La urgencia de atraer inversiones Desde hace 19 meses, cuando comenzó el gobierno del presidente Evo Morales Ayma, se esperan inversiones de empresas estatales de países amigos, pero siguen demorando, incluso cuando la falta de inversiones comenzó a provocar esta crisis.
El ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas, y el presidente de YPFB, Guillermo Aruquipa, están haciendo visitas a empresarios de Estados Unidos y de Brasil para convencerlos de venir a invertir en Bolivia en el sector petrolero. Las gestiones hechas en Estados Unidos encontraron un clima de escepticismo de parte de las empresas y del periodismo, pues los informes que llegaron hablan de la poca posibilidad de que las inversiones vuelvan a Bolivia, y mucho menos con los plazos urgentes con que se las precisa ahora.
Las informaciones dicen que el ministro Villegas hizo todos los esfuerzos para asegurar a los empresarios extranjeros que en Bolivia las inversiones tienen todas las garantías posibles. Y es probable que el ministro haya mencionado también, como atractivo, el hecho de que Bolivia tiene firmados por lo menos dos contratos para la provisión de gas natural a Brasil y Argentina, con lo que se llena un requisito decisivo para las inversiones, que es la existencia de mercados asegurados.
Las visitas de los funcionarios bolivianos tienen un tono de urgencia, en vista de que la producción de gas natural se ha estancado desde hace tres años, cuando comenzó la tensión política en Bolivia. Un volumen de producción estancado se hace dramático cuando el volumen demandado está en aumento, como es el caso ahora en el país.
En efecto, los volúmenes que deben ser enviados a Brasil y Argentina prevén un incremento que ahora está precisamente en el momento de alcanzar las cifras máximas. Y, al mismo tiempo, se presenta el caso de que el consumo interno crece a un ritmo acelerado como consecuencia de políticas de incentivo elaboradas cuando había certeza de que la producción iba a crecer sin inconvenientes.
Por supuesto que las empresas petroleras que recibieron la visita de los funcionarios bolivianos hicieron notar que los niveles tributarios que se aplican en Bolivia son muy altos. En esta imagen ha perjudicado mucho la propaganda que se hizo sobre una carga tributaria de 82 por ciento, inspirada en propósitos de política interna, aunque no corresponda a la realidad.
Por lo tanto, la situación del sector de hidrocarburos muestra una clara indiferencia de los inversionistas mientras, por otro lado, crecen los compromisos de usar los recursos provenientes de los impuestos del sector. El país se ha hecho a la idea de que los ingresos que genera la explotación del gas deben cubrir todas las necesidades. En estos días se observa cómo el Gobierno central, las regiones y las universidades estatales se disputan los recursos generados por la tributación petrolera. El país está dependiendo, para muchas necesidades e ilusiones, de los ingresos de un sector que está en crisis.
Desde hace 19 meses, cuando comenzó el gobierno del presidente Evo Morales, se esperan inversiones de empresas estatales de países amigos, pero siguen demorando, incluso cuando la falta de inversiones comenzó a provocar esta crisis. La empresa venezolana PDVSA fue la primera en ofrecer, pero no ha cumplido todavía. Le siguieron empresas chinas, rusas e iraníes, además de la argentina Enarsa, pero sin que ninguna haya cumplido. Lo angustioso es que hay compromisos inexcusables para vender gas a dos países vecinos.