El terrorismo es amenaza real pero no permanente SECUESTROS, ATENTADOS Y ACCIONES ARMADAS
2004 • El automóvil de la fiscal Mónica von Borries yace en llamas con ella dentro, luego de explotar en una calle céntrica de la ciudad de
Santa Cruz.
En este cuarto de siglo, el terrorismo nunca ha significado una amenaza permanente. Tampoco fue, empero, un mal de poca monta, en especial si se recuerdan las decenas de vidas segadas.
Las acciones terroristas han transitado en este último cuarto de siglo entre algunos atentados, contados secuestros e incursiones aisladas de miembros de grupos armados que, en conjunto, no han llegado a representar una amenaza permanente a la seguridad nacional.
Entre los secuestros, existen tres casos célebres: el rapto “político” al ex presidente Hernán Siles en 1984; el largo cautiverio de seis meses del presidente de la Coca-Cola, Jorge Lonsdale, que terminó trágicamente con su deceso en 1990; y el secuestro, cinco años después, del empresario Samuel Doria Medina a manos de miembros del grupo peruano MRTA (ver notas de apoyo).
Respecto a los atentados, la lista es algo más larga aunque son pocos los casos ligados a grupos armados de origen terrorista. Entre éstos, el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), fundado por Felipe Quispe, el Mallku, que más tarde se convirtió en el principal líder del movimiento campesino del país. También formó parte de la estructura de este grupo el actual vicepresidente Álvaro García Linera.
Mientras estuvo vigente, el EGTK perpetró alrededor de medio centenar de atentados en varias ciudades, entre ellas El Alto, donde tuvo una fuerte presencia.
Luego del EGTK, hubo otros atentados aislados, en su mayoría a instituciones, atribuidos a grupos de aparición esporádica.
También se alertó sobre la presencia, más bien ocasional y no planificada, de miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Sendero Luminoso (SL) y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) del Perú.
Uno de los atentados más trágicos lo pagó con su vida la fiscal cruceña Mónica von Borries, que falleció el 27 de febrero del 2004 por efecto de la explosión de su vehículo segundos después de abordarlo. La abogada investigaba el caso de una evasión impositiva en la dotación irregular de más de 5.000 hectáreas de tierras en Santa Cruz. También impulsó la acusación por narcotráfico contra Marco Marino Diodato, que escapó de la prisión a principios del 2004.
A este atentado le sucedió, dos años después, en marzo del 2006, la acción terrorista del estadounidense Claudio Lestat y su pareja, la uruguaya Alda Ribeiros. Ambos fueron acusados por las explosiones en dos hoteles en la ciudad de La Paz, dejando dos muertos y ocho heridos.
SECUESTROS INOLVIDABLES
“Han secuestrado al Presidente”
Durante 10 horas, el ex presidente Hernán Siles fue mantenido en cautiverio por un grupo de militares, policías y algunos civiles, con una intención claramente golpista
Es así como titula el libro de los generales Gary Prado y Édgar Claure sobre el secuestro del ex presidente Hernán Siles, el 30 de junio de 1984.
El rapto —como se relata en el libro— sucedió a las cinco de la mañana de ese día y fue protagonizado por un grupo de militares, policías y civiles.
Siete días antes, el 23, el comandante de Umopar, teniente coronel Germán Linares, ordena el acuartelamiento de 300 efectivos, dando inicio a la conspiración, y a la que apoyaron militantes del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y Acción Democrática Nacionalista (ADN) con una clara intención golpista.
Luego de 10 horas de cautiverio, el ex presidente fue rescatado y sus captores recibieron asilo —como el mismo ex presidente solicitó— en la embajada de la Argentina.
Fueron 10 horas en las que la silla presidencial quedó acéfala, ya que el entonces vicepresidente, Jaime Paz Zamora, se hallaba de viaje en Lisboa y el presidente del Senado, Julio Gárret Ayllón, no asumió el cargo.
La trágica muerte de Lonsdale
17 años después, puede calificarse por lo menos de inoportuna la intervención policial durante el rescate de Lonsdale, que murió durante la cuestionada maniobra.
El jueves 6 de diciembre de 1990 fue asesinado Jorge Lonsdale, presidente de la subsidiaria de la Coca-Cola en Bolivia.
Tres disparos —en la cabeza, el cuello y el hombro— segaron su vida luego de seis meses de cautiverio en un casa de la zona de Sopocachi de la ciudad de La Paz, donde fue retenido por miembros de la Comisión Néstor Paz Zamora (CNPZ), brazo armado del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
El asesinato su produjo minutos después de que efectivos de la Policía intervinieran —por órdenes del propio presidente Jaime Paz— el inmueble de la calle Abdón Saavedra, hiriendo de muerte a los secuestradores, entre ellos el líder del grupo, Miguel Northdurfter.
Un día antes, se habría llegado a un acuerdo con los captores para liberar a Lonsdale, previo pago de alrededor de medio millón de dólares.
Para probar que permanecía con vida, el secuestrado fue exhibido un día antes en una foto con la portada de La Razón de ese día. La imagen ayudó a la Policía a seguir la pista.
45 días de cautiverio en un cuarto de dos por uno
“Cuando me capturaron fue algo tan rápido. Estaba hablando por teléfono con don Víctor Toro (director del matutino Hoy)... Vi que la cosa estaba perdida”.
Entre el 2 de noviembre y el 18 de diciembre de 1995, el principal empresario del cemento del país, Samuel Doria Medina, estuvo cautivo en un cuarto de dos metros por uno, acústicamente protegido, ubicado en algún punto de la ciudad. Incomunicado, salvo durante algún intercambio de notas con sus captores, tomaba un jarro de té y comía un plato una vez al día.
Fueron, sin duda, los 45 días más duros en la vida del empresario y que años antes había sido ministro de Estado de la gestión del ex presidente Jaime Paz. Para fortuna de él, la pesadilla terminó luego de que su familia entregara el monto acordado del rescate: 1,4 millones de dólares. Más tarde se conoció que el plan del secuestro fue ideado en Lima, Perú, por los miembros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) para financiar la toma de la embajada japonesa en esa ciudad. Doce días después del secuestro se detuvo a uno de los captores de Doria Medina, Óscar Cerna.
Actualmente, Doria Medina es asambleísta por Unidad Nacional, el órgano político que él mismo fundó.