Previsiones por el clima Tras conocer la presencia de La Niña en Bolivia, se supo también que muchas oficinas que tienen que ver con la prevención de riesgos a nivel nacional y regional aún están esperando informes oficiales o mayores datos para comenzar a movilizarse.
La presencia del fenómeno climatológico denominado La Niña ya se siente en el país. Cambios bruscos de temperatura y la existencia de estados climáticos extremos y en algunos casos contrarios a la estación son las señales: sequías, producto de la disminución de las precipitaciones por debajo de los promedios normales en los llanos orientales; y lluvias intensas por encima de lo normal, acompañadas de granizadas, alcanzarán los valles y el altiplano.
Expertos de cinco países reconocieron su impacto ya en la región oeste de Sudamérica y establecieron que la formación del fenómeno La Niña afectará a Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Bolivia. En el caso boliviano, la sequía es ya un fenómeno intenso que está afectando a por lo menos cuatro regiones en el oriente: municipios en el Beni, en Santa Cruz, y tanto en el Chaco tarijeño como chuquisaqueño. Mientras que las lluvias intensas comenzarán a llegar. Hace un par de días, la ciudad de La Paz fue sorprendida por una granizada y una intensa lluvia de algo más de 30 minutos que anegó varias calles neurálgicas de la sede de gobierno.
El impacto de La Niña es evidente, más cuando se conoció un reporte proveniente de Asunción, según EFE, que daba cuenta del nivel crítico en el que se encuentra el río Paraguay. La sequía provocó el descenso de su caudal, es decir que las aguas de ese afluente se hallan en su punto más crítico de navegabilidad. La situación provocó que se disminuya el 50 por ciento de capacidad de carga de las barcazas que transitan por él. Existen, dice la información, descensos de entre siete y ocho centímetros por día.
Este dato le toca al país debido a que el río Paraguay se conecta con otros afluentes por los que transita la carga boliviana de exportación, en particular la torta de soya y otros derivados. Los efectos del clima tienen su mayor impacto en la agricultura, la ganadería, y el sector productivo en general, y una vez impactados en ellos esto genera determinados niveles de inseguridad alimentaria que es la que directamente le llega a la población.
En este momento, ya existen señales de alerta sobre la sequía en los llanos orientales; las autoridades del sector en el Ejecutivo debieran estar tomando las medidas de prevención necesarias con el debido tiempo de anticipación. Si la prevención de riesgos se pondría en marcha, es probable que el efecto e impacto de los desastres naturales puedan ser disminuidos.
Tras conocer la presencia de La Niña en Bolivia, se supo también que muchas oficinas que tienen que ver con la prevención de riesgos a nivel nacional y regional aún están esperando informes oficiales o mayores datos para comenzar a movilizarse. Sería interesante que el letargo no atrape a las autoridades y que el clima no sorprenda a todos en proceso inicial de coordinación o sin plan. La naturaleza no perdona nunca, menos espera y los planes a la boliviana suelen estar siempre a último momento, cuando los desastres han afectado la vida del país y de sus habitantes. Que no suceda lo que pasó con El Niño, que su impacto fue severo y hasta ahora tiene secuelas que no están siendo reparadas del todo.
Las autoridades están llamadas a responder a los fenómenos climáticos con la prevención, antes que con el auxilio.