La ingobernabilidad provocó la salida de tres mandatarios Se cree a Bolivia siempre al borde del suicidio
PALACIO MILITARIZADO • La Policía Militar debió llegar a reforzar a la Guardia Presidencial ante el estallido de un sangriento conflicto en febrero del 2003.
Tres momentos críticos fueron identificados: 1984, cuando se produce la renuncia de Hernán Siles Zuazo; octubre del 2003 y la caída de Sánchez de Lozada, y marzo del 2005 con Carlos Mesa.
Bolivia recuperó la democracia en 1982. Empero el camino de retorno demostró que ésta no era garantía de estabilidad política, menos social, y mucho menos de buen gobierno, y no porque el sistema sea malo sino por la acumulación de expectativas que no cesan respecto de ella, hecho que resulta legítimo, pero quizá injusto; y la falta de visión de los gobiernos de turno que permitan en buenos términos la gobernabilidad.
“La democracia, se afirma con frecuencia, no ha sido capaz de cumplir sus promesas, sobre todo, en el campo económico, y más grave todavía en materia de la igualdad ciudadana, de desa-rrollo de oportunidades similares para todos. La mayoría de estas críticas son pertinentes. Sin embargo, no todas son imputables al funcionamiento de la democracia como tal”, reflexiona Salvador Romero Pittari en el ensayo Debates sobre la democracia contemporánea.
La palabra gobernabilidad fue utilizada por primera vez en 1985, en la firma del Pacto por la Democracia entre Víctor Paz Estenssoro y Hugo Banzer Suárez. Se trataba de darle al Poder Ejecutivo la fuerza y legitimidad necesarias en el Congreso, para que las políticas estatales no tengan las trabas del pasado. En ese año, aún estaba fresco el recuerdo de la UDP. El presidente Siles Zuazo había llegado a la Presidencia en 1982 con una precaria mayoría en el Congreso, que pronto se convirtió en minoría cuando el MIR abandonó el gobierno.
En eso, como explica Carlos Toranzo, “ese gobierno se topó con las demandas contenidas de una población que tuvo callada la boca durante 18 años de dictaduras. Esa explosión de pedidos, la creencia de algunos de que era el momento de tomar el cielo por asalto, las dimensiones dentro del equipo gubernamental y, ante todo, la falta de mayoría parlamentaria, impidieron una gestión exitosa”. Habían transcurrido sólo dos años de retorno a la democracia y se daba la primera crisis de ingobernabilidad en Bolivia.
La costumbre política boliviana —dice Toranzo- dictaba una solución drástica: un golpe de Estado o una insurrección popular. Pero el país no era el mismo y la sociedad y los políticos firmaron un pacto no escrito de mantener la democracia, aceptando las elecciones de 1980.
Un segundo momento de ingobernabilidad se daría ocho años más tarde. Un acumulado desencanto respecto de los partidos políticos y una suerte de gobierno sin norte definido, en medio de mayores expectativas ciudadanas —especialmente aquellas devenidas de la deuda social y de la ausencia de inclusión—, condujo a Gonzalo Sánchez de Lozada a decisiones desacertadas el 2003. En octubre de ese año, el país fue sometido a una crisis política y social de magnitudes difíciles de controlar, obligando a la renuncia del Presidente y a la sucesión constitucional.
Carlos Mesa, en su calidad de Vicepresidente, asumía la primera magistratura de la República despreciando a la clase política tradicional dentro del Congreso. Aquella determinación le costaría el cargo, obligado casi dos años más tarde a alejarse del poder. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, como última acción para salvar la democracia, iniciaba, entonces, un gobierno de transición cuya única misión era la convocatoria a nuevas elecciones democráticas en diciembre del 2005.
Bolivia, a esas alturas, y con una crisis política sin antecedentes, daba la imagen de un país enfermo, al borde del suicidio. Empero, paradójicamente, en cuestión de horas, la democracia volvía a cantar victoria.
Los protagonistas
Jaime Solares. Secretario general de la COB
Solares jugó un rol particular durante el tiempo que ejerció la secretaría general de la Central Obrera Boliviana (COB). Aunque sus movilizaciones no tenían fuerza, su radicalidad y sus polémicas declaraciones aportaron a generar un clima de incertidumbre y beligerancia en el país.
