En 1990, Bolivia “descubrió“ a los pueblos indígenas del oriente, que recorrieron 640 kilómetros, desde Trinidad a La Paz, en una marcha que para muchos fue el inicio del proceso constituyente.
A las 10.00 del 15 de agosto de 1990, desde Trinidad (Beni), 300 hombres y mujeres emprendieron una caminata de 640 kilómetros. El objetivo era claro, aunque los resultados inciertos. Se perseguía el reconocimiento y respeto al territorio, que diariamente era depredado por empresarios madereros.
Así se inició la marcha indígena por el Territorio y la Dignidad, que no sólo sacaría a la palestra pública la demanda y reconocimiento de los pueblos indígenas del oriente sobre la tierra y el territorio, sino la propia existencia de un grupo social hasta entonces olvidado por el Estado. Sin duda, la marcha de 1990 marcó un punto de inflexión en la historia de estos pueblos, pero también en la historia del país, ya que, según algunos, es este evento el que da inicio al llamado proceso constituyente.
17 años después, los frutos de la hazaña son muchos, aunque no se han resuelto algunos problemas estructurales de estos pueblos indígenas, que han dejado de tener la imagen “exótica“ con la que muchos los relacionaron para ser actores y protagonistas de sus destinos.
Es cierto, sin embargo, que prácticamente “decidimos salir de la selva”, dice Marcial Fabricano, uno de los líderes del movimiento del 90.
La frase bien sintetiza el sentimiento de muchos marchistas que, muy en el fondo, querían ver cara a cara al Presidente de la República, lo que finalmente sucedió en la población de Yolosa.
Los cabildos y el Consejo de Capitanes dejan de lado una función hasta entonces meramente “cultural y religiosa” para asumir un liderazgo de grupo en defensa de los derechos de sus bases. Los mojeños y sirionó iniciaron la marcha, y posteriormente se sumaron en el camino los yuracaré y los chimanes.
El primer día se avanzó 45 kilómetros y en el “segundo nos pescó un tremendo surazo que nos arrinconó, pero sin desanimarnos”, dice Fabricano.
La marcha estuvo a punto de ser detenida en dos oportunidades. En la primera de ellas, una comisión del gobierno de Jaime Paz Zamora se presentó a pocos kilómetros de San Ignacio de Moxos. Tres días demoraron estas gestiones, pero sin éxito para la gente del Gobierno. La marcha se reanudó. “No sabíamos cómo se manejan estas cosas, lo máximo que esperábamos era escuchar al Presidente de la República que nos diga: \'Su territorio está reconocido\'; para nosotros era suficiente”, recuerda Marcial Fabricano.
En criterio del antropólogo y lingüista Xavier Albó, la marcha indígena incorporó el término de territorio, aunque la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) ya hablaba de la tierra desde la clandestinidad a la que los confinaba las dictaduras. El dirigente campesino Genaro Flores, una vez recuperada la democracia, le presentó al mandatario Hernán Siles un proyecto de ley agraria que fue desechada por la clase política de entonces, que la consideraba, dice Albó, simplemente “absurda”. En ese momento Celinda Sosa, ministra de Microempresa, fue secretaria de Tierras.
La marcha indígena tuvo la característica de mantener un principio de cohesión que evitó que fracase. Los líderes consultaban cualquier eventual decisión y no tenían la intención de debilitar un movimiento que sólo quería hacer escuchar su voz.
A pocos kilómetros de llegar a La Paz, en Yolosa, fueron recibidos por el presidente Jaime Paz y todo su gabinete ministerial. La reunión no generó resultados, por lo que la comitiva debió irse con las manos vacías. Fabricano recuerda que Paz dijo que “tenía otras cosas más importantes que atender”. La marcha prosiguió.
Ya en la ciudad, los más de medio millar de marchistas fueron recibidos con aplausos y hasta lágrimas.
Luego de varios días de negociaciones y un intento de hacer firmar un documento de acuerdo sin antes haberlo discutido, se aprobaron ocho decretos supremos que reconocieron los territorios a favor, por ejemplo, de los chimanes, mojeños, yuracarés.
Los empresarios afectados desconocieron las disposiciones, por lo que fue necesario ratificarlas mediante ley (1991) y finalmente en las reformas a la Constitución Política (1994). En éstas se consiguió el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, sus usos y costumbres. En su primer artículo la nueva Constitución definiría un Estado “multiétnico y pluricultural“.
“A partir de entonces somos bolivianos”, asegura Fabricano.
La Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria, aprobada en 1996, también afirmó la consolidación de los derechos de los pueblos indígenas al establecer la modalidad de Tierras Comunitarias de Origen (TCO). “No hay ningún cambio que se generara en Bolivia, que no hubiera resultado de la lucha indígena”, reflexiona el ex dirigente.
Luego, con la asunción de Víctor Hugo Cárdenas como Vicepresidente y más tarde Evo Morales como Presidente, los pueblos indígenas consolidaron muchas de sus demandas.
Los protagonistas
Genaro Flores Dirigente campesino El dirigente de la naciente Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia plantea en 1982 al gobierno de Hernán Siles una propuesta de Ley de Tierras. El proyecto fue trabajado en la clandestinidad a la que obligó la dictadura. Éste fue uno de los primeros antecedentes del tema.
Víctor Hugo Cárdenas Ex vicepresidente Fue vicepresidente durante la gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada. Su presencia en el poder marcó un hecho inédito: era la primera vez que un indígena ocupaba la vicepresidencia. En su gestión se aprobó, entre otras, la Ley INRA, que reconoce las Tierras Comunitarias de Origen.
