El 7 de Julio de esTe año, Humberto Vázquez Viaña, radicado en Suecia, escribió el artículo “La novia boliviana del Che”, publicado en el semanario número uno. En él relata la relación que sostuvo el Che con Marta Pinilla, “referencia amorosa”.
El nombre de Marta Pinilla no es tan frecuente en la historia sobre el Che, pero para Bolivia puede ser significativo, porque se trata de la mujer que impactó los sentimientos del futuro guerrillero. Aunque no la nombra en las notas que escribió en su primer paso por el país, tras cruzar la frontera relató: “Al fin estuvo todo listo para partir, cada uno de nosotros tenía su referencia amorosa que dejar allí. Mi despedida fue más en el plano intelectual, sin dulzura, pero creo que algo hay entre nosotros, ella y yo”.
El historiador Humberto Vázquez Viaña fue el primero en identificar a Marta Pinilla como “la novia boliviana del Che”, pero fue el abogado argentino Ricardo Rojo, un compañero accidental de su estancia en Bolivia y Ecuador, quien en el libro Mi amigo el Che, publicado en 1968, cuenta que “Ernesto, en su estadía, había tenido tiempo para enamorar con una joven boliviana de la alta sociedad, hija de un latifundista”. Lamentablemente Rojo, no da el nombre.
La primera mención a Pinilla surge 30 años después de la muerte del guerrillero. El periodista estadounidense Jon Lee Anderson la cita en su obra Che Guevara, una vida revolucionaria, New York, 1997, luego de revisar los papeles personales de Ernesto Guevara en La Habana.
Con esas pistas, Vázquez Viaña realizó algunas investigaciones e hizo los siguientes hallazgos: la muchacha de “la alta sociedad paceña” tenía entre 18 y 20 años cuando conoció al Che, salió bachiller del colegio Alemán de La Paz en 1952 —era compañera de curso de Jorge Machicado Saravia, un primo de Vázquez Viaña.
Desde Suecia el investigador pidió a su “amigo de luchas y aventuras revolucionarias, Marcelo Quezada”, que se pusiera en contacto con el hermano menor de Jorge, Eduardo, conocido como el Loro Machicado, para que busque alguna fotografía de Marta Pinilla.
“Hacen unos días, Eduardo me dio la gratísima noticia del hallazgo de una fotografía de Marta Pinilla, la novia boliviana del Che, en la que aparecen Ruth Vera, Jorge Machicado y Marta Pinilla (que aparece en esta página y que fue publicada también en Número 1)”, dice Vázquez Viaña.
¿Cómo surgió este romance de la joven Pinilla con Ernesto Guevara? Una vez en La Paz, cuenta Ricardo Rojo, que Calica Ferrer desde la terraza del Sucre Palace Hotel divisó a dos jovencitas acompañadas de un hombre mayor, que a ojos vistas, no era el padre. Diestro cazador, Calica se lanzó tras la presa y pronto se formó el “cuarteto”. El señor aquel, nuevo compañero de aventuras, era nada menos que el coronel Ramírez; agregado militar de la Embajada de Venezuela en Bolivia. ¡Eureka!, su suerte no podía haber sido mejor. El coronel les consiguió la visa, que en Buenos Aires les negaron.
No se sabe cómo conoció Ernesto a Marta. Si era parte del “cuarteto”, si tal vez Ernesto conoció a Marta en una de las fiestas que Nougués hacía en su casa en Calacoto o bien en una nueva cacería en el paseo de El Prado.
“Sin saber que fue comparada con una diosa inca, Pinilla se casó y emigró a Brasil, llevándose el secreto de que una vez fue la novia del Che”, escribió Vázquez Viaña.
Estatuilla
La otra Marta,
la diosa de barro que no valía nada
Tras su paso por Bolivia y con los sentimientos frescos de su relación con Marta Pinilla, llegó a la Isla del Sol, donde su ocasional guía hizo que encuentre una estatuilla que representaba a una diosa incaica. Así, el Che cumplió el sueño de todo aficionado a la arqueología y bautizó a la pieza... Marta y escribió: “Marta es auténtica”.
Ya en Perú, con la economía mermada, Ernesto Guevara intentó vender a su diosa incaica pese a que se aferraba a ella, pero un comerciante de antigüedades le aseguró que la pieza no tenía ningún valor. Entonces el Che escribió: “Marta no vale nada”, y desde entonces no se refirió a ninguna de las dos Martas.
La transformación
El Che llegó a Bolivia
con un nombre falso
Sin cabello, con unos lentes gruesos y con documentos falsos Ernesto Guevara llegó por segunda vez a Bolivia, a dirigir la guerrilla.
Adolfo Mena González, un comerciante uruguayo que vino a Bolivia contratado por la OEA para realizar un estudio. Ese era el nombre y el oficio con el que llegó el Che a Bolivia a desarrollar la guerrilla. Su transformación fue tal que, además del cambio de nombre, tuvo que permanecer pelado durante meses, sin barba ni bigote, al extremo de que en su breve paso por Cuba casi nadie lo reconoció, ni sus compañeros de lucha en la Sierra Maestra. Fidel invitó a un almuerzo y mantuvo a su invitado de incógnito y su hija no quería que se le acerque “el viejuco”.