Se va el terror y llegan las almas Algunos compatriotas radicados en el país del norte, especialmente de Cochabamba, mantienen la celebración de Todos Santos. Sin embargo, aquellos que nacieron en Estados Unidos adoptaron como suya la fiesta del 31 de octubre.
Muchos bolivianos que viven bastante tiempo en este país, que ya pertenecen a la segunda o tercera generación, han adoptado el Halloween como su fiesta de los muertos.
Sin embargo, hay todavía familias, principalmente del Valle Alto cochabambino, que mantienen sus tradiciones y arman sus pequeñas mesas para recordar a sus seres queridos en la celebración de Todos Santos.
La palabra Halloween es una contracción de la expresión inglesa All Hallow’s Eve. Literalmente, significa “Víspera de Todos Santos”.
Aparentemente, pues, esta celebración macabra y humorística anglosajona estaría vinculada a una fiesta solemne y considerada como de estricta observancia por la Iglesia Católica: el 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos. Pero esto no es del todo cierto y en Estados Unidos tiene tintes más comerciales porque se ven las tiendas abarrotadas de ávidos consumidores que van en busca de sus disfraces y adornos de la fecha.
Gran parte de la comunidad boliviana no está ausente de esta suerte de consumismo exacerbado y también asume como suya esta costumbre que mueve millones de dólares en este país.
Motivados por algunas discotecas como Portales, El Pike y otros, la noche del 31 de octubre y madrugada del 1 de noviembre, muchos compatriotas salen disfrazados a disfrutar de una noche muy alegre y fría, a la vez, por la estación otoñal que reina en esta región. Abundan los concursos de disfraces y los premios van desde $us 100 a 500.
Así, en Estados Unidos, Halloween evoluciona también con los inmigrantes y se desentiende de la tradición cristiana. Halloween se convierte en una noche con aura de débil misterio, brujas, fantasmas, duendes, espíritus, pero sin que se pierda el ánimo festivo y el buen humor.
De acuerdo con datos de la Federación Nacional de Ventas al Por Menor (National Retail Federation), las ventas de golosinas alcanzaron en el pasado año los 1.800 millones de dólares, las de disfraces llegaban a los 1.500 millones, las decoraciones registraron los 2.500 millones de dólares y se vendieron 50 millones de dólares en las tarjetas de felicitación.
Después de la Navidad, Halloween es la celebración más rentable de la economía estadounidense.