Superado el impasse Es de esperar que las relaciones entre Bolivia y EEUU mejoren de hoy en adelante, y que ambos países mantengan los niveles de respeto mutuo y cooperación solidaria, buscando el provecho de la unión, en vez de crear problemas intrascendentes.
Las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Estados Unidos han sido, por lo general, cordiales. No han existido inconvenientes graves y la cooperación estadounidense ha sido permanente, aun cuando los sucesivos gobiernos nacionales no la han considerado suficiente. Uno de los argumentos que exhibe Bolivia para esperar más ayuda es que, cuando se produjo la II Guerra Mundial, el país, en calidad de aliado de EEUU, le vendió a muy bajo precio su estaño. Ese estaño vendido a precio de aliado entró dentro de las reservas estadounidenses y en los juegos del mercado, EEUU definió los precios, que perjudicaron finalmente a Bolivia.
Pasados más de 60 años de aquellos tiempos, lo que vale es lo actual. Y en la última etapa democrática las relaciones se han llevado en buena forma. A EEUU le interesó en Bolivia la lucha contra el narcotráfico, definida como una política de "desarrollo alternativo", que alcanzó algunos éxitos importantes en la sustitución de cultivos, pero que no pudo imponerse, como EEUU desea, a la producción de la coca. Además, el Gobierno estadounidense ha impuesto —en toda América— la defensa de los derechos humanos, con resultados variables pero que menguaron notablemente la represión descarada y cruel del Estado. Estados Unidos, que había impuesto dictaduras militares radicales en épocas de la Guerra Fría, porque le convenía, cambió su política a partir del presidente Carter, y se establecieron los gobiernos democráticos, alentados con firmeza por la nación del Norte.
No obstante, los estadounidenses siempre han tenido frentes antiimperialistas en todas las naciones latinoamericanas. Las protestas contra la explotación de que son objeto las naciones pobres resultan permanentes. Y los partidos de izquierda —o los gobiernos de esa tendencia— reclaman una relación más justa, que, con sus ventajas y desventajas, se están traduciendo en los Acuerdos de Libre Comercio, donde Bolivia se ha negado terminantemente a ingresar, optando por acuerdos comerciales ALBA-TCP donde están congregadas las naciones pobres, alejadas de los grandes bloques económicos, lideradas por Venezuela.
El gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) ha demostrado su posición frente a EEUU. Su inclinación, desde el principio, fue hacia Cuba, Venezuela, las nuevas administraciones de Nicaragua y Ecuador, y naciones como Irán.
Últimamente se produjo un impasse complicado entre el Gobierno nacional y el embajador estadounidense acreditado en La Paz, que, luego de algunos días de tensión, ha quedado zanjado. En este capítulo de lima de asperezas habrá que destacar la función del canciller David Choquehuanca, que adoptó una postura más mesurada que el entorno presidencial. Choquehuanca hizo lo que se tenía que hacer, es decir resolver el impasse aceptando las explicaciones del embajador Philip Goldberg por la vía diplomática y en el seno de la Cancillería.
Es de esperar que las relaciones entre Bolivia y EEUU mejoren de hoy en adelante, y que ambos países mantengan los niveles de respeto mutuo y cooperación solidaria, buscando el provecho de la unión, en vez de crear problemas intrascendentes que sólo malogran una relación que data de varios años. En suma, hay que saber guardar las proporciones.