Desde niña fue líder de su vecindad. Se gradúa como abogada y poco después se afilia al justicialismo y de ahí para adelante inicia una carrera política que la condujo a ser diputada provincial por Santa Cruz y después al Congreso Nacional como diputada y senadora. Caracterizada por su acento jerárquico, carácter fuerte, ambición y una promisoria carrera dentro del Legislativo argentino, llega Cristina Fernández de Kirchner en el año 2003 dispuesta a hacer de la Casa Rosada algo más que su hogar.
Siendo poseedora de habilidad política y diplomática, Cristina se presenta como una lideresa de rango internacional que promete una política atenta a la economía, pero al mismo tiempo pendiente de lo social. Además, ella no se ha reducido a cumplir con el papel protocolar de primera dama, sino más bien lo ha redefinido, poniendo al servicio público su capacidad, tiempo y su energía, privilegiando la maternidad, la familia, la crianza de los hij@s, la defensa de las mujeres oprimidas, el respeto a los Derechos Humanos, la educación y todo esto y más, sin dejar de lado las correspondientes obligaciones y responsabilidades que implican ser senadora.
Como mujer, ella se ha visto obligada a enfrentar públicamente adversidades y dejando de lado las duras críticas que recibió por ser la esposa del Presidente en ejercicio, por comentarios mediáticos por “excesos” de maquillaje y por el refinamiento de su indumentaria, entre otras, Cristina ha sabido reconciliar elegantemente su vida pública con los resabios de una sociedad patriarcal logrando que la maledicencia política no le impida establecer una plataforma electoral que evidencia solidez, preparación, capacidad, seguridad, nobleza e incluso comprensión.
Con un respaldo del 43% de argentin@s (sondeos a boca de urna) el pasado domingo 28 de octubre —y votada mayoritariamente por mujeres—, Cristina Fernández reemplazará a partir del 10 de diciembre a su esposo —el actual presidente Néstor Kirchner—, pasando a la historia tras convertirse en la primera mujer argentina elegida para acceder a la Presidencia por voto popular y además por ser ella la primera dama elegida para proseguir a su esposo en un cargo público. Porque, si bien María Estela Martínez de Perón —quien era primera dama y vicepresidenta— asumió la jefatura de Estado en 1974, se debió al fallecimiento de su esposo Juan Domingo Perón.
Hoy a sus 54 años, la mujer, madre de dos hijos, abogada, senadora y primera dama argentina es el prototipo de la esposa moderna, capaz e inteligente. Cristina evidencia que es una mujer de acción, autónoma y emancipada, así como lo han sido tantas emblemas del feminismo latinoamericano.
Hoy es a Cristina Fernández a la que su sueño de llegar a la Casa Rosada se le ha tornado una realidad y, ahora le toca a Néstor aceptar el papel secundario de esposo de la Jefa de Estado. Ella representa un riesgo para el actual presidente Néstor Kirchner al sugerirse como la Omphale, la figura mítica que vistió al poderoso Hércules de mujer y lo mandó a realizar las tareas del hogar. Ella tenazmente se ha ganado su espacio. Pacientemente ha esperado su momento, y le ha llegado... Cristina tiene el capital político y llegó la hora de invertirlo.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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