La rebelión popular pone fin a los pactos y derroca a Goni LAS MOVILIZACIONES DE OCTUBRE DEL 2003
REVUELTA • Policías intentan, sin éxito, despejar el bloqueo en Ventilla en El Alto, el 9 de octubre del 2003. La convulsión llegó al extremo de cerrar la vía con tanques.
Las casi dos décadas de pactos políticos entre los partidos tradicionales llegaría a su fin. Los campesinos cambiaron el rumbo político del país, el costo fueron muertos y heridos con justicia pendiente.
Bastaron 47 días para que los cerca de 18 años de democracia pactada, junto a sus defectos, sucumban con la rebelión popular que encendió su larga mecha en la ciudad de El Alto el primer día de septiembre del 2003.
Las alianzas de los partidos políticos tradicionales, que de la izquierda cruzaron “ríos de sangre” para apoyar a candidatos de la derecha, con el fin de mantenerse en el poder, sumado a un cúmulo de denuncias de corrupción —con nombre y apellido— que los gobiernos de la democracia pactada se negaron a castigar, se habían acumulado en la memoria de los bolivianos, quienes ante la impotencia de reacción optaron por callar y bajar la cabeza esperando la oportunidad para dejar salir su verdad.
Y el Jach\'a Uru llegó. “Fueron casi dos décadas de silencio, también pactado, pero el verdadero Jach\'a Uru estaba en la puerta y llegó el 2003”, asevera el periodista Julio Mamani, quien realizó estudios sobre el comportamiento de la gente asentada en El Alto y sus dirigentes.
El 2003, los vecinos alteños —migrantes de zonas periurbanas de La Paz, el campo y los centros mineros— se organizan, en principio comandados por la dirigencia de la Federación de Juntas Vecinales de esa ciudad, en rechazo a dos formularios de impuestos de la comuna. José Luis Paredes, alejado de filas del MIR, en calidad de Alcalde trató de imponer el Maya y Paya, formularios que supuestamente simplificaban el registro de la compra de bienes inmuebles, pero para los dirigentes no eran más que una medida para subir los impuestos.
Bajo la sombra de que siete meses antes (en febrero) el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (MNR) decretó un impuesto sobre el salario que causó muertos entre militares, policías y civiles, los alteños iniciaron una ofensiva contra uno de los partidos que formaba parte de la megacoalición y ante el anuncio presidencial de vender gas a Estados Unidos, vía Chile, las bases y los dirigentes cerraron filas para iniciar la llamada “madre de las batallas”, como la calificó el entonces dirigente de la Central Obrera Regional, Roberto de la Cruz, quien inició junto a algunos seguidores la marcha desde Caracollo, el 2 de septiembre, “por la defensa del gas”.
Pese a que el diputado y dirigente cocalero Evo Morales, el líder campesino Felipe Quispe y el ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, eran críticos de esa democracia pactada, no lograron unirse para dirigir la lucha de los alteños, cada cual actuó por su cuenta y en vez de aglutinar a la población, hicieron sentir su falta de liderazgo.
Al arribar a El Alto la marcha de De la Cruz el 8 de septiembre, éste se encontró con una ciudad totalmente paralizada y bloqueada, mientras que en las 20 provincias paceñas empezó a crecer la sombra del descontento por el encarcelamiento de uno de sus dirigentes, Edwin Huampo, acusado de ser responsable de un linchamiento en el área rural.
Septiembre creó las condiciones para que los habitantes de la urbe alteña empiecen a cuestionar a la democracia pactada, y sin temor a las consecuencias, luego de la masacre de Warisata días antes, se escucharon los primeros pedidos de renuncia de Sánchez de Lozada.
Octubre dejó salir la rabia contenida y la convulsión se extendió más rápido con el paro cívico declarado por los dirigentes vecinales. Conforme pasaron los días, la medida se extendió a las laderas de La Paz. “Nada salía ni entraba de otros lugares y las marchas a la sede de gobierno fueron respaldadas por otros marginados”, recuerda Mamani.
