Dicen que Potosí es la ciudad boliviana con más vehículos marca Hummer per cápita. Y también que es la ciudad donde los jornales son los más altos de Bolivia. Por lo tanto, estamos ante el caso de que un vehículo de moda, de moda para un país con tan malas carreteras, si las hay, como Bolivia, se convierte en un índice de medición del ingreso.
También dicen que los potosinos no pueden llevar sus Hummer a las calles del centro, porque no caben. O hacen ensanchar las calles del centro histórico o achicar sus todo terrenos. Serán vehículos todo terreno pero no toda calle.
En Tarija, en cambio, sólo hay un Hummer. Y es la ciudad capital del departamento que más ingresos recibe por las regalías del gas, de ese gas que está en proceso de extinguirse. Potosí, como se sabe, es la capital más minera del mundo.
En estos días de debate sobre las regalías se ha repetido el argumento de que los ´departamentos ricos´ en ingresos petroleros deberían aceptar compartir sus recursos con los ´departamentos pobres´. La prédica dice que deberían ser solidarios. Ni el argumento ni la prédica toman en cuenta el índice de los Hummer, consecuencia de que no tienen en cuenta las diferencias entre la actividad minera y la petrolera.
En la industria petrolera no existen empresas chicas o cooperativas, como en cambio existen en la minería. En la industria petrolera, por su naturaleza, por el costo de sus equipos y la magnitud de sus operaciones, la actividad está concentrada en grandes empresas.
Por lo tanto, estamos ante el caso en que hay una industria, la minera, donde los excedentes se distribuyen antes del pago de los impuestos, si es que alguien paga impuestos. En cambio, la industria petrolera es concentrada y todos los excedentes se distribuyen después de pagados los impuestos.
A juzgar por las estadísticas, los impuestos que pagó la minería el año pasado sólo representaron siete por ciento del valor de las exportaciones mineras. Mientras que los impuestos que pagó la industria petrolera representaron 70 por ciento de las exportaciones.
La industria minera paga muy pocos impuestos, cuando los paga, y por eso es que florecen los Hummer en las ciudades mineras, mientras que escasean en las ciudades supuestamente petroleras y supuestamente ricas. Los departamentos pobres distribuyen la riqueza directamente. Es como si rigiera la ley de que el cofre está abierto y que cada quien puede llevarse lo que puede, según el tamaño de sus manos.
El tema es incómodo, porque surge del error de concebir como única riqueza los ingresos que genera la explotación de recursos naturales no renovables. Y lo es más todavía cuando, como en este caso, no se toma en cuenta la naturaleza de cada una de las industrias.
Pero si nos mantenemos en estos criterios, tendremos que admitir que en la perspectiva los Hummer o sus equivalentes del futuro desaparecerán de Potosí y de Tarija y de todas las ciudades del país que no hayan desarrollado actividades económicas permanentes, que no dependan de la explotación de recursos naturales no renovables.
Es el caso de la ciudad china U Shi, cuyo nombre quiere decir ´sin estaño´, porque sus habitantes llegaron a la conclusión de que los lugares donde hay estaño o riquezas naturales no renovables, tienen a la larga muy mala suerte.
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