El Premio Nobel de la Paz 2007 fue concedido al ex vicepresidente de los Estados Unidos de América, Al Gore. Se trata de la más alta distinción que la humanidad reconoce a personalidades que contribuyen al sostenimiento de la paz mundial y que, adicionalmente, realizan acciones específicas en algún campo que contribuye a que vivamos en un mundo cada día más humano y habitable. En esta oportunidad, a diferencia notable de otras, donde la politización del premio fue controversial, la distinción fue recibida con el beneplácito generalizado en todo el mundo.
Al Gore fue vicepresidente durante ocho años y candidato presidencial ganador en la votación popular de las elecciones norteamericanas en el año 2000. No pudo acceder a la Presidencia de la República, luego de meses de controversia judicial, debido a un fallo de la Suprema Corte de Justicia que no permitió el reconteo de unos votos en el Estado de Florida, que con seguridad habrían ratificado su victoria. Todavía el mundo se pregunta, qué hubiera pasado estos últimos siete años si en lugar de George Bush hubiese gobernado Al Gore. El atentado a las Torres Gemelas, la invasión a Afganistán, la guerra contra Irak, el congelamiento del protocolo de Kyoto, etc., son algunos de los eventos que marcaron el inicio del nuevo milenio y que seguramente no hubieran sucedido si Al Gore era Presidente.
A partir del año 2000 y luego de haber reconocido, sin dudar un segundo, el injusto fallo de la Suprema Corte, la autoridad moral de Al Gore se agigantó en Estados Unidos y en el resto del planeta. La dignidad y el sentido del cumplimiento de la legalidad, en cualquier circunstancia, que enarboló el ´Presidente legítimo´, lo hicieron merecedor de la admiración de propios y extraños. Nadie pudo ver entonces al candidato Al Gore hacer pataletas o convocatorias a la subversión del orden establecido, como sucediera unos años más tarde en México con el equivocado Andrés Manuel López Obrador.
Pudo entonces, el ex vicepresidente, dedicarse de lleno a su pasión vital: la defensa del medio ambiente y el ecosistema planetario. Se convirtió, como dice el boletín de la academia sueca que le confiere el Nobel, en la personalidad que más hizo individualmente por la preservación y conservación de nuestro hábitat en todo el mundo. Al Gore recorrió varias veces el planeta entero para crear conciencia acerca de los peligros del cambio climático, el calentamiento global, el deterioro de los recursos naturales renovables, la disminución de la biodiversidad y otros elementos que atentan en contra del desarrollo sostenible de la humanidad.
Especial mención merece el documental que realizó para graficar sus conferencias y que denominó de manera harto sugestiva: ´Una verdad incómoda´. El mencionado audiovisual es una descarnada y brutal denuncia de las condiciones medioambientales en la que nos encontramos actualmente. Con valentía y coraje demuestra que, de no mediar cambio en la actitud de los países industrializados, nuestro desvencijado mundo tiene las horas contadas. No se trata, como podría inducirse, de un producto alarmista y lleno de efectos para causar falsas impresiones, tal como insinuara de manera desaprensiva la revista ´Newsweek´, sino más bien de un cuidadoso material basado en pruebas científicas incontrastables. El mundo se nos muere, nos parece gritar Al Gore desde la pantalla, para nuestros oídos especialmente sordos ante la inminente catástrofe.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
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