El pedido de renuncia presidencial y el rechazo a la venta del gas por Chile se amplificó en cada barrio y zona. El Alto en su totalidad, sin un liderazgo visible, se sometió a la experiencia de los mineros jubilados y de los jóvenes de la Universidad Pública de El Alto, que se fundieron para masificar la protesta, que empezó a tener aliados fuera del municipio, como los mineros de Huanuni que llegaron a Senkata el 9 de octubre.
Ese día el suelo alteño se tiñó de sangre con la muerte de un trabajador del subsuelo y un vecino. De ahí en adelante la violencia no cesó, las víctimas se multiplicaron hasta llegar a 60 muertos y cientos de heridos.
El rechazo al sistema tradicional se manifestó con barricadas, vigilias y una ciudad de La Paz cercada e incomunicada.
La pelea desigual, de piedras, palos e insultos de los vecinos alteños contra los agentes químicos y las balas de los militares, dejó un rastro de dolor y luto que hizo tambalear al Gobierno y sus representantes políticos. El 13 de octubre, el vicepresidente Mesa hizo conocer su desacuerdo con el manejo de la crisis y se distanció del Mandatario y su entorno.
Es en esas circunstancias que comienza el quiebre de la megacoalición oficialista. Las bases políticas y la ciudadanía clamaron porque el Presidente deje el cargo. Éste no cedió hasta el 17 de octubre del 2003. Sánchez de Lozada dejó el poder y huyó de Bolivia. La democracia pactada fue enterrada y los partidos políticos sufrieron una herida mortal.
Los protagonistas
JAIME SOLARES Ex dirigente de la COB
Militante trotskista, dirigente y sindicalista del campamento minero Huanuni. Llegó a la Secretaría Ejecutiva de la COB en agosto del 2003. Convocó a huelga general indefinida y bloqueo de caminos para el 29 de septiembre y pidió la renuncia de Sánchez de Lozada por intentar enajenar el gas.
JOSÉ LUIS PAREDES Ex alcalde de El Alto
Salió de las filas del MIR, ganó dos elecciones municipales en El Alto con amplio margen. Trató de imponer dos formularios, el Maya y Paya, para agilizar el trámite de las viviendas, pero fue rechazado. Renunció a su partido y creó el Plan Progreso. Hoy es Prefecto del departamento de La Paz.
ROBERTO DE LA CRUZ Ex dirigente sindical de la COR
De ocupación comunicador inició una marcha de rechazo a la venta del gas por Chile el 2 de septiembre de 2003. Luego se lanzó a la palestra política y después de octubre creó su partido, el M-17, para postular como candidato a la Alcaldía alteña. Actualmente es el vicepresidente del Concejo.
MAURICIO CORI Ex dirigente de la Fejuve
Enfrentó amenazas de juicios, pero a pesar de ello organizó el paro cívico para rechazar el Maya y el Paya. Los vecinos acataron la medida que se radicalizó desde el 7 de octubre, pero a los tres días el dirigente se declaró en la clandestinidad. El 2004 fue candidato a alcalde, no tuvo éxito.
Entrevista A: CARLOS MESA GISBERTH
“Crisis del 2003 se inicia con la Guerra del Agua”.
Mesa afirma que el “Sánchez de Lozada de 1993 no tiene nada que ver con el Sánchez de Lozada del 2003”
Una de las tesis del ex presidente Carlos Mesa es que la democracia desde 1985 fue manejada por tres partidos: MNR, MIR y ADN, que es el triángulo político que controló al país. El elemento positivo —dice— es que los tres construyeron gobernabilidad; el factor negativo, que se creían dueños de la democracia.
¿Fue esta relación patrimonial de la democracia la que inició la debacle de los partidos?
Absolutamente, los partidos dejan de ser instrumentos de representación y se convierten en maquinarias electorales. Por otro lado, su círculo de poder se cierra y se convierte en excluyente; un círculo de poder que por detrás tiene una élite económica que se beneficia directamente de esos partidos, lo que rompe su vinculación popular. Por eso, la representación legal, el Parlamento y los partidos es reemplazada por los movimientos sociales que se convierten en enemigos del Estado central, al que acaban destruyendo, como se prueba en octubre del 2003.
Cuatro años después, ¿cómo evalúa lo sucedido esos días?
