Entre las propuestas de reforma a la Constitución, se está debatiendo la posibilidad de transformar el Parlamento bicameral hacia el unicameralismo. El unicameralismo ha sido adoptado en la mitad de los países de la región, de los 18 países iberoamericanos 9 son unicamerales. Es también el sistema más extendido en el mundo, es decir, de un total de 180 países que conforman la Unión Interparlamentaria sólo 64 son bicamerales y 116 son unicamerales. Las ventajas que se suelen encontrar en el unicameralismo son la eficiencia, ya que las decisiones se producen en un solo lugar, la agilidad de la gestión, el ahorro, porque implica la reducción de parlamentarios, así como un sentido de mayor responsabilidad de quienes toman las decisiones.
Sin embargo, su aplicación ha generado complejos problemas institucionales relacionados con los contextos en que se ha aplicado, por ejemplo, conflictos más agudos entre el Ejecutivo y el Parlamento que tienden a ser amortiguados por la existencia de dos Cámaras, una disminución de las funciones legislativas por la concentración de labores y finalmente, han dado como resultado el debilitamiento institucional del Parlamento.
El sistema bicameral tiene muchas más posibilidades en distintos sentidos. Lijphart aporta una aproximación teórica instrumental relevante para apostar por el Parlamento bicameral en base a dos criterios complementarios. El primero está referido a las competencias legislativas y la distribución de poder. El bicameralismo permite una mayor desconcentración de las decisiones, ya que la
segunda de las Cámaras se constituye en una instancia de balance y equilibrio político respecto de la primera. Asimismo, permite una especialización de funciones con el fin de abarcar las labores parlamentarias de manera más eficiente, aunque luego las decisiones se asuman en las dos Cámaras.
El segundo criterio se refiere a la composición de las Cámaras producto de sistema de elección, el
bicameralismo permite una representación distinta y más amplia. Por ejemplo, mientras una Cámara representa a ciertos sectores específicos, la otra puede abarcar una representación proporcional y territorial. El bicameralismo es más adecuado en regímenes autonómicos (ya sean departamentales o regionales), pues mientras una Cámara representa a la comunidad, la
segunda se constituye en un instrumento de integración, representando a unidades subnacionales. Pero además, resulta particularmente relevante en sociedades abigarradas y heterogéneas, porque amplía la representatividad.
En síntesis, los argumentos en favor del bicameralismo residen sobre todo en que la existencia de dos Cámaras se constituye en una suerte de resguardo ante la concentración del poder, posibilita una reflexión más amplia y cuidadosa sobre las decisiones, y permite establecer diversos esquemas de representatividad más plurales y diversos. Por estas razones, consideramos que la discusión entre uni o bicameralismo no puede reducirse a urgencias políticas coyunturales, por ejemplo de eliminación del Senado, porque circunstancialmente es mayoritariamente opositor y obstruye ciertas políticas gubernamentales. Es necesario trascender estas visiones inmediatistas para poner atención en los argumentos de fondo proyectados hacia el mediano y largo plazo.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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