La temperatura llega a los 35 grados centígrados. Monos, caimanes, ciervos, osos y venados bailan con el hombre al compás de la tamborita,el redoble, el platillo y la flauta. El tipoy y el marico se funden con la pollera y el aguayo en una mágica muestra de diversidad en danza y música.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Miguel Carrasco
Es tan seductor el ritmo de la tamborita y la flauta, que hasta los monos se ponen a bailar. Ellos no saben que se trata de una trampa: acto seguido llega el hombre con arco y flecha para cazarlos. No se asusten, amigos de los animales: es sólo la representación de un baile de Villa Concepción, al norte de La Paz.
La Danza del Mono es una más de las tradiciones que el departamento paceño posee en aquella región donde la vegetación, la humedad y la flora exuberante cubren las provincias Franz Tamayo, Abel Iturralde, Larecaja, Caranavi, Nor Yungas, Inquisivi y Sud Yungas, que juntas representan aproximadamente el 50 por ciento de todo el territorio.
Se trata de la zona subandina de la región formada por el flanco noreste de la Cordillera Real u Oriental, que desciende hasta los llanos. Son los Yungas que colindan con Beni y Pando. Es una región que empieza a mostrarse al país en el Primer Festival de Integración Amazónica en Palos Blancos (Sud Yungas) a 500 kilómetros de la sede de gobierno.
En aquellos parajes, inaccesibles en algunos casos, los animales forman parte indisoluble de la vida de los lugareños.
´Nuestros antepasados bailaron la Danza del mono que ahora rescatamos para mostrar al país y para que sepan que somos diversos´, describe con orgullo Teodora Vani, de 35 años y habitante de Villa Concepción.
Los dos monos disfrazados yacen en el suelo. Un personaje vestido de perro espanta a un águila que busca llevarse parte del banquete y el baile finaliza cuando ocho guerreros transportan los restos de los simios al ritmo de la tamborita y la flauta en medio de los aplausos de los cerca de 2.000 espectadores en el estadio de Palos Blancos, quienes premian así a la mejor expresión del Festival.
Las mujeres bailan y sus tipoy (vestidos) ondean mientras cargan sus maricos (bolsos) en los hombros. Son descendientes de las culturas Mosetén, Araona, Cavineño, Chimane, Tsimane y Leco, entre otras, que pese a la colonización mantienen sus raíces.
Una muestra diversa y mágica
En la amazonía paceña pueden bailar desde un caimán, pasando por un oso, un toro, un ciervo, un venado y hasta un águila. La riqueza cultural del departamento no tiene límites. En Santa Ana de Mosetenes, una de las danzas preferidas es la del caimán. La muestra representa la caza con arco y flecha del reptil para luego festejar en el pueblo con un baile.
En Covendo, una de las zonas que con mayor fuerza mantiene la cultura mosetén y que se encuentra a una hora y media de Palos Blancos, la alegría se expresa con el Oso Moreno y el Venado.
Dos flautas, una tamborita, el redoble y el platillo proporcionan el ritmo alegre para que tres personas disfrazadas de osos se entreguen a la danza. ´Es la historia del oso que adaptamos a nuestro bailes´, explica Nataniel Chitavá, de 17 años y alumno de la Unidad Educativa Franz Tamayo, de Covendo. Mayores y niños participan del número. Mientras, el baile del venado es una ´demostración que se remonta a nuestros abuelos, por eso participan más las personas adultas´, describe Alcides Itononate, de Covendo. Pese a la felicidad con la que danzan los paceños del norte, no disimulan la tristeza por lo alejados que se hallan unos pueblos de otros.
Uno de estos casos es el del grupo de Muchane, a cinco horas sobre canoa y una hora más en bus. Para llegar al Festival, los 30 bailarines pagaron 90 bolivianos por persona al canoero por la ida y la vuelta hasta Puerto Linares, desde donde tomaron luego un colectivo. La población intervino con la Danza del Ciervo, que intenta personificar al apacible animal que habita cerca de los ríos y que ´es como nuestro ganado, de eso vivimos nosotros. Por eso es que bailamos por él´, refiere Alcides Merena, cacique del lugar.
El desfile continúa con el Sarao, de la comunidad de Simay, a dos horas en flota. El baile describe que la integración y la unidad están por sobre todas las diferencias. Es una muestra artística donde cada localidad llega con sus cintas de colores que posteriormente son atadas a un poste para ser trenzadas mientras se baila en círculo y, al final, compartir frutos y otros alimentos en el suelo entre los danzarines.
En el norte de La Paz, donde alguna vez habitaron los chunchos, aún se los recuerda en la población de Kokoche con otro baile.