Tenemos que leer la crisis del 2003 a partir del primer campanazo que el grupo político en poder no lee adecuadamente: la Guerra del Agua (en abril del 2000). El comienzo de la caída del Estado controlado por MNR, ADN y MIR comienza con ese evento. Tienes posteriormente las movilizaciones campesinas y bloqueos del Mallku y Evo Morales, y la confrontación de febrero del 2003. Un conjunto de elementos que te demuestran que los movimientos sociales han perdido su vínculo de relación pacífica con el Estado; un Estado que cree que puede administrarse en función de legalidad y no legitimidad. Además, un grupo de proyectos que han perdido sentido; Sánchez de Lozada de 1993 no tiene nada que ver con el del 2002.
¿No advirtió este problema al momento de ingresar al gobierno?
No, si lo habría advertido no habría sido vicepresidente.
Pero sí lo percibió después...
Indudablemente, el proceso de crisis progresiva, que en febrero del 2003 es inequívoco, me llevó a un enfriamiento de relaciones que finalmente terminó en la ruptura con el Presidente.
¿Qué recuerda sobre los últimos momentos del gobierno de Sánchez de Lozada?
Son momentos dramáticos para todo el país. Mi última vinculación con el presidente fue el 12 de octubre, que fue cuando hubo más muertos, al día siguiente rompí con él. No se necesitaba un bola de cristal para darte cuenta meses antes que ese proceso no andaba por buen camino. Por otro lado, había una decisión de los movimientos sociales de desestabilizar al gobierno porque creían que no representaba los intereses populares.
Su perfil • Carlos Mesa es historiador y periodista. Fue vicepresidente en la segunda gestión de G. Sánchez de Lozada, a quien sucedió desde octubre deL 2003.
Los hechos
Una tormenta de 40 minutos se lleva 69 vidas
La tarde del martes del 19 de febrero de 2002, una granizada y lluvia de proporciones inundó gran parte de la ciudad y produjo la muerte de 69 personas e hirió a 103. Fue la precipitación más intensa de la historia de esta ciudad con 39,4 milímetros por hora. El desastre despertó la solidaridad de la gente con los afectados y obligó a la Alcaldía a iniciar procesos de prevención.
96 horas de nevada aislaron a toda una región
Cuatro personas y más de 17 mil llamas murieron luego de que en julio del 2002 la región de Nor y Sur Lípez, del departamento de Potosí, se desató una nevada por más de 96 horas aislando a varios poblados del sector. El evento coincidió con la realización de las elecciones generales. A pesar de la adversidad, los notarios cumplieron con sus obligaciones y no abandonaron sus urnas.
Un enorme incendio devora la cuesta de Sama
Bosques íntegros se perdieron en agosto del 2002, devorados por las llamas de un incendio jamás visto en la ciudad de Tarija. 611 hectáreas de un alto valor ecológico quedaron en nada. La ciudad quedó varios días cubierta por un sudario de humo y sus pobladores tendrán que esperar por lo menos una generación más hasta que la naturaleza reponga lo perdido.
FINANCIAMIENTO Millones de dólares para paliar el dolor
A los pocos meses de terminado el conflicto de octubre, la ayuda económica llegó a raudales a El Alto a través de la cooperación internacional, algunos proyectos fueron bien ejecutados por las organizaciones no gubernamentales, otras se gastaron el dinero y desaparecieron.
Así reconocieron, por separado, el ex dirigente vecinal Mauricio Cori y el periodista alteño Julio Mamani. “Antes del referéndum por el gas, las ONG realizaron más de 80 seminarios, previamente dirigidos a rechazar el tema”, dijo el periodista Mamani .
Cori manifestó que el 2004 se crearon cientos de ONG, cuyo propósito fue captar la ayuda económica programada para El Alto, pero la cosecha no fue buena porque los proyectistas primero buscaron tener buenas condiciones.
Cori recordó que la cooperación europea y de Estados Unidos llegó con proyectos destinados, especialmente, a la recuperación sicológica de los niños. Ese fue el caso de Usaid, que invirtió al principio 30 millones de dólares para proyectos de desarrollo social y democrático.