La música barroca, las orquídeas y ahora las aves rapaces que surcan su cielo para migrar por miles, atraen a turistas y cambian la vida del lugar.
Texto y fotos: Mabel Franco Ortega
Los lugareños saludan a todo aquel que se cruza por su camino. Como los vecinos se conocen todos, un extraño llama la atención de inmediato. Así que, fieles a sus costumbres hospitalarias, niños y ancianos salen al paso con su ´buen día´ o ´¿cómo está?´.
Claro que esta amable práctica se hace cada vez más difícil, sobre todo en días de festival —la población chiquitana tiene ya dos grandes y se apresta a iniciar un tercero en noviembre—, cuando los turistas llegan por centenares.
Concepción de la Virgen María, nombre con que los jesuitas bautizaron a esta misión al este de Santa Cruz, llegó a ser el pueblo más próspero de los que fundaron en el siglo XVIII los evangelizadores en el llano de la actual Bolivia.
Ese dinamismo se vería luego opacado, cuando los religiosos salieron de las colonias españolas expulsados por la corona. Claro que la semilla que sembraron cayó en tierra fértil, pues los indígenas cultivaron y preservaron la herencia que habían ayudaron a crear.
Hoy, cuando se visita Concepción, el pueblo construido sobre tierra rojiza, en contraste con el verde que le da la naturaleza y a tono con sus casas coloniales y su templo barroco, uno no se imagina que este primoroso conjunto estuvo a punto de perderse.
Concepción, como pasa con el resto de las misiones chiquitanas, es un milagro de sobrevivencia y recuperación. La primera empresa fue restaurar su iglesia, que hoy es el corazón de la vida no sólo espiritual sino económica del lugar. Los turistas recorren miles de kilómetros para verla y admirar su exquisita ornamentación.
Lo otro, lo que se podría calificar como la sangre que insufla vida a las misiones, es la música.
En torno a ella se ha creado un festival bianual en 1996, con resultados que confirman la admiración que sintieron los jesuitas ante pueblos de exquisita sensibilidad y habilidad, tanto para construir instrumentos como para ejecutarlos. Es en Concepción donde se encuentra el Archivo musical de Chiquitos, tan importante como el de San Ignacio de Moxos.
Pero el pueblo ubicado a cinco horas por carretera, desde la capital cruceña, es también naturaleza. Las orquídeas silvestres crecen en el exuberante monte y adornan cada casa de los vecinos.
Uno de ellos, Oswaldo Parada, se dejó fascinar por la flor que encierra fórmulas geométricas, pues debe formar triángulos con sus pétalos para acercarse más y más a la perfección. En los jardines de su hotel, el más grande de Concepción, las dejó anidar en los árboles, luego cultivó las plantas en maceteros, en tronquitos y, cuando se dio cuenta, ya era un orquideófilo.
Nace un festival
La idea inmediata fue: si la música atrae al turismo, ¿por qué no esta flor que tiene legiones de fanáticos en el mundo? Así que Alcaldía, Prefectura y Centro para la Participación y el Desarrollo Sostenible (Cepad), que dirige Carlos Hugo Molina, se unieron para crear el Festival de las Orquídeas que acaba de celebrar, del 12 al 14 de octubre, su séptima versión.
Si aún hay dudas sobre el poderoso motor que puede ser el turismo para el desarrollo, ahí está Concepción para despejarlas. Hace cinco años, durante el cuarto festival de música barroca, el lugar era todavía el pueblo chico, con escasa oferta de servicios. Y eso que ya la música lo había puesto en el mapa de quienes viajan para encontrar algo diferente.
Este 2007, el dinamismo que ha ganado causa sorpresa. Tiendas, pequeños mercados, ferias callejeras, karaokes, más hoteles y alojamientos, cafés, música altisonante en la plaza, mototaxis llevando gente hasta las comunidades cercanas... Esta población de la provincia Ñuflo de Chávez va camino a convertirse en una ciudad intermedia. Todo, por cultura y paisaje.
De paso, los pueblos indígenas, sumidos en la pobreza, comienzan a recibir los beneficios de este movimiento. Algunos trabajan con las artesanías, entre las que destaca el tallado en madera. Hay también bordados y prendas de vestir que, se vio el fin de semana dedicado a la orquídea, llevan como detalle la flor en su color natural: el fucsia.
Si bien es pronto para hablar de exportación de plantas y flores, a ello apunta el festival. ´A poner a Bolivia en el mapa de las orquídeas a nivel mundial´, posibilidad que exigirá trabajo y tecnología, según ha diagnosticado el experto brasileño César Wenzel, pero que los habitantes de Concepción están dispuestos a emprender. Por lo pronto, su ´orquilocura´ se ha contagiado a gente de otros puntos del país, como el Monteagudo chuquisaqueño que envió a una delegación para tomar notas.
El turno es de las aves
Por si lo dicho fuese poco, Concepción es un Santuario de las Aves Rapaces. El Hawk Montain Santuary de EEUU, entidad dedicada al estudio y conservación de estos animales en el mundo, organiza un festival temático.
Cristian Olivo, su representante en Bolivia, coordina con las autoridades regionales la fiesta que se vivirá del 9 al 11 de noviembre.
Los visitantes podrán observar cómo migran miles de milanos boreales, plomizos, tijereta, águilas langosteras y aguilillas pescadoras, entre muchas otras que tienen en Concepción el punto de paso para buscar nuevos aires.