“Es como si estuviéramos cazando y el paso es lento. Nuestra vestimenta es sencilla. La faldita es tejida en una paja similar a la jipi japa, adornadas con plumas de algunas aves. Los collares los hacemos con \'lágrimas de María\', que son unas pequeñas conchas que encontramos en los ríos junto a un palo de balsa de mora”, cuenta entusiasta Lucina Huasna.
Sin embargo, el trópico paceño no sólo tiene estas demostraciones, también tiene la influencia algunas traídas desde el altiplano. Allí, el tipoy y el marico se funden con la pollera y los aguayos.
El Baile del Abogado
Un jurista vestido con traje, corbata y portafolios desafía a los 35 grados centígrados para intentar reconciliar a una pareja que se peleó en una representación potosino-orureña típica, sazonada al ritmo del zapateo. La sátira pertenece a San Miguel de Huachi, a tres horas de Palos Blancos.
´Somos descendientes de las provincias Ingavi, Pacajes, Omasuyos, de La Paz, pero algunos también vinieron desde Potosí y Oruro´, habla con acento todavía quechua Heriberto Huecho Apaza, corregidor de San Miguel.
Una zampoñada desde la comunidad Mototoy es seguida por la danza de los Macheños, de Porvenir, que con los trajes típicos de Potosí bailan en el sofocante atardecer de la amazonía paceña. ´Nosotros no olvidamos nuestros orígenes aún así estemos lejos´, sintetiza Sandra Mamani.
La variedad no termina. Desde la población de Popoy, y en una modificada versión del recordado zapateo de ´Este pollito que tú me regalaste...´, las damas danzan una vez más con la tamborita y la flauta para representar de forma teatral el momento exacto en que una gallina pone el huevo. ´Es nuestro regalo para el secretario general Alejandro Zapata, de la Prefectura´, suelta con picardía la bailarina ante el público.
La muestra continúa con más expresiones de la danza andina con el fondo musical del grupo K’alamarka. Allí, la wiphala ondea en las manos de un campesino y marca su propio terreno.
La tierra de los cuatro idiomas
En Palos Blancos se puede detectar muy fácilmente el acento oriental, particularmente cuando los jóvenes conversan. Sin embargo, basta ingresar a la feria, donde existe una masiva presencia de campesinos llegados del altiplano y de los valles, para que el panorama evidencie una singular torre de Babel en la que, a diferencia de la bíblica, todos se entienden.
El aymara, el quechua y el español son los idiomas que se utilizan indistintamente en toda la concurrencia. También es común escuchar hablar en mosetén, una de las lenguas de la región tropical.
´Somos una mezcla de culturas. Aquí tenemos que hablar hasta cuatro idiomas´, reconoce Huecho Apaza. Aquello, sin embargo para Juan Huasna Bosso, que intenta rescatar la cultura mosetén, es algo que, en cierta medida, resulta perjudicial. ´Aprendí a leer y escribir en mosetén gracias a una antropóloga que vivió con mi gente y ahora trato de difundirlo a todos, porque nuestra idioma no se debe perder´. Huasna Bosso es médico naturista en Palos Blancos y es muy conocedor de esta cultura desde hace 18 años.
Así como el Primer Festival de Integración Amazónica acercó al país a las danzas del norte de La Paz, el mosetén lamenta que otras como la kullawada, la morenada y el caporal, vayan arrinconando a sus tradiciones. ´Únicamente Covendo mantiene sus bailes´.
Con la noche, los organizadores entregan los premios consistentes en dos vacas, carretillas, fumigadores, palas, picotas, semillas y gaseosas a los participantes. Aún se oyen las últimas notas del grupo Moreno, que lleva 15 años interpretando música del trópico.
Entonces, Alcides Itononate canta en su idioma y hace la traducción al castellano. ´Mari pintado, Mari pintado/ como el jochi. Donde cargamos/a nuestros hijos. Nos sentimos alegres/ con nuestras esposas´. En la lejanía todavía se escucha su voz.
Sigue la fiesta, y con ella, los desafíos. La vertebración caminera es uno de los requisitos para poder mostrar el rostro tropical de La Paz. “El próximo año, el Festival volverá a ser organizado y va a crecer aún más”, cierra Alejandro Zapata, de la Prefectura.
Itononate se apresta a volver a la comunidad de Covendo. Aún le espera una hora y media de carretera, si va a pie serían más de cinco. No le importa. En su idioma, prefiere invitar a conocer su población. ´Jopyee mi’jin, mitrimi’jin´. (Bienvenido a mi pueblo).