Desde el grano hasta la taza de café inspiraron la exposición Cafeloquio de David Lanza, quien reveló su fase artística en el FotoEncuentro 2007.
Texto: Redacción Mía Fotos: David Lanza
“El café, para mucha gen- te, es la batería inicial del día”, comenta el abogado David Lanza, quien se dejó seducir por los aromas de los granos y encontró en las tazas un universo de formas.
Dejando el Derecho por unos momentos, tomó la cámara y liberó al artista. Distintos escenarios que muestran una simbiosis entre el grano y la taza de café quedaron atrapados en su lente.
Ese registro visual que atrajo muchas miradas fue parte de la versión 2007 del FotoEncuentro. Y es que una taza de tinto café puede animar a muchas cosas... y hasta convertirse en el tema central de una muestra.
Pero, ¿por qué el grano y su esencia? Porque Lanza se reconoce fanático del café. “Soy de los que no se conecta al día, sino me tomo una tacita de café”.
Ese gusto se extiende a conocer íntimamente el producto, los procesos de su cultivo, sus virtudes y la variedad de sus preparaciones, pues cuenta con una propiedad cafetalera; “es algo mágico”, dice.
El conocer de cerca los procedimientos que implican la producción de un cafetal hace que Lanza destaque, desde el arte, el esfuerzo del agricultor, “ese trabajo pródigo del hombre en estricta consonancia con la naturaleza. En cambio, la taza de café significa calidez y sensualidad, lo que implica otro escenario”, el cual puede traer consigo diferentes temas.
“La taza de café puede ser un motivo, o una excusa, para reuniones sociales, amistosas o afectivas, para citas y otros”. Y eso es lo que muestran las fotos, la simpleza del grano hasta la taza como una práctica social.
“He tratado de encontrar en las palabras (que titulan las imágenes), similitudes que tengan diferentes significados, y así mostrar distintos elementos. Por ejemplo, en una foto muestro la planta del café y en la otra, una planta industrial”, explica Lanza mientras saborea un café.
¡A Tomarse un cafecito!
El café, como práctica social, poco a poco ha ido sustituyendo el tradicional té. Hasta hace un tiempo, la gente optaba por tomar una taza de té para conversar. Sin embargo, ahora se prefiere ir a tomar un “cafecito”.
Para el sociólogo René Pereira, este acto es un encuentro social, a pesar de que la gente tenga o no el gusto por un exquisito café. “Alrededor de la taza de café se reúnen ciertos grupos de personas, los que en su mayoría no son muy jóvenes. Ahí se entretejen varias conversaciones, se discuten visiones, se hacen empresas, negocios y proyectos, pero también se mueve una gama de confidencialidad, especialmente entre las mujeres”, explica el profesional.
Con esta apreciación coincide la sicóloga Mónica Quitón, quien también indica que son más las mujeres las que asisten a los cafés.
“Creo que ir a tomar un café es una buena manera de socializar y relajarse. Además, sugiere un ambiente especial en el que uno se siente cómodo consigo mismo”. También permite encuentros, desde los más íntimos hasta los más protocolares. Una taza de café acompaña soledades y horas largas de trabajo.
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