Miguel Urioste Director de Fundación Tierra Destacado intelectual y estudioso de la temática de la tierra. Estuvo vinculado al Movimiento Bolivia Libre (MBL), de Antonio Araníbar. Se alejó de la política y se dedicó, a través de la Fundación Tierra, que dirige, a desarrollar estudios y aportes sobre esta problemática emergente.
Carlos Romero Asambleísta del MAS Trabajó con los movimientos indígenas de las tierras bajas desde el Centro de Estudios Jurídicos para la Investigación Social (CEJIS), que dirigió en la ciudad de Santa Cruz. Es constituyente del MAS e impulsó desde este escenario el proyecto de las autonomías indígenas en el nuevo Estado.
REFORMAS
Morales lleva adelante otra ley de tierras
La administración del presidente Evo Morales puso en marcha, aunque sin lograr acuerdos con los empresarios, una nueva política agraria que se asienta en la reversión de la tierra improductiva y su redistribución comunitaria.
La Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria, como se llama la norma, pretende acabar con el latifundio con inspecciones cada dos años para verificar el cumplimiento de la función económica y social de la tierra. A diferencia del pasado, esta función será verificada y no estará sujeta al solo pago de los impuestos.
Las tierras improductivas serán revertidas al Estado y redistribuidas a las comunidades indígenas, campesinas y originarias. También se establece el término de expropiación por interés nacional.
Los agroindustriales del oriente anunciaron su oposición a esta norma, aprobada en el Senado con la habilitación de dos senadores suplentes (UN y Podemos), ya que consideran que sus términos afectan la seguridad jurídica, factor necesario para realizar inversiones en el agro.
Entrevista A: MARCIAL FABRICANO
“El Gobierno quiso que desistamos de marchar”
“Muchos salían de la selva por primera vez y, de repente, tenían frente suyo al Presidente de la República”.
Hasta la Marcha por la Dignidad y el Territorio, en 1990, gran parte de la población era desconocida a ojos de otras regiones, en especial del occidente. Ese día los medios de comunicación reprodujeron el nombre de quién, entre otros, había conducido la hazaña: Marcial Fabricano.
¿Qué motivó la realización de la marcha? La historia nos enseñó que había una suerte de postergación, de sometimiento, de mucha discriminación para los pueblos indígenas del oriente. Como si fuéramos pueblos sin organización, sin ninguna instancia o mecanismo que vele por nuestros derechos. Los otros se repartían nuestras tierras y nosotros no podíamos hacer nada.
¿Cuál el objetivo de la marcha? El objetivo era el territorio, garantizar el reconocimiento por parte del Estado boliviano de nuestro hábitat y el territorio indígena. El otro objetivo era la dignidad, vista desde el punto de vista social, humano, espiritual y cultural. La participación, el respeto mismo como pueblos indígenas con cultura y con identidad.
¿Trataron de persuadirlos para que desistan? Claro, el Gobierno enviaba a algunos de nuestros amigos que antes de ser funcionarios de gobierno trabajaban con nosotros. Identificaban a los principales dirigentes para convencerlos de desistir de marchar, pero había una conciencia y un compromiso de que nadie tendría que ser persuadido de ninguna naturaleza. Ésta era la única oportunidad para hacernos escuchar. El mismo Presidente (Jaime Paz) intentó, en Yolosa, parar la marcha. Desde luego, no nos opusimos a dialogar, después de todo, muchos salían de la selva por primera vez y, de repente, tenían frente suyo al Presidente de la República.
¿Qué conversaron con el Presidente? Le pedimos que nos espere en su despacho, que llegaríamos a la ciudad y ojalá ese día fuera una fiesta. Él nos dijo que tenía que irse porque tenía cosas importantes que hacer.
¿Finalmente qué consiguieron? Cuatro decretos que reconocían el territorio indígena dentro del Parque Nacional Isiboro Sécure, el territorio indígena multiétnico, para chimanes, yuracarés, mojeños y el territorio Pilón Lajas. Luego vinieron otros decretos de ese tipo. Los afectados fueron empresarios, ellos desde luego observaron estos decretos. Finalmente, tuvimos —sabiendo cómo eran las normas— que exigir leyes y hasta el reconocimiento en la misma Constitución Política del Estado.
¿Cómo evalúa la situación actual de los pueblos indígenas? Hay mucho que hacer por adelante, pero todo está vinculado a intereses políticos. Si no eres militante no sirves. Los políticos faltan el respeto a la democracia, nosotros la respetamos.
Su perfil • Marcial Fabricano vive en Trinidad. Lideró la marcha por la Dignidad y el Territorio. Fue dirigente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob).
Los hechos
El Chapare se moviliza en contra de la erradicación La férrea política de erradicación de los cultivos excedentarios e ilegales de coca fue el motivo que enfrentó a cocaleros de los Yungas, pero especialmente al Chapare, con los efectivos militares. El resultado fue un conflicto prolongado y de alta intensidad que dejó heridos y muertos en ambos lados. En medio del conflicto descolla un nuevo líder entre los cocaleros: Evo Morales.
Bolivia entra a la onda verde y ecológica El medio ambiente fue un tema de preocupación común para los seis gobiernos de la democracia. Políticas de deuda externa a cambio de protección de territorios se iniciaron con Paz Estenssoro. Le siguió Paz Zamora con la inclusión de un sistema de áreas protegidas. Luego devino la aprobación de una ley medioambiental, además de cumbres y reuniones regionales temáticas.
Bolivia va e inaugura el Mundial de 1994 Luego de una exitosa campaña en la etapa clasificatoria —que se cierra con un partido de infarto en Ecuador— la selección nacional de fútbol llega al mundial de fútbol que se jugó en Estados Unidos. El equipo boliviano juega el partido inaugural con el último campeón, Alemania, selección con la que pierde por un gol a cero. La “verde” no logra clasificar a la segunda fase.