país, la extensiva que se da en las tierras bajas, ha debido vérselas con condiciones de clima y de suelos poco acogedoras. Los pastos altos desalentaron la cría de ganado de patas cortas. La elección del ganado más apto para la región no fue cosa fácil ni de rápida decisión. Esto dio lugar a que las granjas nacionales vayan desarrollando un ganado óptimo para las condiciones del país, lo que llevó varias décadas. A estas alturas, el ganado criado en Bolivia es exportado a países vecinos, como se comprueba en todas las ediciones de la feria cruceña.
Luego vino el problema del transporte. Bolivia fue el único país de Sudamérica con ganaderos que debían llevar la carne a los mercados sólo por vía aérea. Para compensar este fuerte incremento en los costos del producto final, los ganaderos bolivianos tuvieron que reducir sus utilidades hasta el extremo.
Ahora existen granjas ganaderas desarrolladas, que se complementan con frigoríficos que han resuelto gran parte de los problemas originales, comenzando por el transporte, que ha dejado de depender de la aviación. La ganadería boliviana ha superado muchos problemas,incluida la lucha contra la aftosa, y se ha desarrollado desde las condiciones más difíciles, pero quizá no está preparada para enfrentar una actitud negativa de parte de las autoridades del sector.
Bolivia tiene dos vecinos con grandes ingresos producidos por la exportación de la carne de res. Argentina y Brasil tienen una industria ganadera muy famosa que satisface no solamente la demanda interna, sino también una creciente demanda internacional. Esos países han hecho de la ganadería una actividad económica floreciente, que genera ingresos. Se trata, por supuesto, de una actividad que explota recursos renovables, producidos gracias a gran esfuerzo.
Desalentar a la ganadería boliviana, que ha avanzado venciendo tal cantidad de dificultades, sería un error grande. Sería cortarle las alas a una actividad que ha nacido de las dificultades, venciendo toda clase de obstáculos, pero que ahora ha levantado vuelo a tal punto que garantiza el suministro de carne al mercado interno y puede, con muy poco aliciente, llegar a exportar. Si los empresarios ganaderos parecen estar viviendo un momento de ganancias, hay que observar que detrás de ellos existe una larga historia de dificultades sin nombre.
El hato ganadero boliviano es el producto de un gran esfuerzo de empresarios nacionales. No parece justo tratar a estos empresarios como si fueran enemigos. Habría que apoyarlos.