“La democracia callejera no puede manejar un país” VIDAR HELGESEN, secretario general del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, habla sobre los sistemas democráticos.
El Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA, por su sigla en inglés) ha decidido venir a Bolivia para apoyar el fortalecimiento de las instituciones y el proceso democrático boliviano. Se trata de una organización intergubernamental que respalda este tipo de acciones en todo el mundo. Para el efecto, el secretario general de este organismo, Vidar Helgesen, estuvo en el país y aprovechó para explicar cuán compleja resulta ser la construcción democrática.
Helgesen cargando una larga experiencia en procesos democráticos, así como en facilitación de paz, habiendo sido además ex vicecanciller de Noruega, conversó con La Razón sobre la edificación de los sistemas democráticos, a propósito de los 25 años de democracia en el país.
Aprovechemos su experiencia en materia de democracia global para conocer, ¿cuáles son las características de una democracia vigorosa, fuerte… o es que en definitiva la democracia es un sistema de gobierno imperfecto? Se ha dicho de la democracia, por supuesto, que es el peor sistema de gobierno, exceptuando los demás. No existe tal cosa como una democracia perfecta. Pero existen, por lo menos, dos requerimientos fundamentales para una democracia saludable.
Uno es que se requiere que la gente pueda hacer que sus líderes sean responsables y respondan ante la población, lo que significa básicamente elegirlos y votarlos en la siguiente elección, si no les parecen bien. Y el otro requerimiento es que ese derecho de los ciudadanos de poder pedir cuentas a sus líderes esté disponible para todos los ciudadanos y a lo largo de toda la sociedad.
Ahora ésta es una mínima definición de democracia, por supuesto. La calidad de la democracia se relaciona en cómo ésta puede dar desarrollo y bienestar social y económico para la gente. Lo que es una pregunta muy relevante en Latinoamérica.
Bolivia cumplirá este 10 de octubre 25 años de recuperación de la democracia. En este tiempo, el sistema fue asediado por al menos tres períodos de ingobernabilidad. En dos, las crisis se produjeron porque el sistema no estaba cumpliendo con esa calidad de la que habla, esto también provocó la descomposición del sistema político. ¿Este es un rasgo de una democracia sin calidad? No quiero comentar de Bolivia solamente como tal, sino lo que vemos en otros países donde se tiene una democracia electoral pero las elecciones pueden ser tremendamente polarizantes, de hecho es la naturaleza de las elecciones ser polarizadoras. Pero si esa polarización domina la vida política al extremo que se hace muy difícil construir consensos sobre temas claves, entonces el construir una democracia que pueda dar estabilidad y desarrollo se hace aún más difícil. Los países que tienen por lo menos algún nivel de acuerdos entre los partidos políticos y las diferentes organizaciones del Estado —acuerdos sobre asuntos de importancia nacional, objetivos para el país— tienden a ser más estables. La estabilidad es un prerrequisito para desarrollar la capacidad de un sistema de gobierno.
¿Qué pasa con las expectativas de la gente respecto de la democracia, en su mayoría son demasiado altas para un sistema que, como usted dice, es imperfecto? Entonces, la gente tiene grandes expectativas de la democracia y allí hay una paradoja, que mientras la democracia es universalmente respetada y muy popular, al mismo tiempo, los actores democráticos están entre las personas menos respetadas por la sociedad. Donde vayas en el mundo, a lo largo de Latinoamérica, África, Asia y en Europa o en Norteamérica, los políticos y los partidos políticos son los menos confiables ante los ojos de la sociedad. Para eso existen muchas explicaciones, pero voy a dar una: las expectativas de la gente en la democracia son demasiado altas y los actores políticos contribuyen a hacer que esas expectativas sean aún más altas. Para poder ser elegidos tienen que prometer cosas, pero luego el sistema gubernamental no tiene la consistencia para poder entregar lo que ha prometido, es, entonces, el momento en que se va a agrandar la brecha de credibilidad cada vez más. Y este es un reto universal para la democracia.
Pero creo que la gente no llega a entender que si la democracia es imperfecta, los partidos políticos también lo son. ¿Es posible sustituir a los partidos políticos? Ahora en Bolivia existen, por ejemplo, las agrupaciones ciudadanas. y, además, ¿se puede sustituir la democracia que deriva de las urnas por la de las calles? Es evidente que la democracia callejera puede derrocar un gobierno, sin elecciones, pero la democracia callejera no puede manejar un país. Para manejar un país y para poder dar beneficios sociales y económicos a los pueblos se necesitan instituciones y se necesita tener capacidad y entrenamiento en esas instituciones para poder encarar las expectativas de la gente.
De manera que la democracia de las calles puede ser extremadamente importante y puede en algunas instancias ser una característica muy positiva del sistema, pero no puede reemplazar la democracia representativa.
También si se ve, desde el punto de vista global, la noción de partidos políticos está siendo retada y cualquier nombre que se le pueda dar: grupos políticos, movimientos políticos, agrupaciones ciudadanas. Cualquier nombre que se le ponga no es importante, lo importante son las funciones y en una democracia se necesitan grupos que puedan agregar o congregar la opinión pública, formular políticas y presentar esas políticas al pueblo. Y también seleccionar candidatos que vayan a candidatear y liderar. No existe ningún ejemplo de una democracia donde existan esos grupos que puedan llenar las funciones de los partidos. Puede ser que existan unos microestados que pueden vivir sin los partidos políticos, pero no se puede básicamente vivir sin ellos.
Un analista político boliviano dijo una vez que el problema de fondo de la democracia boliviana es que es una democracia sin demócratas, es puro esqueleto con sólo normas e instituciones pero sin cuerpo, es decir con sólo electores o peor aún sólo votantes. ¿Qué hacer para fortalecer y mejorar el sistema? Para que funcione una democracia no sólo tiene que haber elecciones, sino también el imperio de la ley y los balances y equilibrios en el sistema. No puede haber una cultura democrática cuando el que gana se lo lleva todo y ganar una elección donde se juntan polarizar y hacer promesas e ir de eso a un gobierno representa un cambio significativo. En ese caso hay que construir capacidades y lograr compromisos y ese proceso es un gran reto. Y si no hay una corriente de balance, en ese sistema siempre habrá el riesgo de que haya una dictadura de las mayorías.
“Las expectativas de la gente en la democracia son demasiado altas y los actores políticos contribuyen a hacer que sean aún más altas”.