Las almas se abastecen y se van al más allá Al mediodía de hoy, los espíritus de los seres queridos se despiden hasta el próximo año. Los dolientes les ofrendan comida, bebida, rezos y cánticos para que nada les falte durante el viaje.
REZOS PARA EL ABUELO • Esta mesa fue preparada para esperar al alma de don Lucio Flores, un reconocido fotógrafo.
Cumpliendo con la tradición, al mediodía de este viernes la población despide a las almas de sus seres queridos. Los que ayer llegaron ya deben irse y para despacharlos, rezos, cánticos, música y comida son ofrecidos al difunto, primero en la casa y luego en los cementerios.
Los rituales comienzan al mediodía y usualmente se invita a los familiares y amistades cercanas del fallecido para levantar la mesa. El anfitrión organiza a la gente para rezar delante de la mesa; cada uno de los asistentes escogerá el alimento, bebida, fruta o dulce por el que elevará oraciones para el difunto, hasta que no exista nada en la mesa.
De acuerdo con las regiones las costumbres varían. En la ciudad de La Paz, según Cristina de Villarroel, el alimento debe ser “especial para la despedida“.
Los rezos son organizados por la persona mayor, ella dará los nombres de las almas al grupo de invitados. “Son tres padre nuestros y tres ave marías con sus respectivos glorias, que se encomiendan para cada difunto“, recibiendo luego los alimentos en pago, especifica Cristina.
En El Alto, la gente acostumbra, después de levantar la tumba, a sacudir el manto negro con el que se cubrió ésta y luego volcar la mesa. Entonces llega la hora de trasladarse al cementerio hasta la tumba del difunto, donde se volverá extender el manto negro y se colocará el pan con el que se invitará a nuevos rezos.
Así, cientos de personas se dan cita en los camposantos para rezar, sus oraciones son pagadas con alimentos. Un platillo es preparado por los familiares cercanos y la cantidad de pan ofrecida dependerá del número de rezos elevados para los difuntos.
Entre los responsos más solicitados por los dolientes está el Gloria Ángela, para los angelitos y Campanitas de Belén para los adultos. Las oraciones en aymara son las mejor pagadas, al igual que los conjuntos musicales que se presentan ante las tumbas.
En el sur del país, los tarijeños reciben las almas en el cementerio y allí las despiden. “Es como un velorio, donde familiares y allegados se trasladan al camposanto para acompañar al difunto“, cuenta Efraín Melgarejo.
Desde el 1 de noviembre se arregla el nicho, se limpia, refacciona e ilumina con foquitos. Cuando cae el sol, toda la familia se traslada al lugar para velar al muerto hasta el día siguiente. Allí se toma canelado (té, agua de canela y alcohol) y pijcha coca, se encienden velas hasta media mañana del día siguiente. Luego retornan a sus casas para preparar una comida especial e invitarla a los que acompañaron la velada, así agradecen su compañía y despiden a los espíritus.
En Cochabamba, tras levantar el mast’aku (la tumba) y volcar la mesa, hay una persona que se disfraza de difunto y “a veces el difunto no quiere irse, entonces a chicotazos lo llevan hasta el cementerio, desde la casa“, según Carlos Rocha. “El difunto se oculta, lo buscan, lo encuentran y tienen que llevarlo al cementerio”. Esta costumbre se mantiene en algunos sectores como Sacaba, La Maica, Colomi y Ch’ampa Rancho.
En el mundo andino, de acuerdo con el antropólogo Wilfredo Camacho, la fiesta de difuntos dura todo el mes.
Se llama aya marka quilla, “todos esos días se puede hacer mast’aku, los difuntos tienen todo un mes para compartir en la casa, en el campo y con el arado”.
Si son muy bien atendidos pueden retribuir la atención, dice. “Si les han hecho comer bien mandan bendiciones con lluvias para que hagan producir bien la tierra”, en la época de cosecha.
Estas costumbres están ligadas a calendarios agrícolas, pues es en el mes de noviembre que las lluvias llegan a diferentes regiones y de ellas depende la buena o mala producción.
“Si les han hecho comer bien (las almas) mandan bendiciones con lluvias para que hagan producir bien la tierra” (Camacho).
La tradición según cuatro regiones
Despedir a las almas es una costumbre que, según la región del país, tiene características que hacen de la fiesta de los difuntos diversa.
La Paz Cristina de Villarroel relata que para hoy se prepara una comida especial al mediodía. La familia y los amigos del difunto rezan en conjunto para levantar la mesa; lo hacen por cada uno de los seres que murieron. Luego la familia se traslada al cementerio y arma otra vez la mesa, ofreciendo panes a cambio de rezos y cantos. Se considera que aquellos que mejores oraciones ofrezcan y lo hagan en mayor cantidad, recibirán la mejor parte de los alimentos, las masitas y t’ant\'awawas elaboradas.
Beni La población de San Ignacio de Moxos, en el Beni, recibe y despide a las almas en la Catedral. Los dolientes llevan comida, bebidas, dulces y masaco (plátano molido con queso). Mientras el rezador dirige las oraciones, se cree que los difuntos se alimentan con las comidas hechas en su honor. Jóvenes y niños, que participan de las oraciones, están prohibidos de recibir las ofrendas. “Lo que las almas comen, no deben comer los niños, porque se vuelven locos”, reza una creencia del lugar. Enlared
Cochabamba Despedir al alma a chicotazos es una de las costumbres que aún permanecen en el área rural, explica Carlos Rocha. “El difunto fue tan bien recibido y tratado que no se quiere ir”, relata. Por ello una persona viste su ropa y se oculta para no ser encontrado. El resto de la gente lo busca, y a tiempo de recordarle que deber volver al cielo, con gritos y chicotazos la lleva hasta el cementerio. En otras comunidades, arman grandes escaleras que les sirvieron para bajar del cielo, y ahora se usan para subir.
Tarija En esta ciudad, la población no arma tumbas, sino que recibe y despide a sus difuntos en el cementerio. Para ello, arregla y adorna con velas y luces los nichos. El 1 de noviembre, la familia y amigos del difunto se trasladan al camposanto por la tarde, para realizar una vigilia, similar al velorio. Efraín Melgarejo narra que allí se beben canelados y se oyen cantos y la música que le gustaba al difunto. La gente pasa la noche en el lugar y al día siguiente, con un almuerzo en casa, agradece la compañía.