La creciente importancia económica de los países emergentes ha dado fuerza a su solicitud de mayor peso en los organismos multilaterales, como quedó de manifiesto en la asamblea anual conjunta del FMI y el Banco Mundial, que concluyó el lunes.
Con EEUU de capa caída por los problemas en el sector de hipotecas de alto riesgo y el consiguiente endurecimiento del acceso al crédito, las naciones emergentes se ven en la inusual situación de tener que mantener a flote el crecimiento global.
El propio secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, reconoció el lunes esa situación, y señaló que China, India y Rusia contribuyen actualmente a la mitad del crecimiento global.
“Los mercados emergentes están creciendo más del doble de rápido que las economías industrializadas y representan una porción cada vez mayor del comercio y la inversión global”, dijo.
Puede que esa creciente importancia explique el tono combativo con que acudieron a Washington algunos dirigentes de las naciones emergentes. Uno de ellos fue el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, que criticó al FMI por no estar preparado ante la reciente crisis y por sus “cautelosas” recomendaciones a los países avanzados, muy distintas a los “planes de ajuste” a los que está acostumbrado el mundo en desarrollo.
El G-24, un grupo intergubernamental conformado por países en desarrollo de África, Asia y Latinoamérica, recordó que no están dispuestos a contentarse con cambios “cosméticos”.
Por el momento, se van a casa sin resultados muy tangibles, pero con la promesa de que están llamados a jugar un papel más importante del desempeñado hasta ahora. Washington, EFE