A más calor, la migración será a tierras altas Por cientos o miles de años, regiones como el altiplano han guiado su actividad agrícola a través de indicadores naturales, cuya interpretación hoy es cada vez menos precisa debido a los bruscos cambios climáticos.
Como sucediera por generaciones, el pequeño leke leke aún elige dónde poner sus huevos en las regiones próximas al lago Titicaca. A veces cerca de una loma, en tierras altas, y en ocasiones en una hoyada, en la parte baja. Antes, esto era señal cierta de lluvias o sequías; hoy la población no está del todo segura de que así suceda.
El escurridizo kamaque o zorro andino todavía aúlla fuerte entre septiembre y octubre para anunciar la primera siembra. En otros años si se retrasaba, los agricultores sabían que habría una última siembra; hoy las predicciones son menos precisas.
Una última. El pajarito qiri qiri suele construir su nido en las hojas de las totoras —planta que es utilizada para predecir las heladas—, lo que en interpretación de los pobladores aymaras de la región es una señal segura de que habrá lluvias y en consecuencia las aguas del Titicaca crecerán. Por lo general, esta ave anida antes de julio y agosto; pero los últimos años lo ha hecho entre agosto y septiembre.
A estos ejemplos —ampliamente estudiados en el libro Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en Bolivia, editado por el Programa Nacional de Cambios Climáticos (PNCC)— pueden sumarse muchos otros, con una sola conclusión: que si bien todos estos indicadores del saber andino son utilizados como en tiempos pasados, las interpretaciones ya no son del todo precisas.
¿Qué está pasando?
La respuesta es tan directa como compleja. Si hoy no es tan fácil observar y estudiar la naturaleza como antes y utilizarla para predecir algunos fenómenos con la “exactitud“ de años pasados, no es —dice Javier Gonzales, responsable de Proyectos de Estudios del PNCC— porque estos bioindicadores ya no sirvan, sino porque ya no se ajustan a los mismos parámetros ni a las mismas condiciones debido a que simplemente la naturaleza está cambiando a un ritmo más veloz de lo que los animales, las plantas y la propia humanidad tardan en adaptarse.
La causa principal es lo que hoy el mundo conoce como cambio climático, que es la “modificación acelerada de procesos y factores del clima —como las temperaturas, las lluvias, la humedad o los vientos, entre otros—, causados directa o indirectamente por actividades humanas que alteran la composición global de la atmósfera, a través de la acumulación excesiva de gases“, según se lee en una cartilla informativa y didáctica de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).
Este último fenómeno —de acumulación de gases (como dióxido de carbono, metano u óxido nitroso)— en la atmósfera, se denomina “efecto invernadero“, que en realidad siempre existió porque permite almacenar parte del calor del Sol, lo que a la vez asegura mejores condiciones de vida en el planeta.
Sin embargo, lo que ha sucedido las últimas décadas es que el calor acumulado se ha ido incrementando debido, principalmente, a la actividad de las industrias. “Si la situación sigue así, las consecuencias pueden ser fatales“, dice el coordinador general del PNCC, Óscar Paz.
¿Cómo, en concreto, le afectará este fenómeno al país y por qué “las consecuencias podrían ser fatales“?
Quizá el evento más crónico es el retroceso o deshiele de los glaciares, que a la vez producirá un serio desabastecimiento de agua y energía eléctrica a ciudades como La Paz y El Alto.
Otros impactos igual o más serios que el anterior son —según un estudio reciente de la Comunidad Andina de Naciones— la desertización de la zona del Chaco, y la llegada de inundaciones, en especial en tierras bajas.
Ante esto —sigue Paz— “no nos queda otra que adaptarnos´ (ver entrevista en una página siguiente), un trabajo que debe comenzar desde los municipios, que son los más vulnerables a estos efectos, hasta el Gobierno central.
Desde luego, no puede olvidarse al globo en su conjunto, que a través de la comunidad internacional deberá también aportar y hacer lo suyo.
PARA SABER
Acuerdo de Kyoto • Es el pacto internacional, firmado en 1997, mediante el cual los países desarrollados se comprometen a tratar las preocupaciones y los principios sobre medio ambiente y desarrollo sostenible. De esta manera, se plantean vías para la emisión de gases de efecto invernadero.
Mitigar el cambio • Si la temperatura sigue subiendo al ritmo actual, y siempre y cuando no se tomen medidas inmediatas de prevención, en otros 10 ó 20 años aumentará a 1,5 y 2 grados, lo que puede derivar en efectos fatales y catastróficos para la humanidad.