La pujanza de Santa Cruz El Gobierno y las autoridades cruceñas también, tienen que hacer un esfuerzo conjunto para llegar a coincidir en materias que son complejas pero claves para que Bolivia funcione en armonía. No se trata de que una parte se imponga sobre la otra...
En un aniversario más del grito libertario cruceño de 1810 se debe reiterar aquello de lo que el país está prácticamente convencido, y es que Santa Cruz sigue a la vanguardia de Bolivia y que la pequeña aldea de antaño se ha convertido en la locomotora que empuja el desarrollo nacional. De las lejanas batallas de Florida, El Pari y Santa Bárbara, con sus heroicos jefes Warnes y el "Colorao" Mercado, pasando por las luchas libradas por Andrés Ibáñez y Melchor Pinto, distantes en el tiempo unas de otras, los cambios en Santa Cruz se han acelerado de manera positiva para la región, lo que involucra inevitablemente a la nación entera.
Santa Cruz ya no es el viejo pueblo olvidado entre la cordillera y los grandes llanos, sino la región pujante que, como ha sido La Paz, tiene abiertas sus puertas a todos los bolivianos que estén dispuestos al trabajo y al sacrificio. En la gran ciudad y en sus campos se requiere de brazos e iniciativa para mantener un crecimiento económico, que, siendo el mayor en la República, no significa una bonanza paralela, porque los problemas cruceños en cuanto a costos de producción y búsqueda de mercados son conocidos por todos.
Santa Cruz, en suma, no es, ni mucho menos, una tierra donde abunden el empleo y las perspectivas de bienestar, pero es innegablemente el departamento que mejores proyecciones ofrece, y, por tanto, donde fluyen compatriotas de todos los confines y donde se aprecia el mayor movimiento de capitales extranjeros que actúan en los más diversos rubros.
Quiérase o no, Santa Cruz es el contrapeso del poder. Es, desde luego, la región desde donde se lanzan los mensajes más claros de una autonomía unitaria y en democracia. Nada se quiere imponer que no esté encuadrado en la ley y la Constitución. Y es por eso que los cruceños deploran todo lo que arbitrariamente se pretenda imponer desde el centralismo que no quiere ceder terreno y que esquiva o pretende desconocer que ya ha llegado el final de una era, y que, de ahora en adelante, el impulso nacional saldrá desde las diversas regiones de Bolivia, sin quebrantar su unidad, pero respetando los usos y costumbres de cada quien. Es lo que sucede en la mayoría de las naciones del mundo —y de muchas de las que nos rodean— lo que dice mucho de su necesidad.
En estos días, Santa Cruz está ofreciendo, como todos los años, una muestra de su fuerza y de su empuje a través de la Feria Exposición Internacional, mostrando una faceta de Bolivia que sorprende a quienes la visitan, porque aleja la idea que se tiene sobre una nación que vive en permanente enfrentamiento. En la Expocruz se condensa todo lo que se puede hacer y lo que todos los bolivianos deberían emprender para que el país crezca y se desarrolle alcanzando cifras que son indispensables para recuperar el tiempo que se ha perdido en conflictos internos, bloqueos, marchas y paros.
El Gobierno y las autoridades cruceñas también tienen que hacer un esfuerzo conjunto para llegar a coincidir en materias que son complejas, pero claves para que Bolivia funcione en armonía. No se trata de que una parte se imponga sobre la otra, sino que ambas, con el espíritu más abierto y conciliador, arrastren, ayuden, socorran al resto de los bolivianos.