Aunque son todavía más los desafíos que los logros, la salud pública se ha mostrado firme en estos últimos 25 años. Entre muchos, hay un hecho por destacar: la creación de los comités populares.
Que hoy mueran menos de la mitad de madres y niños menores de un año que hace un cuarto de siglo. Que se haya certificado la erradicación de enfermedades como el bocio y la polio, o que el sarampión haya dejado de ser una causa de muerte y esté también en camino de ser “desterrado”. Que exista atención gratuita a madres en estado de gestación y a niños menores de cinco años. O que la salud sea no sólo de interés nacional sino también regional, pero sobre todo municipal. Todos son motivos suficientes para resaltar lo hecho, en general, en materia de salud los últimos 25 años y la creación, en particular, de los comités populares de salud, un hito ineludible en la historia de la salud pública contemporánea.
Fue efectivamente con la conformación de los comités populares (1983) y con la dirección de su gestor, Javier Torres Goitia Torres (ver entrevista), que se delineó el camino hacia un concepto diferente de salud: una visión que fue más allá de la enfermedad como causa biológica, concibiéndola como producto de factores sociales y económicos, entre ellos la pobreza, la exclusión social o las inequidades. Concebir, en última instancia, la dupla salud–enfermedad no como dos elementos opuestos, sino como un solo proceso.
Desde entonces, la salud pública en Bolivia no ha sido la misma. Para comenzar, se ha logrado disminuir la tasa de mortalidad infantil y a la razón de mortalidad materna en más de la mitad.
Ello se ha logrado atacando las principales causas que las producen: la desnutrición, las enfermedades respiratorias agudas y las infecciones intestinales. Queda como prueba de estos logros el uso, hoy casi cotidiano, de los sobres de sales de rehidratación oral.
Un antecedente de esta práctica es la exitosa campaña de consumo de sal yodada, convirtiendo a Bolivia, en un tiempo relativamente corto, en un país libre de la carencia de yodo y, por consiguiente, también libre del temible bocio.
El siguiente paso fue la certificación de la erradicación de la poliomielitis (en la década del 90), gracias a un trabajo intensivo de vacunación. Está en este mismo camino el sarampión, que salvo algunas “recaídas”, debido a que algunos gobiernos bajaron la guardia en la vacunación, ha dejado de ser un problema serio de salud pública (recordemos que a inicios de la década del 80 fue la tercera causa de mortalidad infantil).
¿Cómo se consiguieron todos estos logros?
Merced, en un inicio, a la participación colectiva de la comunidad en su conjunto a través de los conocidos comités populares de salud y en gran medida, más tarde, a la aparición de los seguros públicos y gratuitos, que son fruto de una experiencia relativamente reciente de mediados de la década del 90.
Desde luego no son todas buenas noticias. A momento de la evaluación final parecen más los desafíos que los logros. Para comenzar, las barreras económica, geográfica y cultural todavía no se han superado; la brecha entre el campo y la ciudad es aún elevada; y enfermedades como la tuberculosis están lejos de dejar de ser una preocupación de primer orden. Al contrario, actualmente Bolivia es uno de los países con mayor incidencia o casos nuevos de la enfermedad.
Por otro lado, a pesar de los avances, todavía ocupamos los últimos lugares de los países de la región en materia de mortalidad materna e infantil. Tampoco se ha avanzado lo suficiente en el acceso a los servicios de atención, lo que hace que la llamada “universalización” de la salud sea todavía un sueño.
SEGUROS
Todos aportan, pero pocos se benefician
El porcentaje de bolivianos que se benefician de un seguro de salud no pasa del 30 por ciento, que son las personas que tienen trabajo y mantienen una relación obrero-patronal. Lo que no se sabe o no se dice es que, si bien los beneficiados son pocos, todos, de alguna u otra manera, pagan este seguro, ya que el empleador carga su aporte patronal al precio final de su producto, el mismo que es comprado por los que no son asegurados, que cotizan a la seguridad social sin recibir ningún beneficio.
Para romper con esta injusticia, existen desde inicios de la década del 90 seguros públicos que con distintos nombres —Seguro Materno Infantil, Seguro Básico, Seguro Universal Materno Infantil (SUMI) o Seguro Universal— ofrecen atención gratuita a gran parte del restante 70 por ciento, en particular a madres gestantes y niños menores de cinco años.
Si bien la reducción de las tasas de mortalidad materna e infantil se debe a la aparición de estos seguros, no son suficientes, ya que las tasas de mortalidad aún son elevadas.
Los protagonistas
Marcelo Quiroga (1931-80) Político, periodista y escritor Es uno de los símbolos de la izquierda boliviana. Im- pulsor del juicio de responsabilidades contra Hugo Banzer, murió asesinado por paramilitares durante el golpe de Estado de Luis García Meza. Ejerció el periodismo y descolló como narrador; destaca su obra Los deshabitados.
Antonio Araníbar Cofundador del MIR y el MBL Fue uno de los principales impulsores de la creación de la UDP y el retorno a la democracia. Estuvo en la resistencia a los golpes de Estado de finales del siglo pasado. Luego se separó del MIR, del cual es su cofundador, y creó, junto a otros de sus compañeros, el Movimiento Bolivia Libre (MBL).