Jesús Juárez. Representante de Iglesia Católica
La Iglesia Católica durante la democracia, como lo fuera antes de ésta, siempre estuvo dispuesta a mediar en conflictos y en situaciones de crisis en el país. A través de la Conferencia Episcopal de Bolivia, tanto monseñor Jesús Juárez como Edmundo Abastoflor, entre otros, fueron fundamentales.
Waldo Albarracín. APDHB
La Asamblea Permanente de Derechos Humanos, tanto en la gestión de Waldo Albarracín, como de Sacha Llorenti, fue otra de las organizaciones que contribuyeron a acercar posiciones encontradas en el país. Es de reconocer que en determinado momento su mediación fue primordial.
Ana María Romero. Defensora del Pueblo
El Defensor del Pueblo, a cargo de su primera presidenta, Ana María Romero de Campero, y ahora de Waldo Albarracín, se suma a las instituciones que en los momentos de crisis política y social, sirvieron en los procesos de mediación de conflictos y de facilitadores del diálogo.
Entrevista A: GUIDO RIVEROS
“Bolivia un día parece Somalia y otro, Suiza”
La democracia se topa con expectativas ciudadanas y muchas veces con gobierno sin norte ni coherencia.
Bolivia, durante estos 25 años de democracia, ha tenido momentos de ingobernabilidad…
Si en 1984, el 2003 y el 2005 fueron las crisis más evidentes, en la década del 90 hay gente que cree que la democracia es un hecho absolutamente consumado en el país y que era eterna. El 2003 llegó la sorpresa y luego el 2005, con circunstancias especiales. La guerra del agua o la movilización dirigida por Felipe Quispe fueron focos fuertes de conflicto que tensionaron la gobernabilidad, pero no acabaron en ingobernabilidad.
Las expectativas de la gente para con la democracia son muy grandes. A los ofrecimientos de los gobiernos, la gente quiere resultados inmediatos. Se añade que en los momentos de crisis hay factores comunes: No hay objetivos claros, no hay equipos coherentes en los gobiernos, no se dispone de los instrumentos o mecanismos de gobernabilidad al interior del Congreso y las expectativas ciudadanas ponen contra la pared y se llega a una situación realmente de ingobernabilidad, donde la tendencia a la conflictividad se incrementa de manera impresionante.
Eduardo Rodríguez Veltzé, en ese sentido, fue un virtuoso, probablemente uno de los mejores presidentes que ha tenido este país. Él sabía cuál era su objetivo y lo cumplió.
¿Por qué la gente espera tanto de la democracia, cuando se sabe que es imperfecta?
Hay una característica estructural de nuestra sociedad y es una débil institucionalidad, una tendencia a la dispersión, a la fragmentación, hay una tendencia a la reivindicación local, sindical, regional.
Pero también los partidos políticos juegan un papel en el proceso de ingobernabilidad o en la gobernabilidad…
Sí, pero vea lo que sucedió con Mesa. Mesa tiene un discurso que dice no a la política tradicional y desprecia el mecanismo de gobernabilidad que tenía allí a la mano, que era el Congreso. Desde el primer día se abre un frente con el Congreso, y a la postre eso había sido importante. Era correcto que Mesa pretenda una renovación del sistema político, pero sin despreciar a una institución que hace Estado y que no se la puede ignorar. Los partidos políticos están más debilitados que nunca, al igual que la institucionalidad, pero pese a ello no dejan de ser coadyuvantes para encontrar soluciones. Si la democracia es imperfecta, por qué pedir a los partidos políticos que sean perfectos.
Se dice que Bolivia es un país que un día está al borde del abismo y al otro, no.
Sí. Cuando todo parece que es la caída no de un gobierno sino de un Estado, sorprendentemente el país acepta los mecanismos democráticos para salir de sus crisis. Ciertamente un día parece Somalia y al otro, Suiza. Esta institucionalidad que tenemos, que a veces parece ser muy débil, o que no existiera, aparentemente ha hecho carne en la sociedad boliviana. Se ha sedimentado, sino cómo se explica lo que sucede…
Su perfil • Guido Riveros, militante del MIR-Nueva Mayoría. Fue embajador de Bolivia en Colombia. Actualmente dirige la Fundación para la Democracia Multipartidaria.