A los bolivianos nos encanta perder el tiempo discutiendo o imposibles u obviedades. La sola posibilidad de que la Asamblea Constituyente tenga que cerrarse y convocarse a otra en dos años que se realizaría, por supuesto, en otro lugar que no sea Sucre, donde el chantaje de un grupo de dirigentes y de sectores de la población ha vuelto, de momento, inviables las sesiones, me levantan los pocos pelos que me quedan.
Pero mientras utilizamos tiempo y dinero en discutir algo imposible de lograr, el cambio de la sede de gobierno, sencillamente porque somos demasiado pobres para malgastar nuestro dinero en infraestructura, la Unicef informa que la pobreza entre los niños y la mortandad ha aumentado en nuestro continente y en particular en Bolivia.
Uno de cada cuatro chiquillos bolivianos no consume la cantidad de alimentos que necesita. Escalofriante cifra, porque los que sobreviven a esta realidad tienen graves problemas de aprendizaje.
Y esta es una realidad que incluso toca a países bastante más desarrollados que el nuestro, por ejemplo, a Argentina, donde se presenta la ironía de que el país del Río de la Plata podría generar alimentos para toda América del Sur, y sin embargo, hay quien pasa hambre en las tierras de Martín Fierro.
La lucha contra la pobreza debería ser el verdadero debate nacional. No bajo el fácil argumento de “el Estado debe llenarnos de plata para que nuestros hijos tengan trabajo”, sino bajo una política nacional tendente a generar seguridad alimentaria.
Y junto a este tema está el del medio ambiente y el efecto invernadero que golpeará al planeta, pero aquí se aplica la figura de que “los ricos también lloran, pero los pobres lloran más”. Es decir, los países como Bolivia se la verán negras porque, por ejemplo en nuestro país, faltará el agua en el Altiplano y se inundarán las tierras bajas.
No es poca cosa lo que está por venirse. En La Paz y El Alto hay reserva del líquido elemento hasta el 2009, después deberemos comenzar a racionar el agua. Habría medidas que se pueden emplear para paliar la situación, como por ejemplo, encontrar las causas de por qué el cincuenta por ciento del agua se pierde por filtraciones. O prohibir los juegos con agua en carnaval, que más que una diversión es un descarado ataque sexual. O comenzar a buscar fuentes alternativas de energía priorizando aquella llamada limpia. Se podría comenzar a construir pequeños diques y buscar energías alternativas. Podríamos también atacar con un gran programa de concientización y negociar mayores aportes de los países desarrollados (los verdaderos culpables de este desmadre). En fin, para qué seguir si lo que verdaderamente ocupa los grandes titulares en nuestros noticieros es la capacidad de los bolivianos para enfrentarse, los unos con los otros, y defender mezquinos intereses sin pensar ni en esos niños que crecen con hambre ni en los otros que tendrán que aprender a vivir en un mundo hostil, porque no fuimos lo suficientemente precavidos. Vaya herencia que les legamos.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
Querida libertad
Comencé el 2007 sugiriendo una especie de “Agenda 25” para que a lo largo del año se fueran desarrollando iniciativas de diversa índole en virtud de que este 10 de octubre conmemoraremos cuarto siglo de vida republicana en democracia.
¿Garantías?
Al conocerse la extradición del ex presidente Fujimori, los voceros gubernamentales, celebrando el hecho, han expresado que el ex presidente Sánchez de Lozada tiene todas las “garantías” para volver al país
Regiones, politiquería y llunquerío
Me saca de quicio la petulancia regionalista boliviana, una que se exhibe en generalizaciones ridículas. Esas de que las mujeres lindas están en la media luna o de que los hombres laboriosos son de la luna llena.
Hablemos la verdad
El tema de la capitalidad, cada vez más, se está alejando de la realidad porque fuera de Chuquisaca no se conoce la verdad debido, principalmente, a la poca cobertura de los medios de comunicación nacional y a las distorsiones del canal estatal