Luis Arce Gómez Militar Fue el ministro del Interior durante la gestión dictatorial de Luis García Meza. La advertencia a los opositores del régimen de “andar con el testamento bajo el brazo” grafica la actitud severa, represiva y “taxativa” de uno de los personajes más temibles de los gobiernos autoritarios que tuvo el país.
Guido Vildoso (1937) 59º Presidente de Bolivia Pasó a la historia como quien ejecutó la transición de la dictadura a la democracia. Fue designado Presidente por una corta gestión (entre julio y octubre de 1982). Intentó convocar a nuevas elecciones, pero al final optó por devolver el poder a quien lo ganó en elecciones: Hernán Siles.
Entrevista A: JAVIER TORRES GOITIA TORRES
“La salud no sólo es cosa de médicos y medicamentos”
Una conversación con el “padre“ de los comités populares de salud, una medida que revolucionó la salud pública en el país.
Desde la creación de los comités populares en 1983, la salud pública en Bolivia no es la misma. Fue gracias a esta forma de organización comunal y a la movilización popular de dirigentes vecinales y clubes de madres, que algunos logros trascendentales como la erradicación del bocio o la polio se hicieron realidad.
¿Cómo se gestan los comités populares? En ese entonces, hablo de los primeros años de la década del 80, estaban en pleno auge, especialmente en México, las nuevas ideas de la medicina social, que concebían a la salud y a la enfermedad no como dos polos opuestos sino como parte de un mismo proceso, por lo que las causas de la enfermedad no son sólo biológicas y naturales, sino también sociales y económicas.
En otras palabras, que el desarrollo económico y social de una comunidad influye directamente en el proceso salud-enfermedad… Así es, pero algo más: que el proceso salud- enfermedad también influye sobre el desa-rrollo económico, es decir que se produce una interacción dialéctica entre ambos...
¿Y cómo fue recibido este nuevo concepto de salud, considerando que el ambiente político en ese entonces, 1983, era por lo menos agitado? Al no contar con dinero ni recursos humanos, se me ocurrió compartir este nuevo concepto con la Central Obrera Boliviana (COB), las juntas de vecinos y los clubes de madres, donde fue muy bien recibido.
¿Qué les dijo?, ¿cómo los convenció? Que el gobierno había recuperado la democracia pero que no tenía recursos y ni siquiera el poder político, porque éramos minoría. Con lo único con lo que contábamos era el valor humano, lo que ahora se llama capital social.
¿Cómo reaccionaron? Fue impresionante. Cada sector se organizó por su cuenta, cada junta de vecinos tenía sus propios dirigentes; la prensa en general nos dedicó espacios enormes e hizo una verdadera labor educativa. Destaco, en particular, la labor del secretario departamental de la Central Obrera Departamental de La Paz, don Toribio Hinojosa, que llegó a ser presidente nacional de los comités populares de salud...
¿Qué hacía en concreto un Comité Popular de Salud? Lideraba, por ejemplo, las grandes campañas de vacunación. No se olvide que parábamos todo un día al país, hasta los taxistas nos llevaban gratis. También se ocupaban de la higiene de mercados, cuidaban de las embarazadas, colaboraban en la detección de casos severos de diarreas, etcétera.
¿Cuáles fueron los resultados? Hubo muchos resultados. En 10 años, la mortalidad infantil bajó en más de la mitad, al igual que la mortalidad materna. Antes de la creación de los comités, el bocio endémico atacaba al 63 por ciento de la población escolar en Bolivia; luego de 10 años no había un solo caso de bocio en el país. Aquí el papel de los comités fue vital, porque nadie permitía que se consuma sal sin yodo. Fueron resultados que se lograron sin recursos económicos ni tecnicismos burocráticos, sólo con la organización popular.
¿Por qué cree que los gobiernos que sucedieron a la UDP no siguieron el ejemplo de los comités populares? Hubo continuidad en algunos de los siguientes gobiernos; pero otros, lamentablemente, fueron vencidos por la tentación de politizar la salud. A pesar de ello, quedó el mensaje de que la salud no sólo es cosa de médicos ni medicamentos, sino de la movilización colectiva y popular.
Su perfil • Javier Torres Goitia Torres es pediatra y salubrista. Fue ministro de Salud durante la UDP. Padre de los comités populares de salud.
Los hechos
Elecciones de 1979, hacia el “empantanamiento” Las elecciones presidenciales de 1979 marcan el fin de la práctica hegemónica de un partido oficialista, dando paso al pluripartidismo y a una democracia más real. Al registrarse un virtual empate y un consiguiente “empantanamiento” entre Hernán Siles (que salió primero) y Víctor Paz, se decide designar como Primer Mandatario a Wálter Guevara, presidente del Senado.
Se usan por primera vez las papeletas multicolores En la elección de 1979 se utilizó por primera vez la papeleta multicolor y multisigno, la cual incluía a la totalidad de los candidatos y las fórmulas. En anteriores elecciones se utilizaron papeletas separadas por partido, por lo que fue frecuente la desaparición incluso de urnas enteras y continuos fraudes, afectando a los candidatos y a los partidos opositores.
Elecciones de 1980, gana nuevamente Hernán Siles Al igual que en las elecciones de 1979, en los comicios de 1980 sale primero Hernán Siles con 507.173 votos. El segundo lugar lo ocupó Víctor Paz, con 263.706, aunque muy por debajo de su votación en las elecciones anteriores. La sorpresa la dio el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, que salió en cuarto lugar con 113.959 votos, que representa al ocho por ciento del total.