El descontento de El Alto Cuando el conflicto parecía resuelto, quienes demandaban aulas se sumaron a quienes reclamaban seguridad ciudadana y el cierre de locales, donde, según afirman, sus hijos adoptan malas costumbres y se acercan a vicios como el alcohol y las drogas.
De las marchas y los petardos los pobladores de El Alto pasaron al ataque a locales, agresiones —a civiles y policías— y a la violencia descontrolada para exigir demandas que hace varios meses no fueron atendidas.
Esa desidia moldeó el descontento que ayer explotó y que podría desembocar en hechos que nuevamente pongan a esta joven ciudad en el centro de la atención, y que obliguen no sólo a la intervención del gobierno local, sino a acciones desde el Ejecutivo para atender sus pedidos.
Dos demandas se conjuncionaron ayer y las manifestaciones para exigir su cumplimiento terminaron en destrozos en al menos 15 lenocinios, bares saqueados y comerciantes agredidos, felizmente no hubo víctimas fatales ni daños de consideración a personas. La peor parte la llevó una joven de pollera que al ser encontrada en uno de los locales afectados fue desnudada en público y la turba se ensañó contra ella.
Ante una oferta el año pasado del entonces ministro de Educación Félix Patzi, el lunes y el martes sendas marchas en La Paz y El Alto tomaron las calles para exigir que se cumpla lo prometido. Paralelamente, hubo otro pedido que fue presentado en febrero por padres de familia —y en algunos casos por los propios jóvenes— para controlar la proliferación de bares y garantizar la seguridad ciudadana. El anuncio de esta última demanda no fue pacífico, ya en ese mes hubo pedradas contra los locales que venden bebidas alcohólicas a los estudiantes que circulan por la, ya famosa, zona 12 de Octubre y se concentran en los locales de la Ceja de El Alto.
En el primer caso, la Alcaldía debía ser la contraparte para construir 1.000 aulas en las escuelas alteñas, pero el efecto de la apreciación del boliviano le jugó una mala pasada a los cálculos y provocó una brecha que será cerrada por la comuna de El Alto.
Cuando el conflicto parecía resuelto, los padres que demandaban aulas se sumaron a quienes reclamaban seguridad ciudadana y el cierre de locales donde, según afirman, sus hijos adoptan malas costumbres y se acercan a vicios como el alcohol y las drogas. Esta conjunción de demandas desembocó en el ataque a los locales y quienes exigían seguridad dieron otra jornada de estallido social a esa ciudad, a tal punto que obligaron a la Policía a pedir refuerzos desde La Paz y al uso de los carros antidisturbios que amedrentan a los manifestantes con agua.
Y cuando la situación aún estaba candente surgieron voces contra el Alcalde y el Concejo Municipal, contra la Policía y el Ministerio de Gobierno, y contra las autoridades educativas de la comuna y del Gobierno central. Por la vocación política de El Alto, esas acciones por respuestas a sus demandas, como son la educación y la seguridad ciudadana, esperan acciones del Estado en sus diferentes niveles.
Tras el enfrentamiento, El Alto durmió en paz pero con el recuerdo de otro 17 de octubre y de otras demandas. En todo caso, hay muchos temas pendientes que espera la segunda ciudad del país. La demanda de aulas y seguridad ciudadana son señales de descontento que podrían dar pábulo a reclamos que estén al margen de la racionalidad, cuyo escenario de demanda sea el del conflicto y el enfrentamiento, y la inevitable zozobra de los pobladores de una ciudad que espera paz.