La televisión dejó por un momento, en sus noticieros centrales, su monotemática obsesión por la política para brindarnos unos minutos deliciosos de leyenda urbana, dignos de figurar en cualquier antología sobre el asunto. Resulta que los comensales del comedor universitario de la Universidad Mayor de San Simón de la ciudad de Cochabamba, decidieron, seguramente en un rapto de lucidez prosaica, festejar un acontecimiento, invitando a media docena de señoritas y muchachos para que exhiban con generosidad las hermosas protuberancias con que la naturaleza los había adornado. Hasta allí no había mucho de extraordinario, es decir nada que no se viera en cientos de locales nocturnos en aquella u otra ciudad de Bolivia. Tal vez lo único notable era que el público parecía, a juzgar por la cantidad de gente, los gritos y las barras, más propio de una corrida de toros, que de un espectáculo nudista.
Lo realmente interesante vino después. La reacción de los dirigentes estudiantiles y de las autoridades universitarias fue de una santa indignación que parecía provenir de Torquemada. Apelaciones a la “moral y las buenas costumbres”, solicitudes de “castigos ejemplares”, invocaciones a “erradicar de cuajo la indecencia” y otras lindezas parecidas, brotaron cual manantial inagotable de los labios de los eventuales jueces y fiscales de la “ética universitaria”.
Un dirigente estudiantil expresaba su pesadumbre y desaliento, afirmando que “lo más increíble” era que el supuesto acto de barbarie pornográfica se había cometido “al mismo tiempo” que el desarrollo de las solemnes sesiones del “magno” congreso universitario, convocado precisamente para sacar a la Universidad de una dilatada crisis institucional y académica. Por lo que se pudo observar en la televisión, el bacanal festejo de los comensales cochabambinos convocó a mucha más gente que el famoso congreso… y no quiero ni comentar acerca del entusiasmo que uno y otro evento causaron en la platea.
Hace tiempo que no asistíamos a un evento de hipocresía social tan evidente como el que estamos haciendo referencia. Me pregunto yo ¿cómo es posible que en pleno 2007, se pretenda condenar una fiesta de jóvenes en la que el sexo es el principal invitado y protagonista? ¿alguien me podría hacer el favor de explicarme qué tiene de condenable que muchachas y muchachos mayores de edad se diviertan viendo bailar y contonearse semidesnudos a unos congéneres agraciados?
Hasta que escuché a los indignados, no creía que la universidad era una iglesia en la que se practicaba un culto ocultista y conservador… pensaba que era un espacio donde se ejercitaba la libertad, la tolerancia y el respeto a la diversidad. Sobre todo estaba convencido de que allí los jóvenes tienen el derecho a liberarse de todo tipo de ataduras y taras decimonónicas para enrumbarse en la búsqueda de la felicidad… que tiene en el placer su principal vehículo.
Un verdadero llamado de atención sobre cuán reprimidos, obtusos e intolerantes podemos ser, tuvimos como resultado de una filmación con celular, que nuestra televisión nacional nos tuvo a bien revelar. ¡Mucho cuidado con los severísimos custodios de la moral pública!... cuidado ellos, digo, porque hay demasiados celulares con cámara escondida.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
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