Por: Gonzalo Sánchez de Lozada Ex presidente de la República de Bolivia
En Bolivia estamos viviendo graves momentos de desagregación regional y social, y la desinstitucionalización que ha minado la autoridad del Estado debilitando el orden y la democracia, en medio de un proceso que se desenvuelve con signos de intolerancia y confrontación que no ha cesado desde octubre de 2003.
Cuatro años más tarde, la crisis no ha pasado, al contrario Bolivia vive momentos cruciales, como nunca en su historia. La democracia está bajo el asedio de grupos corporativos, políticos y sindicales que no creen en ella y que la utilizan según su conveniencia. Se ha generado un cuadro de totalitarismo que con el pretexto del cambio desconoce y atenta, contra la esencia de la democracia que es la vigencia plena de un Estado de Derecho.
Algunos me atribuyen la responsabilidad por los conflictos de octubre e inclusive de los problemas actuales que confronta la República y también la falta de soluciones. Si así fuera, mi renuncia que puse a consideración del Honorable Congreso Nacional debería haber sido suficiente para la solución de los problemas nacionales, como los relacionados con el uso de los recursos naturales. El gas fue el pretexto usado como ariete para desestabilizar la democracia, con el falso pretexto de “Ni a Chile, ni por Chile”, que ahora se muestra como una necesidad urgente e insoslayable de la realidad regional y nacional. Aunque fuera mi deseo, no creo que la solución a este y otros problemas, como la ausencia de inversiones, el rebrote del fantasma de la inflación, la migración en busca de mejores días, el aumento del desempleo, el descontrol de la delincuencia y el aislamiento peligroso del país, sea simple. Por eso, creo que las causas profundas de esta crisis nos obligan a un razonamiento esencial, sin las pasiones desatadas, que nos permita razonar con equilibrio y en el marco de la unidad nacional resolver esta crisis. Unidad que no puede sobrevivir sin plena democracia.
A los bolivianos nos ha costado mucha sangre y mucho dolor conquistar y sostener la democracia. Hoy sabemos que la democracia es un privilegio que hay que preservar para mantener la unidad de la Nación boliviana, con libertad y dignidad. El Presidente de la República es símbolo de esa unidad, en medio de la diversidad nacional, diversidad que debe ser fuente de orgullo y no de conflicto ni de violencia.
Al poner mi renuncia a consideración del Honorable Congreso Nacional lo hice con la íntima convicción de que la aceptación de la misma no correspondía, ya que no se puede retirar a un presidente elegido democráticamente, por mecanismos de presión y de violencia que están al margen de la Ley. Este es un funesto precedente para la democracia boliviana y continental.
Bolivia en democracia debe encarar sus desafíos con la responsabilidad que exige el presente, pero es mi deber advertir que los peligros que se ciernen sobre la Patria siguen intactos: la desintegración nacional, el autoritarismo corporativista y sindical y la violencia fratricida. Estos peligros se asientan en la circunstancia histórica en que los fundamentos de la democracia han sido puestos en cuestión. Quiera Dios que algún día no tengamos que arrepentirnos de todo esto.
Termino afirmando mi convencimiento de que Bolivia es demasiado grande y sabrá sacudirse de la pesada noche que la envuelve para renacer de las cenizas como el Ave Fénix, libre y democrática.
Washington, 10 de octubre de 2007 Gonzalo Sánchez de Lozada Presidente Constitucional de la República (1993-1997 y 2002-2003)
(1)Este título y las partes subrayadas provienen de mi carta de renuncia al Honorable Congreso Nacional el 17 de octubre de 2003.
“Se ha generado un cuadro de totalitarismo que con el pretexto de cambio desconoce y atenta contra la esencia de la democracia, el Estado de Derecho”
El perfil
El hombre • Nació en La Paz en 1930. Estudió Filosofía y Letras en EEUU.
La trayectoria • Fue Presidente del 6 de agosto de 1993 a agosto de 1997 y de agosto del 2002 octubre del 2003.